La Bestia Política

El Bestiario… ¿Gobernar hasta el final o elegir sucesor en Tlaxcala?

A poco más de un año de concluir su administración, Lorena Cuéllar Cisneros decidió pronunciar una de esas frases que, en política, difícilmente pueden considerarse inocentes: quiere que llegue al Gobierno del Estado alguien con “amor y compromiso por Tlaxcala” y que dé continuidad a lo realizado durante su gestión.

Hasta ahí podría tratarse del deseo natural de cualquier gobernante por preservar aquello que considera positivo de su administración. El problema aparece cuando la mandataria asegura que ha decidido “involucrarse en este proceso”, habla frente a trabajadores de dependencias estatales, denuncia supuestas presiones políticas contra empleados del sector Salud y, al mismo tiempo, pide garantizar la permanencia del proyecto de la Cuarta Transformación.

La pregunta, entonces, deja de ser exagerada y se vuelve obligatoria: ¿Lorena Cuéllar está defendiendo los programas sociales o está intentando conducir su propia sucesión? No es fácil resistir la tentación de elegir heredero; que le pregunten a Mariano González Zarur, quien lo intentó, lo logró y después se arrepintió.

Las declaraciones fueron realizadas en el encuentro “Aquí está Tlaxcala y su legado”, celebrado en el Instituto del Deporte. Desde ahí, la gobernadora reiteró su interés en que la próxima administración mantenga programas sociales, obras y el modelo de gobierno impulsado en los últimos años. Sin mencionar nombres, dibujó el perfil de quien debería sucederla: alguien con amor por Tlaxcala, comprometido y dispuesto a proteger su legado.

El coordinador de Comunicación Social, Antonio Martínez Velázquez, intentó corregir la interpretación. Explicó que la mandataria se refería a una iniciativa para blindar los programas sociales en la ley, no al proceso electoral. Sin embargo, reconoció que la continuidad mencionada también implica que la Cuarta Transformación permanezca en el poder. Es decir, primero se niega cualquier intención electoral y después se admite una aspiración política concreta: que el siguiente gobierno pertenezca al mismo movimiento. ¡Por eso luego nos llaman estúpidos!

No es lo mismo defender la continuidad de una política pública que pedir la continuidad de un grupo político. Una gobernadora tiene derecho a expresar opiniones y promover reformas que protejan programas sociales. Lo que no debería hacer es utilizar el peso institucional de su cargo para enviar señales sobre el perfil que desea como sucesor.

Porque cuando Lorena Cuéllar habla de alguien con “amor y compromiso por Tlaxcala”, no describe una partida presupuestal ni una reforma legal. Está trazando el retrato político de quien, desde su perspectiva, debería ocupar el cargo después de ella. ¿Quién decide quién tiene ese amor y compromiso? ¿La ciudadanía mediante su voto, Morena mediante sus procedimientos internos o la gobernadora a partir de la cercanía y la lealtad?

El escenario se complica porque uno de los aspirantes más identificado con el grupo de Lorena Cuéllar es Alfonso Sánchez García, alcalde con licencia de Tlaxcala capital. La gobernadora no lo mencionó, pero en política los silencios también tienen destinatario.

La verdadera prueba de imparcialidad no estará en las declaraciones, sino en las acciones del Gobierno durante los próximos meses. ¿Los funcionarios podrán respaldar libremente a cualquier aspirante? ¿Las dependencias se mantendrán fuera de la contienda? ¿Los programas sociales dejarán de usarse como argumento para advertir que solo un gobierno de Morena puede conservarlos?

Lorena Cuéllar tiene derecho a defender su administración y rendir cuentas. Lo que debe evitar es utilizar actos institucionales para hablar como jefa política de una sucesión que no le corresponde resolver. Puede gobernar hasta el último minuto de su mandato, presumir sus obras y pedir que lo que funciona se conserve. Pero no puede convertir a los trabajadores públicos en mensajeros de su proyecto político, ni usar la estructura gubernamental para inclinar la contienda interna.

Gobernar hasta el último día, sí. Diseñar desde ahora quién debe continuar su proyecto, es su decisión al parecer ya tomada.

Lo cierto es que las cartas están echadas y la moneda sigue en el aire, pero con peso de caer de un lado.

Alfonso arma su juego, Ana Lilia tambien el suyo y Lorena también. Veremos a quién le funciona.

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LA CAMINERA El funeral que también habló de política…El funeral del exgobernador Alfonso Sánchez Anaya dejó mucho más que muestras de solidaridad, abrazos y reconocimientos. También exhibió silencios, ausencias y mensajes políticos en un momento en que Tlaxcala ya vive anticipadamente la sucesión de 2027.

Sánchez Anaya fue el hombre que derrotó al PRI en 1998 y encabezó la primera alternancia política en la historia moderna del estado. Gobernó con aciertos y errores, como cualquier mandatario, pero uno de ellos marcó el final de su administración: intentar dejar como sucesora a su esposa, María del Carmen Ramírez García.

Los tlaxcaltecas no se lo perdonaron. En la elección de 2004, la candidata terminó en tercer lugar y el poder pasó a manos del panista Héctor Ortiz Ortiz. Aquella derrota demostró que la ciudadanía podía reconocer el legado de un gobernante, pero también rechazar cualquier intento de heredar el cargo.

Por eso, su despedida ocurre en un momento cargado de simbolismo. Su hijo, Alfonso Sánchez García, figura entre los principales aspirantes de Morena a la gubernatura, con toda la estructura estatal a favor.

El funeral reunió a integrantes de la clase política, empresarios, académicos, excolaboradores, alcaldes y representantes sociales. Destacó la presencia del exgobernador Mariano González Zarur, quien acudió a acompañar a la familia. Pimero en el velorio y luego en Palacio de Gobierno, pese a que no tenga una relación cercana con Lorena Cuéllar.

Pero las ausencias también comunican.

No estuvieron Ana Lilia Rivera Rivera, José Antonio Álvarez Lima, Héctor Ortiz Ortiz, Marco Antonio Mena Rodríguez, ni Beatriz Paredes Rangel, personajes que han ocupado o disputado espacios centrales en la política tlaxcalteca.

Cada ausencia podrá tener una explicación personal, de agenda o de salud. Sin embargo, en política, no acudir al funeral de un exgobernador también se interpreta como distancia, ruptura, indiferencia o cálculo.

Alfonso Sánchez Anaya fue despedido como una figura histórica de la alternancia, pero su funeral terminó convertido inevitablemente en un espejo de la política actual: mostró quiénes acompañaron a la familia, quiénes buscaron aparecer cerca del aspirante y quiénes prefirieron mantenerse lejos.

La muerte cerró la historia personal de quien sacó al PRI de Palacio de Gobierno, pero abrió nuevas lecturas sobre una sucesión en la que su apellido vuelve a colocarse en el centro.

Porque los funerales políticos no solamente sirven para despedir.

También revelan lealtades, diferencias y ambiciones.

Y en Tlaxcala, incluso frente a un féretro, la sucesión continúa. Al tiempo.

Descanse en paz, Alfonso Sánchez Anaya.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS¿Y Mariana Moguel Apá? Llamó poderosamente la atención que el dirigente estatal del PRI, Enrique Padilla Sánchez, acudiera solo al cónclave con el secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández. No llevó a Mariana Moguel Robles, delegada del CEN y una de las voces más críticas del morenismo. La pregunta es inevitable: ¿no fue invitada por el gobierno o su propio dirigente prefirió dejarla fuera de una reunión que vuelve a alimentar las sospechas sobre el llamado PRIMOR en Tlaxcala?

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