La Bestia Política

El Bestiario…Cuando el micrófono revela al personaje

¿Vaya! que vale la pena analizar el caso de la senadora morenista Ana Lilia Rivera Rivera, a quien ubican como la puntera en las encuestas para la gubernatura de Tlaxcala.

Y no se trata de hacer leña del árbol caído, pero si la narrativa manejada, la fallida contención de la crisis generada por ella misma.

En política, las palabras no se las lleva el viento; se archivan, se replican y regresan como boomerang. La reciente polémica protagonizada por la senadora es un caso de estudio sobre cómo un error de comunicación —mal gestionado— puede escalar a una crisis de reputación con costos reales.

El calificativo de “estúpidos” dirigido a quienes según ella desde aldeas de bots la cuestionaron, lejos de ser una frase desafortunada aislada, activó una reacción en cadena que hoy la coloca en el centro del debate público local y nacional. No por la agenda legislativa, sino por la forma.

El problema no fue únicamente el desliz verbal; fue la decisión posterior. En comunicación política, rectificar a tiempo es tan importante como el mensaje original. Rivera optó por sostener el dicho, defenderlo y reiterarlo, cerrando la puerta a una disculpa temprana que hubiese contenido el daño. Ese curso de acción amplificó la desaprobación, encendió a la opinión pública y polarizó a su seguidores y no seguidores.

En un contexto donde Morena enfrenta desgaste narrativo y escrutinio creciente, la senadora convirtió un tropiezo controlable en una crisis evitable.

No es la primera vez que un micrófono la traiciona. A finales de su periodo como presidenta de la Mesa Directiva del Senado, un audio captado por un micrófono abierto registró un insulto hacia una compañera legisladora. Aquel episodio, igualmente lamentable, tuvo una salida distinta: hubo disculpa, reconocimiento del error y cierre del ciclo. La comparación es inevitable y, para la ciudadanía, reveladora. ¿Fue entonces un descuido y ahora un patrón? La reiteración de errores sin corrección alimenta la percepción de estilo, no de accidente.

Desde el tablero político, el impacto es claro. Rivera figura entre los perfiles con mayor posicionamiento rumbo a 2027, en buena medida por el arrastre de la marca Morena. Pero las marcas también cobran factura cuando el comportamiento del vocero contradice los valores que dicen representar. En tiempos de polarización y hartazgo, la ciudadanía castiga la soberbia y exige templanza. La comunicación no es ornamento: es gobierno anticipado. Quien aspira a conducir un estado debe demostrar control del mensaje, respeto a la crítica y capacidad de rectificación.

La lección es tan antigua como vigente: el carácter se revela bajo presión. En política, no basta con tener plataforma; hay que saber habitarla. El micrófono no perdona, pero ofrece segundas oportunidades a quien entiende que liderar también es escuchar, corregir y aprender. La pregunta que queda en el aire no es si el error ocurrió —eso es un hecho—, sino si la senadora está dispuesta a ajustar el rumbo antes de que el costo sea estructural y no coyuntural.

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LA CAMINERA...Las lecciones….Y si bien, la senadora trae a su lado un equipo de comunicación y consultoria, quienes se dedican a esto, coinciden es que debería recuperar la humildad comunicativa como herramienta política. Reconocer el error aunque tarde no debilita, al contrario: humaniza y genera empatía.

En un entorno saturado de discursos rígidos y confrontativos, la capacidad de rectificar puede convertirse en un activo estratégico. La ciudadanía suele valorar más la honestidad que la perfección, y un gesto de disculpa sincera habría desactivado la polémica antes de que escalara.

La segunda sugerencia es construir un protocolo de comunicación de crisis que trascienda la improvisación. Rodearse de asesores capaces de anticipar escenarios, modular mensajes y ofrecer salidas rápidas es indispensable para quien aspira a gobernar.

La política moderna exige disciplina narrativa: cada palabra es un ladrillo en la percepción pública. Si Rivera logra transformar sus tropiezos en aprendizajes, podrá demostrar que la verdadera fortaleza no está en negar la crítica, sino en convertirla en oportunidad de crecimiento. Al tiempo.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…El ex cuñis desmemoriado…La memoria selectiva también es una forma de simulación política. Durante más de dos años guardó silencio. No sólo eso: aplaudió y celebró nombramientos. Hoy, de pronto, descubre el “lado malo” de lo que ayudó a construir. En eso de la parentela, el papelón es mayúsculo.

El diputado federal morenista Raymundo Vázquez decidió ahora sí levantar la voz para descalificar el nombramiento del Secretario de Gobierno, incluso después de modificar la Constitución local para abrirle la puerta a un secretario importado desde Morelos. Dos años después —cuando aparentan un divorcio y el desgaste ya es evidente, aparece la crítica tardía, cómoda y sin costo.

También “descubrió” la existencia de una legión extranjera incrustada en la administración pública, esa misma que no le incomodó mientras compartía mesa con ellos.

El problema no es la crítica. El problema es la amnesia. Porque callar cuando conviene y hablar cuando ya es seguro no es valentía política: es oportunismo. Y en un estado donde la narrativa oficial presume congruencia y lealtad, estos deslices exhiben que, detrás del discurso, muchos sólo reaccionan cuando el barco empieza a hacer agua… incluso si antes lo ayudaron a zarpar bajo la sombra de Lorena Cuéllar Cisneros.