La Bestia Política

La Constitución y sus efectos reales en Tlaxcala: Ana Lilia Rivera Rivera

A 109 años de la promulgación de nuestra Constitución, vale la pena preguntarnos si este texto que nos rige desde 1917 sigue siendo útil para la vida diaria de las personas.

Desde mi experiencia en el Senado de la República, puedo afirmar con convicción que la Constitución está más viva que nunca, porque hoy se traduce en derechos, bienestar y justicia para millones de mexicanas y mexicanos, y de manera muy concreta, para las familias tlaxcaltecas.

En la actual Legislatura federal, hemos aprobado 22 reformas constitucionales y más de 50 reformas a leyes secundarias. No se trata de números fríos ni de cambios abstractos. Son decisiones que impactan directamente en la vida cotidiana: en el ingreso de los hogares, en el acceso a la salud, en el derecho a una vivienda digna, en la igualdad entre mujeres y hombres y en la defensa de nuestra soberanía como nación.

Para Tlaxcala, estas reformas tienen un significado especial. Que los Programas de Bienestar hoy estén reconocidos como derechos constitucionales da certeza a miles de familias tlaxcaltecas que antes vivían con la incertidumbre de si el apoyo continuaría o no. Que el derecho a una vivienda digna esté en la Constitución significa avanzar hacia mejores condiciones de vida para trabajadoras y trabajadores de nuestro estado, muchos de ellos históricamente olvidados.

También hemos impulsado reformas profundas, como la del Poder Judicial, necesaria para que la justicia deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho real para todas y todos. En Tlaxcala, como en todo el país, la gente exige tribunales más cercanos, más honestos y más sensibles a la realidad social. Esa exigencia ciudadana es la que ha guiado mi trabajo legislativo.

Un tema que toca fibras profundas en nuestro estado es la defensa del campo y de nuestras raíces. La reforma que protege los maíces nativos, prohíbe el maíz transgénico y fortalece la soberanía alimentaria no es un asunto ideológico: es una medida concreta para proteger a las y los productores tlaxcaltecas, nuestra cultura y nuestra alimentación. Defender el maíz es defender nuestra identidad.

Coincido plenamente con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, cuando afirma que la Constitución no es letra muerta, sino memoria y futuro. Hoy esa memoria histórica se expresa en la recuperación de la soberanía energética, en un Estado que vuelve a asumir su papel rector y en políticas públicas que ponen en el centro al pueblo, no a los privilegios.

También comparto la visión de la presidenta de la Mesa Directiva del Senado, Laura Itzel Castillo Juárez, cuando señala que el Poder Legislativo ha actuado como un auténtico Congreso Constituyente. No para imponer, sino para actualizar la Carta Magna conforme a las demandas reales de la sociedad.

Nada de esto sería posible sin escuchar a la gente. Mi trabajo como senadora tiene sentido porque nace del diálogo permanente con las y los tlaxcaltecas. A través de asambleas informativas en los municipios, he aprendido que legislar no es encerrarse en un escritorio, sino caminar el territorio, conocer los problemas y llevar al Senado la voz del pueblo.

Seguiré legislando con esa convicción: que cada reforma tenga rostro humano, que cada cambio legal se sienta en los hogares de Tlaxcala y que la Constitución siga siendo una herramienta viva para construir un país más justo, soberano y con bienestar para todas y para todos los tlaxcaltecas.

Senadora de la República por el Estado de Tlaxcala

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