Guillermo Pérez// En política, hay derrotas que se administran… y hay derrotas que te exhiben. Lo ocurrido en la elección de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Ocotlán (CAPAO) pertenece a la segunda categoría: un episodio local que terminó convirtiéndose en un termómetro político con implicaciones estatales.
La contienda no era menor. Más allá de la administración del agua, la CAPAO representa control territorial, operación política y manejo de recursos. Por eso, lo que se vivió en Ocotlán fue leído por actores locales como un auténtico “referéndum” al grupo en el poder municipal. Y el resultado fue contundente: el proyecto impulsado desde el entorno del alcalde Alfonso Sánchez García fue derrotado en las urnas comunitarias.
No se trató solo de perder. Fue una derrota después de intentar incidir en el proceso, tras la anulación previa de la elección de 2024 y la reposición en 2026, en medio de acusaciones de operación política y disputas por el control del organismo. Esa combinación —intervención, reposición y derrota— es lo que políticamente se traduce en riesgo político.
El golpe narrativo
El problema para Alfonso Sánchez no es la CAPAO en sí. Es lo que simboliza.
Su discurso se ha construido sobre la idea de control político y territorio. Incluso, su administración ha sido proyectada como un gobierno con presencia en las calles. Sin embargo, la elección demostró lo contrario: cuando la ciudadanía vota libremente, el músculo político no alcanza.
Y en política, la narrativa pesa. Si no puedes ganar en una comunidad donde operas directamente, ¿cómo sostener una aspiración estatal?
Un patrón de derrotas
La elección de la CAPAO no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia.
Alfonso Sánchez ya había enfrentado un revés significativo: su aspiración al Senado no prosperó, a pesar de los intentos de posicionamiento dentro de su grupo político. Ese antecedente, sumado al resultado en Ocotlán, empieza a dibujar un patrón preocupante: dificultad para traducir estructura en votos.
En términos estratégicos, esto revela un proyecto político volátil. Mucho control institucional, pero poca legitimidad electoral efectiva.
El factor Morena y el riesgo sistémico
El impacto no se queda en lo personal. También alcanza a Morena.
En un estado gobernado por ese partido, donde la sucesión de 2027 será clave para la continuidad del proyecto, perfiles débiles o cuestionados representan un riesgo mayor. La incapacidad de ganar elecciones locales en territorio propio prende alertas: no es solo un problema de candidato, es un problema de viabilidad electoral.
Más aún cuando comienzan a romperse posibles alianzas. El distanciamiento del Partido Verde —históricamente aliado estratégico— refuerza la percepción de que la eventual candidatura del alcalde capitalino trae gritas irreconciliables que hacen más profunda la fractura que hay en Morena y sus históricos aliados. Y en política, dividir en tiempos de sucesión es perder antes de competir.
El mensaje de Ocotlán
Ocotlán habló. Y lo hizo con claridad.
Lo que ocurrió en la CAPAO fue más que una elección comunitaria: fue un mensaje político directo. La ciudadanía no solo rechazó a un candidato, sino a una forma de hacer política basada en la imposición, la operación y el control.
Epílogo: la gubernatura en duda
En política, la antesala del poder es la credibilidad. Y hoy, esa credibilidad está fracturada.
Porque si no se puede ganar en lo pequeño, difícilmente se podrá en la lo grande. Y si el proyecto no genera consenso, sino resistencias, entonces no es una opción de continuidad, sino un riesgo electoral.
