SOCIOLOGANTE
Dra. Elsa Martínez Flores
Una joven productora de historias digitales ilustradas diseñadas para leerse en el teléfono móvil, conocidas como webtoons decide no volver a involucrarse emocionalmente después de una ruptura amorosa. No es falta de deseo, sino evitar el riesgo de volver a sufrir.
En este contexto, y como parte de su trabajo, recibe un encargo peculiar: probar un servicio llamado “novio por suscripción” (Boyfriend on Demand). El mecanismo es simple y perturbador a la vez: colocarse un dispositivo, iniciar sesión y dejarse llevar por un sistema que la induce al sueño, donde conoce distintos prospectos.
Al despertar, vivió una relación, compañía, atención y cercanía. Todo sin haber estado realmente con alguien. La experiencia la desconcierta. No solo por lo real que parece, sino porque funciona: llena un vacío sin exigirle nada a cambio.
Es entonces cuando lanza una acusación directa: “ustedes explotan la soledad moderna”. Pero hay una paradoja. Cree que así evita involucrarse, cuando en realidad ocurre lo contrario: siente, se emociona y se vincula.
Aunque el entorno sea digital, la experiencia afectiva es real. No evitó el amor. Solo lo trasladó a un espacio donde no puede ser correspondido de forma real. La serie coreana, disponible en Netflix, plantea un escenario que, aunque parece futurista, probablemente en algunos años, se geste de esta manera. La tecnología avanza de forma rápida y en Corea el futuro ya no es ficción: es un modelo de negocio en construcción.
Sin embargo, actualmente, con herramientas mucho más rudimentarias, ya se monetizan emociones: aplicaciones de citas, inteligencias artificiales y entornos virtuales que ofrecen compañía y validación. Como advierte Shoshana Zuboff (2020, edición en español), el capitalismo contemporáneo ya no solo registra emociones: las diseña. Y convierte la soledad en un recurso rentable.
Si hoy, con sistemas limitados, ya es posible generar apego y dependencia, el escenario que plantea la serie no resulta lejano. La pregunta no es si llegará, sino bajo qué principios. Porque si el punto de partida es un mercado que explota la vulnerabilidad emocional, el riesgo es claro: que las relaciones humanas sean sustituidas por versiones más cómodas.
En ese proceso, el otro deja de ser un sujeto para convertirse en una experiencia diseñada para evitar el sufrimiento. Tal vez por eso la crítica de la protagonista resulta tan precisa. No estamos ante una solución a la soledad, es su versión más cómoda. Se siente sin arriesgar, se ama sin el otro. Y en el camino, se nos olvida cómo relacionarnos de verdad.
