Hay decisiones políticas que se toman en una oficina, otras en una encuesta y unas más —las verdaderamente importantes— se cocinan a fuego lento mientras todos fingen que no saben nada.
En Morena, la definición de quien encabezará la Coordinación de la Transformación y Soberanía en Tlaxcala ya entró justamente en esa zona incómoda donde nadie confirma, nadie desmiente y todos dicen estar muy tranquilos… mientras revisan el teléfono cada cinco minutos.
La dirigencia nacional asegura que las encuestas ya están hechas y que los resultados están en manos de los aspirantes. También sostiene que el proceso es transparente, aunque los resultados no sean públicos y la convocatoria para conocer al ganador pueda llegar prácticamente de un día para otro. Así ocurrió en otros estados, donde algunos aspirantes recibieron apenas 24 horas de anticipación antes del anuncio.
En Tlaxcala, once perfiles siguen esperando la famosa llamada: Ana Lilia Rivera, Alfonso Sánchez García, Raymundo Vázquez Conchas, Carlos Augusto Pérez Hernández, Héctor Bernardo Paredes Mora, Floria María Hernández Hernández, Irma Yordana Garay Loredo, José Alejandro Aguilar López, Salvador Santos Cedillo, Concepción Sánchez González y Vicente Emilio Ponce Cano.
Pero entre todos ellos hay algo que las propias mediciones comienzan a dejar bastante claro: la competencia parece haberse reducido, al menos mediáticamente, a dos nombres.
Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez García.
Una encuesta de QM publicada por El Heraldo de México coloca a ambos empatados con 27 por ciento dentro de la contienda interna de Morena. El resto aparece considerablemente atrás.
Y otra medición, la de Sulus, aporta una fotografía diferente pero igualmente reveladora: Ana Lilia alcanza 59.3 por ciento de conocimiento acumulado, mientras Alfonso Sánchez llega a 52.7 por ciento. El tercer lugar apenas alcanza 23.9 por ciento.
Es decir, estamos ante una elección entre dos, una carrera donde dos nombres ya lograron separarse considerablemente del pelotón.
Y aquí comienza lo interesante.
Porque mientras en Tlaxcala algunos ya hacen quinielas, otros preparan discursos de unidad y algunos más seguramente ya tienen listo hasta el traje para la fotografía oficial, Morena insiste en que no existe fecha para anunciar al ganador.
La dirigencia nacional incluso desmintió el calendario que circuló en redes sociales. Y Citlalli Hernández soltó una frase que, en política, vale casi como una campanada: “en Tlaxcala la encuesta está cerrada”.
Cerrada.
No sabemos si cerrada porque terminó, porque está empatada, porque falta una valoración política o porque alguien decidió que todavía no es momento de abrir el sobre.
Y ahí está justamente el detalle.
Morena presume unidad y transparencia, pero mantiene el resultado bajo llave. Su dirigencia dice que los aspirantes conocen su posición, pero el electorado —ese que supuestamente tiene la última palabra— no conoce los números completos.
Es una curiosa forma de transparencia: todos pueden ver que hay una caja, algunos saben qué contiene, pero nadie más puede levantar la tapa.
Mientras tanto, los aspirantes tienen que sonreír, mantener la disciplina y evitar cualquier declaración que pueda interpretarse como berrinche anticipado.
Porque en Morena, aparentemente, también hay que aprender a perder antes de saber si se perdió.
Y si las encuestas efectivamente están cerradas, la pregunta ya no es tanto quién lleva ventaja, sino qué criterios terminarán pesando en la decisión final.
¿La encuesta pura y dura?
¿La competitividad?
¿La paridad de género?
¿Los acuerdos con PT y PVEM?
¿La capacidad de mantener unido al partido?
¿O una combinación de todos los anteriores?
El análisis difundido por Milenio incluso colocó a Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez como los perfiles centrales de la definición tlaxcalteca, aunque también reconoció ambos escenarios como posibles.
Y quizá por eso la espera genera tanta tensión.
Porque una cosa es ganar una encuesta y otra muy distinta ser considerado el perfil que puede cargar con todo el proyecto político rumbo a 2027.
Además, conviene no perder de vista algo: la Coordinación todavía no es la candidatura a la gubernatura.
Pero tampoco hay que pecar de ingenuos.
En la política mexicana, las coordinaciones suelen ser la antesala perfecta para comenzar a construir territorio, estructura, discurso y legitimidad interna.
Por eso todos están mirando.
Los aspirantes.
Los partidos aliados.
La oposición.
Y, por supuesto, los ciudadanos.
Lo cierto es que Morena conserva una ventaja enorme como partido rumbo a 2027. La encuesta de QM le otorga 51 por ciento de las preferencias, mientras PAN y PRI aparecen con apenas 7 por ciento cada uno.
Así que el verdadero riesgo para Morena no parece estar, por ahora, en sus adversarios externos.
Está dentro.
Porque cuando un partido tiene una ventaja tan amplia, la principal amenaza suele ser la soberbia, la división o la incapacidad de procesar una derrota interna.
Y aquí está la clave de todo este suspenso.
Morena no necesita únicamente escoger a quien tenga más puntos. Necesita escoger a quien pueda salir del proceso con el menor número de heridos políticos.
Porque ganar la encuesta puede ser sencillo.
Lo complicado será conseguir que quienes no ganen sigan caminando en la misma dirección.
Y mientras eso ocurre, Tlaxcala seguirá esperando.
Sin calendario.
Sin anuncio.
Sin resultados públicos.
Pero con todos los aspirantes perfectamente enterados de que, en cualquier momento, puede sonar el teléfono.
La fotografía política de Morena para 2027 comenzará a revelarse.
Y entonces sabremos quién realmente tenía la ventaja… y quién solamente presumía tener la mejor campaña.
Se lo digo así, sin maquillaje, ni retoques…
