La Bestia Política

El Bestiario…Tlaxcala…Cuando la política ya no inspira ni confianza

En memoria de Susana Fernández Ordóñez.

Gracias por abrir camino cuando formar periodistas era un acto de convicción.  Susana Fernández Ordóñez sembró las bases para nuevas generaciones de periodistas en Tlaxcala. Su legado vive en quienes hoy ejercen el oficio con responsabilidad y criterio.

En Tlaxcala, la política dejó de ser un proyecto colectivo para convertirse en una palabra incómoda. No lo dicen los opinadores de café ni los analistas de ocasión; lo dice la ciudadanía, con números fríos y demoledores.

Según la Encuesta de Percepción, Confianza y Credibilidad de los Partidos Políticos en Tlaxcala (enero de 2026) de la empresa Impulso Mercadológico, cuando a la gente se le pregunta con qué palabra asocia primero a la política local, el 55% responde “corrupción” o “mentira”, y otro 27% dice “conflicto” o “división”. Es decir, más de ocho de cada diez tlaxcaltecas no ven en la política ni esperanza ni solución, sino desgaste y simulación.

Lo verdaderamente alarmante es que la confianza en la democracia en Tlaxcala apenas alcanza 2.88 en una escala del 1 al 10. No es desconfianza —es desapego. Es la sensación de que el sistema ya no responde, ya no escucha y ya no cumple.

Cuando se les pregunta si los partidos representan los intereses ciudadanos, el 56.4% responde sin rodeos que no: que sólo representan sus propios intereses. Apenas un raquítico 8.14% cree que sí lo hacen de manera definitiva. El resto duda o no sabe qué pensar. En política, eso suele ser la antesala del rechazo total.

¿Y las promesas? Ese viejo ritual de campaña se ha vaciado de sentido. Más del 85% de los encuestados afirma que casi nunca o nunca cree en las promesas de los partidos. Sólo el 2.67% dice creerles siempre. El mensaje es claro: la palabra política perdió valor. Ya no es compromiso, es ruido.

Se observa aquí una mutación peligrosa: el ciudadano ya no distingue ideologías ni siglas. De hecho, el 12.6% afirma que “todos son iguales” cuando se le pregunta por el partido más corrupto, y los saldos de opinión muestran que la mayoría de las fuerzas políticas cargan con evaluaciones negativas profundas. La marca partidista dejó de ser identidad; ahora es lastre.

Paradójicamente, cuando se cuestiona qué podría devolver credibilidad a la política, la respuesta no apunta a discursos ni colores: el 52% dice que lo más importante es la trayectoria honesta del candidato. No el partido, no la ideología, no la narrativa. La persona. El individuo. La coherencia entre lo que dice y lo que hace.

Esa es la grieta por donde se escapa el sistema: los partidos se aferran a estructuras, cuotas y pactos; la ciudadanía exige ética, resultados y congruencia. Mientras uno habla en boletines, el otro responde con hartazgo.

En Tlaxcala, el problema ya no es quién va ganando la carrera rumbo a 2027. El verdadero dilema es si alguien logrará que la gente vuelva a creer que la política sirve para algo más que para repartirse el poder.

Porque cuando la democracia no inspira confianza, el monstruo no está afuera: ya vive dentro del sistema.

En los partidos políticos se empiezan a definir los nombres. En Morena parece que la lucha es de dos, entre Alfonso Sánchez García y Ana Lilia Rivera, con visos de rupturas entre ambos grupos por los odios y demonios desatados. Aun se mantienen en la lucha Oscar Flores y Luis Vargas, pero al final podrían decidir no entrar.

Por su parte, el PAN perfila a la diputada local Miriam Martínez Sánchez, con la premisa de un rostro nuevo y una campaña basada con el «Aqui Nadie se Raja, y en Movimiento Ciudadano aun no se define si irán con el Changuito Delfino Suárez, o entra a la contienda la coordinadora general Danae Figueroa. En el PRI la carta está echada y seguramente será la senadora Anabell Ávalos.

El resto de partidos esperan la definición de Morena para echar sus dados al aire.

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LA CAMINERA...Los retos….Los partidos en Tlaxcala enfrentan un desgaste que ya no admite maquillaje. Con más del 85% de ciudadanos que no creen en sus promesas y una confianza en la democracia de apenas 2.88/10, el reto es cumplir con hechos, no con slogans.

La percepción de que sólo se representan a sí mismos (56.4%) exige abrir canales reales de escucha y candidaturas con trayectorias limpias. La corrupción, primera asociación con la política, demanda transparencia y sanciones claras.

Los pleitos internos se traducen en rechazo externo; la falta de identidad partidaria revela oportunismo. El desafío no es ganar elecciones, sino merecerlas. Porque cuando la ciudadanía deja de creer.

La gente no cree en siglas: cree en personas con historial de honestidad. El reto es seleccionar candidaturas con biografías limpias y consistentes, aunque no provengan del círculo cómodo del partido. Blindar a cuadros impresentables hoy cuesta mañana.

En síntesis, el reto no es ganar la próxima elección, sino merecerla. En Tlaxcala, los partidos pueden seguir administrando el desgaste… o atreverse a cambiar. Al tiempo.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOSHueyotlipan: cuando la autoridad mira a otro lado, la tragedia entra…Dos personas murieron en una carrera de caballos clandestina y el Ayuntamiento de San Felipe Hueyotlipan pretende cerrar el tema con un comunicado. No alcanza.

El evento era público, anunciado y visible. No fue espontáneo, fue previsible. Y lo previsible se puede prevenir.

La ley no solo sanciona lo que se hace, también castiga lo que se deja de hacer. Cuando la autoridad sabe y no actúa, la omisión también mata.
No basta decir “no fue el Ayuntamiento”. Gobernar es prevenir, no deslindarse después.

Hueyotlipan no necesita comunicados: necesita autoridad.

Porque cuando el Estado falla, la violencia ocupa su lugar.

Parece que al alcalde Sóstenes Bedolla le quedó demasiado grande el cargo.