Por Elsa Cordero Martínez | En nuestro país todos aquellos espacios, decisiones, acciones, que trastoquen los derechos de las infancias ameritan tener como punto de partida su interés superior, esto significa que es prioritario su bienestar, protección y desarrollo y por ningun motivo correr riesgo alguno respecto su seguridad y estabilidad. Se visibilizan ya como titulares de derechos, no se sujetan únicamente a la visión de las personas adultas, se atiende el impacto de todo aquello que pueda afectarles en todas las esferas de su vida. Es decir, las niñas, los niños y adolescentes tienen una protección especial e integral.
Las niñas mexicanas cuentan con un marco jurídico reforzado para atender la violencia por razones de género, leyes que obligan la incorporación de las perspectivas de género y de las infancias, acciones afirmativas para protegerlas y empoderarlas, programas y políticas para asegurarles un futuro en el que su condición de mujeres no sea un obstáculo, ni una justificación para enfrentar violencias estructurales normalizadas.
La niñez es una etapa que debería ser de felicidad, cuidado y formación. Especialistas de diversas áreas de la salud explican como lo que se vive en la infancia nos define e impacta el resto de la vida, por eso hoy en sociedades evolucionadas, con más conocimientos, asegurar que nuestras niñas y niños vivan vidas seguras y plenas debería ser nuestra prioridad.
Las madres, padres y personas que tienen a su cuidado infancias, tienen en sus manos la posibilidad de generar contextos de amor y bienestar y no de malestares que auguren un futuro de fustración y sufrimiento.
En México hay más de 38 millones de niñas, niños y adolescentes, el 63% sufre agresiones físicas y psicológicas como parte de su “formación”, una tradición que se reproduce por desfortuna al normalizarse la violencia para “educar,” lo que incluso cuando se presenta en los primeros años de vida, al estar el cerebro en crecimiento, ante la violencia y el abuso, se inhibe la capacidad empática, que causa una trasformación.
Mucho tenemos que aprender madres, padres, abuelas, abuelos, personas cuidadoras sobre la forma como corregir y educar a las niñas y niños, por que lo que por generaciones vivimos normalizando golpes y gritos, con el afán de educar y corregir no es otra cosa que violencia física y psicológica normalizada.
Las autoridades que propician festejos infantiles para el 30 de abril, deben replantearse de forma seria la posibilidad de que en sus ámbitos de respectivas competencias, además de festejarles, refuercen sus obligaciones con una verdadera perspectiva de infancia. Niñas y niños agradecerán más políticas públicas, leyes, espacios de atención, medicamentos, programas , etc. que les protejan y beneficien siempre, que solo un par de pelotas, dulces y discursos un día al año.
A nuestro país se le reconoce en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres y las niñas, por que se han registrado avances importantes en el fortalecimiento de su marco jurídico, la consolidación de la institucionalidad de género, el incremento de recursos etiquetados para la igualdad sustantiva y por acciones afirmativas e incorporado la perspectiva de género en políticas públicas y presupuestos. Pero se ha advertido que la aplicación sistemática de estas medidas continúa siendo un desafío para lograr un impacto sostenido. Esto por que pese a los avances siguen presentes brechas históricas y nudos estructurales de la desigualdad que requieren ser abordados para alcanzar la igualdad sustantiva y garantizar la autonomía plena de las mujeres y las niñas. Se reconoce como obstáculo la persistencia de la división sexual del trabajo, que asigna de manera desigual las responsabilidades productivas y reproductivas entre mujeres y hombres.
Los retos que tiene nuestro país y que ameritan tener una visión prioritaria hacia las niñas son entre otros: la feminización de la vejez, la diversificación social, cultural y lingüística, pobreza y desigualdad y la intersección entre envejecimiento, género y discapacidad, así como la violecia de género. Que por desfortuna impacta más entre quien es más vulnerable.
Queremos cotidiano. Niñas mexicanas que vivan su infancia y adolescencia seguras y plenas, con padres y madres presentes, que las eduquen en respeto, sin reproducir esquemas que normalizaban violencia física y psicológica. Con autoridades que comprendan que no hay mejor forma de festejarlas que haciendo todo lo necesario para proteger sus derechos y siempre teniendo como prioridad su interés superior. Eso lo queremos cotidiano.
