El 23 de junio de 2026 quedará grabado como un parteaguas en la historia reciente de Tlaxcala. No solo por la resolución del Tribunal Electoral de la entidad, sino porque se reivindicó un principio fundamental: el periodismo no es un delito, y la verdad no se oculta con un acuerdo administrativo.
El Tribunal Electoral de Tlaxcala, al revocar las medidas cautelares que el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) impuso contra nuestro medio, La Bestia Política, no solo hizo justicia en un expediente. Mandó un mensaje claro a todas las autoridades: la libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones, son pilares de la democracia que deben protegerse, incluso —y especialmente— cuando incomodan al poder.
Pero no nos engañemos. Esta victoria no borra el agravio sufrido, ni la cicatriz que deja el intento de silenciar a la prensa. El 29 de abril de 2026, el presidente del ITE, Emmanuel Ávila González, nos recibió con un discurso que reconocía el valor de nuestra labor periodística, mientras al mismo tiempo nos obligaba a retirar un video que formaba parte de una denuncia ciudadana. «Acatamos, pero no aceptamos», escribí en mi columna sobre el caso. Esa frase resume el espíritu de quien sabe que la censura, aunque se revista de legalidad, siempre será una afrenta a la verdad.
El caso es paradigmático por su absurdo. Una publicación que documentaba a servidores públicos del Cobat utilizando instalaciones oficiales para proselitismo político, se convirtió en el objeto de la sanción, mientras que los verdaderos infractores quedaban en la impunidad. El ITE, en su afán por «atajar la intencionalidad» de un funcionario, decidió dispararle al mensajero.
El argumento era débil, y el Tribunal lo entendió. Las medidas cautelares no pueden ser el mecanismo para censurar lo que incomoda. Como bien lo estableció la magistrada presidenta Esther Terova Cote, las restricciones a contenidos informativos deben ser excepcionales y estar sustentadas en evidencia clara. ¿Dónde estaba esa evidencia en nuestro caso? No existía. Porque lo que publicamos no era propaganda; era ejercicio periodístico. Era la voz crítica que la sociedad necesita para saber qué hacen con sus impuestos y su voto.
La resolución del TET retoma la esencia de la Jurisprudencia 15/2018 del TEPJF, que exige una «verificación reforzada» antes de censurar. Esa jurisprudencia no es un simple adorno legal; es un escudo para evitar que el poder se convierta en juez y parte de lo que se dice de él. El ITE falló al no acreditar que actuamos fuera del ejercicio genuino del periodismo. No hubo simulación, ni pago encubierto, ni parcialidad. Solo hubo un hecho y la decisión de informar a la ciudadanía.
Hoy, el Tribunal corrige el rumbo. Pero la lección no puede quedar en el papel. Este caso debe servir para que ninguna otra autoridad electoral en el país confunda la denuncia con la infracción. El periodismo no genera la irregularidad que documenta; la expone para que sea erradicada.
¿Y ahora qué sigue?
Con esta resolución, La Bestia Política refrenda su compromiso con la verdad. No tenemos miedo. No vamos a doblar la mano. Pero este triunfo nos obliga a mantener la guardia en alto. La censura es un virus que muta; a veces se presenta como una medida cautelar, otras como un exhorto, y siempre busca el mismo fin: intimidar.
Los medios tlaxcaltecas, respaldados por la UPET y el COMECOT, hemos demostrado que unidos somos más fuertes. La sociedad necesita saber que el periodismo de denuncia tiene un costo, pero también tiene una recompensa: la construcción de una democracia más sólida y transparente.
El ITE tuvo su oportunidad y la desperdició. El Tribunal nos la devolvió. Ahora, la pelota está en la cancha de la historia. Que quede claro para siempre: en Tlaxcala, el periodismo no se arrodilla. Acatamos las leyes, pero no aceptamos la injusticia. Y mientras haya irregularidades que denunciar, aquí estará La Bestia Política para contar la historia que otros quieren ocultar.
La libertad de prensa no se negocia. Hoy lo demostramos, lo digo así, sin maquillaje, ni retoques.
