Hay momentos en política donde los discursos dicen una cosa, pero las fotografías cuentan otra muy distinta.
El domingo fue uno de esos días. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum rendía su informe por los dos años de su triunfo electoral, en Tlaxcala ocurrió algo que, para quien quiera verlo, marca con claridad la disputa por la gubernatura de 2027.
La batalla ya no es silenciosa.
La lucha parece ya no es de cinco ni de seis.
La pelea, por lo menos hoy es de dos.
Por un lado, la gobernadora Lorena Cuéllar reunió a miles de personas en la Plaza de la Constitución. Más de 12 mil asistentes, según las cifras oficiales. Ahí no solamente apareció la estructura gubernamental; también quedó claro quién fue el personaje más visible dentro del evento: Alfonso Sánchez García.
El alcalde capitalino no estuvo escondido entre el público ni relegado a una segunda fila. Fue parte central de la fotografía política. Lorena Cuéllar prácticamente lo llevó de la mano entre miles de asistentes, lo colocó en el centro de las fotografías y de las selfies. Para quien todavía tenga dudas, el mensaje es evidente: es su apuesta política.
Y en política, las fotografías nunca son casualidad.
Cuando una gobernadora coloca a alguien en el escaparate, cuando lo hace visible frente a miles de personas y cuando permite que la estructura lo arrope públicamente, el mensaje suele ser bastante simple: aquí está uno de los míos.
Mientras eso ocurría en la capital, del otro lado del estado, Ana Lilia Rivera movía sus propias piezas, fuera del escenario de la estructura lorenista.
La senadora encabezó una asamblea informativa en Zacatelco para seguir el mensaje presidencial, reunió a simpatizantes y, sobre todo, aprovechó el momento para anunciar que iniciará una gira por las comunidades de Tlaxcala y llamar a la unidad.
Traducido al español político: va a recorrer el estado, algo que ya hace desde hace tiempo.
Lo interesante es que ambas escenas ocurrieron el mismo día, bajo el mismo pretexto y con la misma figura de referencia: Claudia Sheinbaum.
Pero mientras una mostró músculo institucional, la otra trató de mostrar organización territorial.
Lorena exhibió estructura.
Ana Lilia exhibió operación política.
Alfonso representa la continuidad del proyecto lorenista.
Ana Lilia representa una corriente propia dentro de Morena que nunca ha terminado de mezclarse con el grupo gobernante, al que en distintos momentos ha acusado de permitir que una élite política gobierne Tlaxcala bajo las siglas de Morena.
Son dos visiones distintas.
Dos estilos distintos.
Dos formas de entender el poder.
Por eso cada evento, cada gira, cada fotografía y cada discurso comenzarán a analizarse con lupa.
Porque ya no se trata de acompañar a la presidenta.
Se trata de demostrar quién tiene más capacidad de movilización.
Quién tiene más territorio.
Quién tiene más estructura.
Quién puede presumir más lealtades.
Y quién llegará más fuerte cuando Morena tenga que tomar la decisión.
Lo que resulta curioso es el silencio de los demás.
Y mientras algunos siguen esperando señales desde la Ciudad de México, estos dos ya están construyendo las propias.
Dicen que todavía falta mucho para 2027.
Tal vez.
Pero cuando los aspirantes comienzan a recorrer el estado, cuando las estructuras empiezan a acomodarse y cuando las fotografías se vuelven mensajes políticos, significa que la campaña ya está en marcha.
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LA CAMINERA…El campo de batalla. Aunque nadie quiera admitirlo, las encuestas ya comenzaron a convertirse en el nuevo campo de batalla rumbo a 2027. Y aunque faltan meses para que Morena defina candidatura, el mensaje que dejó Rodrigo Galván de las Heras en Sin Anestesia fue contundente: Morena sigue siendo ampliamente favorito para retener la gubernatura, pero la verdadera competencia está dentro del propio partido.
Según sus mediciones, la disputa hoy tiene nombre y apellido: Alfonso Sánchez García y Ana Lilia Rivera. El alcalde capitalino aparece con una tendencia de crecimiento sostenida, mientras que la senadora parece haber perdido terreno tras reducir su presencia pública.
Porque mientras la oposición sigue buscando perfiles competitivos, en Morena ya están peleando por la candidatura. Y a juzgar por las mediciones, esa batalla apenas comienza.
Las encuestas no deciden elecciones, pero sí marcan tendencias. Más que definir ganadores, permiten observar quién crece, quién se estanca y quién logra conectar mejor con distintos sectores del electorado.
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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…Fortalezas y debilidades…Lo verdaderamente interesante de las encuestas ya no es quién aparece arriba o abajo, sino entender por qué.
Alfonso Sánchez y Ana Lilia Rivera representan fortalezas muy distintas dentro de Morena. Alfonso ha logrado crecer en conocimiento público, presencia mediática y posicionamiento. Su ventaja está en la visibilidad, la cercanía con la estructura gubernamental y una narrativa de continuidad que hoy parece rentable.
Ana Lilia, por su parte, mantiene una fortaleza que pocas veces reflejan completamente las encuestas: el trabajo territorial. Su nombre sigue teniendo peso en municipios, comunidades y sectores de Morena que la identifican como una figura con trayectoria propia y autonomía política.
Pero ambos también tienen debilidades. Alfonso todavía enfrenta el reto de demostrar que su popularidad puede extenderse más allá de la capital y de las zonas urbanas. Ana Lilia, en cambio, necesita recuperar presencia pública y volver a ocupar espacios que permitan conectar con nuevas generaciones de electores.
La pregunta no es quién va ganando hoy. La pregunta es quién será capaz de crecer donde hoy es más débil. Porque las elecciones no las gana quien tiene menos negativos o más reflectores, sino quien logra ampliar su base de apoyo.
Las fortalezas explican el presente, pero las debilidades suelen definir el futuro.
Porque en esta carrera ya no parece que vaya a ganar quien corra más rápido.
Todo indica que ganará quien tropiece menos, y en eso ambos personajes suelen sorprendernos y le darían chance a una tercera vía.
Por lo pronto, la gober ya hizo su chamba, colocar al edil en zona de competencia. «Haiga como haiga sido».
Del otro lado, un ex gobernador puja por mantener a la senadora en zona de confort, o pensar en un plan B, dirigido al EDOMEX.
