En Tlaxcala apareció un fenómeno curioso: hay bardas, hay nombres, hay apellidos en algunos casos, hay consignas, hay posicionamiento… pero no hay responsables.
El Instituto Tlaxcalteca de Elecciones decidió dejar sin efecto las medidas cautelares contra la senadora Ana Lilia Rivera y el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García, y con ello inauguró una nueva categoría política: propaganda huérfana.
La sesión extraordinaria fue todo menos extraordinaria. Denuncias ciudadanas, quejas partidistas, investigaciones, recorridos, conteos de bardas, lonas y espectaculares… y al final, la conclusión fue que nadie sabe quién pintó, quién pagó o quién promovió.
Eso sí: las frases “Es ella” y “Va con él”, reproducidas de manera masiva, resultaron ser —según la lógica institucional— simples expresiones espontáneas del cariño ciudadano.
El debate exhibió la división del órgano electoral: unos consejeros advirtieron que la difusión sistemática no parece casual y que sí configura un posicionamiento anticipado; otros optaron por la prudencia jurídica y la defensa de la libertad de expresión.
Empate técnico, empate político… y el voto de calidad del presidente inclinó la balanza. Las bardas y los espectaculares ganaron.
Paradójicamente, el propio instituto documentó más de un centenar de pintas, espectaculares y lonas distribuidas en distintos municipios. Hay evidencia de presencia territorial, repetición del mensaje y coincidencia de colores políticos, pero no hay autoría.
Es decir: el mensaje existe, el impacto existe, el beneficio político también, pero la responsabilidad se disuelve.
La solución fue salomónica: que los señalados se deslinden públicamente y que el partido exhorte a su militancia a no hacer lo que nadie pudo demostrar que hizo.
Un llamado al aire para una promoción que, oficialmente, tampoco tiene dueño, pero si tuvo efectos.
Así, el ITE reconoce el posicionamiento, pero no ordena retirarlo. Observa la propaganda, pero la deja intacta. Advierte el riesgo electoral, pero decide esperar. Mientras tanto, las bardas siguen hablando, los nombres siguen circulando y la contienda se sigue calentando… sin que nadie haya prendido el fuego.
Ya quedó claro: en Tlaxcala la campaña simplemente aparece y nadie la hizo.
El presidente dijo algo cierto. No hay pruebas que evidencien la responsabilidad de Alfonso Sánchez García y Ana Lilia Rivera y no pueden hacer más allá que lo la ley permite y que sería derrumbada muy fácil en las impugnaciones, pero queda oliendo un tufo de impunidad y burla de los políticos de Morena.
Pero esto no es nuevo desde la precampaña de la elección presidencial se vivió el fenómeno de las corcholatas que invadieron el país con bardas y lo mismo hicieron los otros partidos políticos.
Veremos en que queda la investigación para resolver el caso, la cual sigue abierta.
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La CAMINERA…Que comiencen los juegos del hambre…Los números son claros.. La autoridad electoral constató 104 bardas existentes en toda la entidad, seis lonas y siete espectaculares adjudicadas a Alfonso Sánchez García.
94 bardas no fueron localizadas.
41 bardas fueron identificadas en 34 municipios de la entidad con la leyenda es ella; sin embargo, no fueron establecidas medidas cautelares, al no establecer beneficiario directo de la promoción.
Es decir nadie las borrará y se quedarán como reflejo fiel de la batalla de los dos principales aspirantes de Morena a la gubernatura.
¿Qué sigue?
Cualquiera podrá colocar bardas y espectaculares, y nadie les podrá decir nada y bastará hacerse como el Tío Lolo.
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AHORA SI, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…Precedente… La impunidad con que se operaron las bardas y espectaculares sienta un precedente peligroso en Tlaxcala y que el árbitro está atado de manos y sin dientes.
La pelota se queda en terreno del poder legislativo y que la Comisión de Asuntos Electorales ojalá, se ponga las pilas e impulse una reforma de gran calado.
El mal sabor de boca entre los tlaxcaltecas permanecerá por mucho tiempo.
Será tiempo también de los partidos políticos para ubicar sus posturas sobre el tema y los cómos, en lugar de su verborrea tradicional. Al tiempo.
