*La democracia no puede ser un club privado donde unos cuantos reparten posiciones como patrimonio o herencia.
Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dio a conocer los principios de la esperada Reforma Electoral y, aunque me tocó estar enfermo, vi la mañanera desde casa, confieso que mi primera impresión es positiva y esperanzadora.
Hay señales claras de avance. Que las diputaciones plurinominales se definan por voto y no por listas cerradas de favores es un paso firme hacia la legitimidad.
Se mantiene la representación proporcional, pero se busca que lleguen quienes realmente obtuvieron respaldo ciudadano —los mejores perdedores por circunscripción— fortalece el principio democrático. Además, reconocer el voto de nuestras y nuestros migrantes amplía el concepto de nación más allá de las fronteras.
En el Senado, recuperar su esencia federalista y eliminar la lista nacional para volver a tres senadores por entidad —dos de mayoría y uno de primera minoría— devuelve equilibrio al pacto republicano. El federalismo no es retórica, es representación real de los estados.
Celebro también el fortalecimiento del control financiero mediante inteligencia del Estado. Sin embargo, el siguiente debate debe ser más profundo. Necesitamos separar de manera tajante el poder económico del poder político. Que nadie pueda “invertir” en una campaña esperando ganancias futuras. La política no es negocio, es servicio público.
En esta línea también se controlará la remuneración de las y los legisladores de los estados, que ganan más que la propia presidenta de la República.
Deberíamos avanzar también, en procesos de auditorías de los patrimonios de las personas servidoras públicas, hasta ahora se revisa solo a las instituciones; pero hay servidores públicos cuyo estilo de vida no corresponde con el ingreso que reportan. Ya no son suficientes las declaraciones patrimoniales.
Vamos bien. Habrá que revisar el texto completo el 2 de marzo y defender lo que amplíe la democracia y combata el privilegio.
Con afecto y convicción democrática para mi amable y único lector.
Homero Meneses Hernández
