En el gobierno de Lorena Cuéllar, aquel que prometió un cambio respecto a sus antecesores y juró no fallar a los principios de la Cuarta Transformación, parece que el manual básico contra crisis quedó guardado para otra ocasión.
Un manual de crisis para un gobierno estatal sirve para anticipar, organizar y responder ante situaciones que ponen en riesgo la gobernabilidad, la confianza ciudadana o la imagen institucional. Pero en este caso, lo que está en juego es la reputación de una política que prometió ser distinta.
La crisis estalló cuando se difundieron fotografías y videos que mostraban la Casa de Gobierno utilizada como búnker propagandístico del aspirante morenista y favorito del lorenismo, Alfonso Sánchez García. El gobierno quedó impávido ante las imágenes que exhibían a personas manipulando material político en un recinto oficial.
Al día siguiente, en los tradicionales diálogos circulares, el vocero respondió que la gobernadora desconocía ese uso político de la Casa de Gobierno y que se abriría una investigación. Nadie creyó del todo la versión, pero al menos se cumplía parte del protocolo: admitir los hechos y anunciar sanciones. Lorena Cuéllar no habita en la casa de gobierno sino en su residencia en Ocotlán, lo anterior daba cierta credibilidad al hecho de que «no sabía». Días después se informó de tres suspensiones o destituciones, lo que parecía un intento de pasar del caos a la acción ordenada.
Sin embargo, apenas una semana después, desde la Secretaría de Gobierno que encabeza el morelense Luis Antonio Ramírez Hernández, se ordenó —a recomendación de asesores externos— afirmar que las imágenes eran “totalmente falsas” y que no correspondían al inmueble oficial. Sin pruebas que reforzaran sus dichos, la administración encendió de nuevo el fuego y se colocó en una crisis de reputación, apostando a que los tlaxcaltecas carecen de sentido común.
Ramírez Hernández sabía de la primera decisión de reconocer el tema y sancionar a los responsables, pero trascendió que no lo comunicó a su jefa política. Prefirió seguir la segunda ruta: negar todo. Esa contradicción evidenció la división interna del gabinete lorenista y la tensión por mantener el control político, incluso a riesgo de perder la candidatura a la gubernatura.
En el Comité Ejecutivo Nacional de Morena hay molestia por los abusos del grupo en el poder y por las torpezas que contradicen los principios de la 4T. La incógnita es si la gran electora decidirá ignorar las críticas y respaldar la propuesta de la inquilina de la Plaza de la Constitución.
Hoy, Lorena Cuéllar celebra cinco años de haber rendido protesta, pero lo hace en medio de una reputación cuestionada por el mal manejo de la crisis de la Casa de Gobierno, con eventos sin prensa para evitar preguntas incómodas y sin colocar los tradicionales bandos solemnes de las fiestas patrias.
¿Así soñó festejar sus cinco años de gobierno?
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LA CAMINERA…La Crisis que no acaba…Pese a que por todos los medios han intentado esquivar el espinoso tema de la Casa de Gobierno, en Morena las respuestas de sus dos principales aspirantes a la gubernatura de Tlaxcala parecen venir de otro estado… o de otro planeta.
A pregunta expresa, la otrora crítica del lorenismo, Ana Lilia Rivera, apenas alcanzó a repetir: “Vamos para adelante, vamos para adelante”. Como si con un estribillo se pudiera borrar el escándalo que, en teoría, la afecta directamente.
Días después, el favorito del oficialismo, Alfonso Sánchez García, se lavó las manos con un: “No tengo ningún comentario en ese sentido, desconozco realmente qué fue lo que sucedió”. Palabras más, palabras menos, un silencio disfrazado de respuesta.
Y para completar el cuadro, la dirigencia interina estatal de Morena adoptó la política del avestruz: no oigo, no veo, no hablo.
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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS...¿Cansado?El domingo, lo que más llamó la atención no fueron los discursos, ni las posturas políticas, sino el rostro cansado y las tremendas ojeras de Alfonso Sánchez García. La imagen de un aspirante demacrado dejó más preguntas que certezas: ¿agotamiento de campaña, presión interna o simple descuido?
A la par, el intento de su equipo por frenar una entrevista incómoda sobre la Casa de Gobierno terminó en un espectáculo burdo: disfrazar la evasión con el pretexto de una selfie. Una maniobra torpe que, lejos de apagar el tema, lo volvió más evidente.
En política, los silencios pesan tanto como las palabras, y las ojeras también cuentan historias.
