Esta semana, una noticia acaparó los titulares, no sólo en Tlaxcala, también a nivel nacional: la detención de un líder criminal de alto impacto, presuntamente ligado a un cártel nacional. En apariencia, el hecho debería leerse como un éxito de las fuerzas de seguridad, sobre todo, después de la captura en Jalisco de “El Mencho” uno de los capos más buscados del mundo.
Sin embargo, hay un detalle cronológico que resulta imposible pasar por alto y que obliga a una reflexión más profunda: las declaraciones del titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), Martín Perea Marrufo, sobre que Tlaxcala es sólo un «lugar de paso para el crimen organizado», se dieron antes de que se conociera esta captura.
Este matiz temporal no es menor. Cambia por completo la lectura que podemos hacer de sus palabras y, sobre todo, pone a prueba la solidez del diagnóstico oficial sobre la incidencia del crimen organizado en la entidad.
En el marco del «Diálogo Circular», el funcionario estatal fue cuestionado por este medio sobre la posible operación de cárteles en territorio tlaxcalteca. Su respuesta fue clara: «Tlaxcala, digamos que no es una isla. Hay incursiones que hace la delincuencia organizada que está posicionada en otros estados».
Perea Marrufo explicó entonces que la entidad representa un punto estratégico debido a su ubicación geográfica. «Tlaxcala es un estado que es muy importante porque es un nodo, todo converge hacia Tlaxcala, lo que viene del oriente, lo que viene del norte, lo que viene del sur de la Ciudad de México», detalló.
El secretario reconoció también la existencia de grupos delictivos locales que buscan establecer vínculos con organizaciones criminales de mayor escala. «Hay bandas locales que intentan hacer un acercamiento con ellos, ¿por qué? porque esa es la tendencia de los cárteles, tratar de meterse a los estados», afirmó.
Fue ante la pregunta específica sobre si estos grupos operan de manera permanente o solo están de paso que el secretario sentenció: «Digamos que sí, vienen de paso». Aunque inmediatamente matizó: existe «un intento de las bandas locales de integración o interacción con estas personas de la delincuencia organizada».
Y entonces llegó la noticia de la captura. Un líder de alto impacto, presuntamente ligado a un cártel nacional, fue detenido en Tlaxcala.
Surge entonces la pregunta obligada: ¿puede seguir sosteniéndose, después de este hecho, que los cárteles solo «vienen de paso»?.
La lógica elemental sugiere que si un líder criminal es aprehendido en Tlaxcala, es porque tenía razones de peso para estar aquí. Difícilmente un mando de esta envergadura se juega el pellejo en un lugar por el que simplemente «va de paso». O estaba coordinando operaciones, o supervisando rutas, o estableciendo alianzas con esas «bandas locales» que el propio secretario mencionó. En cualquiera de los casos, su presencia desmiente la noción de un tránsito meramente circunstancial.
Lo más valioso de las declaraciones del secretario Perea Marrufo, vistas ahora con la perspectiva que da la captura, es la admisión de que existen «bandas locales que intentan hacer un acercamiento» con los grandes cárteles. Este es el verdadero foco rojo, independientemente de si los grandes capos están de paso o asentados.
Cuando un grupo de la región busca integrarse o interactuar con un cártel nacional , cuyos vehículos fueron asegurados en Tepeyanco hace aproximadamente un mes—, el fenómeno deja de ser un simple tránsito. Se convierte en un proceso de arraigo. La delincuencia organizada no necesita un cuartel general visible para tener una «presencia permanente»; le basta con una red de colaboradores, halcones y distribuidores locales para operar y sentar sus reales.
Y si un líder de alto impacto es detenido en el estado, es muy probable que esa red ya esté en proceso de consolidación, o al menos en fase de exploración avanzada.
El funcionario atribuyó las acciones preventivas a las instrucciones de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros a través de la Mesa de Construcción de la Paz. «Siempre estamos al pendiente de cualquier actividad y obviamente estamos en coordinación con la federación, intercambiando información y realizando operativos», puntualizó.
Perea Marrufo aseguró que cuando se detectan «focos o algún indicio» de presencia de grupos delincuenciales, se implementan acciones inmediatas para evitar su asentamiento definitivo en la entidad, lo que calificó como la principal estrategia para mantener a Tlaxcala como «un lugar de paz».
La captura de este líder criminal podría leerse, desde esta perspectiva, como el resultado de esa estrategia de monitoreo y coordinación. Sin embargo, también obliga a preguntarse: si el diagnóstico era que solo «vienen de paso», ¿no se estará subestimando la capacidad de estas organizaciones para infiltrarse y operar en el estado?
Decir que los cárteles «vienen de paso» puede ser cierto para la mayoría de los casos, pero cuando se captura a un líder de alto impacto dentro de la entidad, la excepción se vuelve demasiado ruidosa como para ignorarla.
El riesgo no está en lo dicho por el secretario, sino en la tentación de usar el «lugar de paso» como un eslogan que minimice la complejidad del fenómeno. Mantener a Tlaxcala como «un lugar de paz» no se logra solo con operativos de reacción, por exitosos que sean. Se logra admitiendo que el «nodo» de convergencia es un punto vulnerable y que la verdadera estrategia no puede limitarse a esperar que pasen de largo, sino a desarticular las redes locales que les tienden la alfombra para que, si vienen, no tengan donde quedarse.
La captura de esta semana es una buena noticia. Pero el verdadero desafío será sostener en el tiempo la inteligencia y la coordinación necesarias para que Tlaxcala no se convierta, de «lugar de paso», en un lugar de destino para quienes siembran violencia. Y, sobre todo, para que los diagnósticos oficiales estén a la altura de la realidad que después, con operativos exitosos, se termina confirmando, se lo digo así, sin maquillaje, ni retoques.
