La Bestia Política

Focus Group | El planeta tiene prisa.

Por Jorge Ramón Rizzo | Periodista/Tlaxcala

Aunque hay muchos temas por escribir de sucesos en México, el planeta tiene prisa y no puedo seguir aplazando abordar este tema, ya que la acumulación de eventos extremos en los últimos días demuestra que la crisis climática se está acelerando a un ritmo que supera las predicciones científicas más pesimistas: Inundaciones apocalípticas, megaincendios indomables, olas de calor letales y sequías prolongadas, forman parte de los contenidos noticiosos en redes y medios.

¿Qué le está pasando al planeta?

Es la pregunta y ojalá tuviesemos la respuesta. El planeta nos está comunicando, a través de la violencia de sus fenómenos, que la antigua «normalidad» climática ha desaparecido para siempre.

La pregunta ya no es cuándo llegará la crisis, sino cómo minimizaremos los daños de un sistema planetario que ya hemos transformado profundamente. Porque la narrativa de que el cambio climático es un problema del futuro ha quedado completamente desmantelada por la cruel realidad actual.

No podemos perder de vista el impacto financiero acumulado, que sigue un patrón alarmante que asfixia tanto a los presupuestos públicos como a los mercados de seguros privados. Ya que las pérdidas económicas globales por desastres naturales alcanzaron los 100 mil millones de dólares, solamente durante el primer semestre de 2026.

Los modelos económicos integrados en estudios como el ‘Sigma Report’ prevén que, bajo un escenario de inacción, las pérdidas aseguradas globales anuales podrían escalar drásticamente hasta alcanzar los 320 mil millones de dólares a corto plazo. Esta tendencia no solo está impulsada por la violencia del clima, sino por la acumulación de infraestructura humana de alto valor en áreas expuestas a inundaciones y litorales vulnerables.

Detrás de cada cifra de devastación no solo hay una fuerza física incontrolable, sino también una negligencia humana sistémica. Las tragedias globales recientes demuestran que el comportamiento del planeta es el reflejo directo de nuestras propias acciones.

La Tierra está respondiendo al aumento de la temperatura global con una intensidad sin precedentes y culpar a la «naturaleza furiosa» es una narrativa cómoda para evadir responsabilidades.

Cuando formé parte del gabinete ambiental en el estado de Tlaxcala conocí a un equipo de expertos de talla mundial como Isaac Santiago Juárez, Pedro Albornoz Góngora, Arturo Zárate Flores y Marcela Chacón Romo de Leroux, entre otros, de quienes aprendí mucho y con quienes sostuve platicas interminables acerca de sus áreas de especialidad: Isaac en lo forestal, Pedro en recursos hídricos, Arturo en normatividad ambiental, y Marcela en áreas naturales.

Y de esas enseñanzas adquiridas a su lado, es que sostengo que mientras la humanidad insista en priorizar el crecimiento económico a corto plazo sobre la sostenibilidad ecológica, las consecuencias seguirán siendo letales. Durante las últimas décadas, los fenómenos naturales han dejado de ser simples eventos estacionales para convertirse en armas de destrucción masiva.

Los terremotos de Filipinas, Colombia y Venezuela; las inundaciones monzónicas en la región del Tíbet entre Nepal y China; las tormentas invernales en Estados Unidos; la ola de calor en Europa, son solamente algunos sucesos que nos revelan la furia de la naturaleza. Esas tragedias globales recientes, como ya lo dije en párrafos anteriores demuestra el daño que le estamos ocasionando al planeta.

Tenemos enfrente una auténtica anatomía del caos… Ecosistemas enteros son destruidos, ciclos de carbono alterados, aunado al estrés térmico e hídrico, ya que se vienen rompiendo récords de temperaturas altas, así como de presencia de lluvias que antes tardaban meses en caer ahora se descargan en pocas horas, arrasando infraestructuras y economías locales de la noche a la mañana.

Decenas de miles de muertos, miles de millones de dólares y un planeta que ya cambió, son apenas los primeros signos de lo que nos espera… Ojalá me equivoqué.

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