En vísperas del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, comienzan los discursos. Los foros. Los homenajes. Las fotografías oficiales. Todos los políticos inundan sus redes con imágenes y mensajes vibrantes.
Las autoridades hablan de avances, de compromisos y de instituciones que aseguran están para proteger a las mujeres.
Pero la realidad suele contarse en otra parte.
Lupita N —nombre ficticio, 17 años— fue agredida por su pareja, también menor de edad. Hace apenas unos días pudo perder la vida. Él la amenazó de muerte a ella y a su familia. Y pasó a los hechos, a punto estuvo de asfixiarla.
Confiando en lo que dicen las autoridades, acudió al Centro de Justicia para las Mujeres para denunciar y exigir justicia.
Era fin de semana. Entre la falta de personal, las guardias y hasta el cumpleaños de quien estaba de turno, la atención simplemente no llegó. Lupita pasó horas esperando. Nadie la atendió.
Volvió el lunes. Pero para entonces los casos del fin de semana ya se habían acumulado. Diez horas más de espera.
Cuando finalmente parecía que algo avanzaba, apareció otro obstáculo. En el mismo Centro de Justicia, ese lugar donde las mujeres deberían sentirse protegidas, le entregaron un documento para ser atendida en un hospital de la Secretaría de Salud.
El oficio iba dirigido al director del hospital. Pero —para Ripley— ese director dejó el cargo hace tres años. Nadie en el Centro lo sabía. O nadie se tomó la molestia de actualizar la información.
Resultado: Lupita no fue atendida.
Para la burocracia puede ser un error menor. Para una joven de 17 años que acaba de sobrevivir a una agresión, es simplemente otro abandono institucional.
Todo esto ocurre mientras las autoridades afinan discursos para conmemorar el 8 de marzo.
Por eso la pregunta no es menor: ¿Dónde está la fiscal Ernestina Carro Roldán?
Porque mientras desde las oficinas se habla de protección, en los hechos una menor violentada pasa horas esperando atención, recibe documentos mal hechos y termina rebotando entre instituciones que no funcionan.
La distancia entre el discurso y la realidad no es un detalle administrativo. Es el tamaño del abandono. Y en esa distancia, hoy, está atrapada Lupita.
La fiscal Ernestina Carro Roldán no puede seguir escondida detrás de discursos y fotografías oficiales. No puede hablar de justicia para las mujeres mientras en su propia dependencia se acumulan expedientes, se firman oficios obsoletos y se deja esperando a una adolescente que acaba de sobrevivir a la violencia.
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LA CAMINERA…Violencia…La violencia volvió a sacudir el centro de Calpulalpan cuando dos presuntos huachicoleros fueron ejecutados a balazos dentro y fuera del bar Nakotas Drinks. El ataque ocurrió a plena
luz del día, generando pánico entre vecinos y una fuerte movilización policial que, como en muchos otros casos, hasta ahora no ha dejado detenidos. El episodio vuelve a exhibir la presencia de redes delictivas
ligadas al huachicoleo y robo al transporte en la región, así como la persistente incapacidad para contener una violencia que ya se volvió cotidiana en Tlaxcala.
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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS...¿Diálogos o no?Los llamados “diálogos circulares” del gobierno de Tlaxcala, que en teoría buscaban abrir espacios de comunicación con la ciudadanía, hoy parecen perder sentido incluso dentro del propio aparato gubernamental.
Ahora resulta que desde la Secretaría de Gobierno ya se sugiere cancelarlos, comentario que según trascendió surgió en una mesa de seguridad. La pregunta inevitable es si realmente dejaron de servir… o si simplemente algunos funcionarios ya no encontraron en ellos el protagonismo político que esperaban.
¿Sabrá algo el secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez?
