La declaración de Citlalli Hernández Mora, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, al reconocer que la contienda en Tlaxcala está cerrada, parece que derrumbó la versión de que la candidatura ya tenía dueña.
El mensaje es claro: nadie lleva una ventaja definitiva y ningún grupo puede asumirse con el derecho automático de imponer la candidatura. Si las encuestas no ofrecen una diferencia contundente, Morena tendrá que valorar otros factores para tomar una decisión que le permita conservar el gobierno estatal en 2027.
En ese escenario, la balanza podría comenzar a inclinarse hacia Alfonso Sánchez García.
Cuando los números son cerrados, ya no basta con presumir trayectoria, controlar la conversación en redes sociales o presentar encuestas a modo. Lo que verdaderamente pesa es la capacidad de movilización, la presencia territorial, la estructura política y, especialmente, la posibilidad de construir acuerdos después de una disputa interna que amenaza con dejar fracturas.
Alfonso Sánchez ha entendido mejor esa lógica. Mientras otros proyectos parecen concentrados en exigir reconocimientos anticipados o presentarse como víctimas de una supuesta cargada, el arquitecto ha optado por recorrer el estado, fortalecer relaciones municipales y construir una estructura que podría ser determinante al momento de competir.
No necesita declararse ganador todos los días. Su estrategia ha sido avanzar sin confrontar abiertamente a las demás expresiones y colocarse como un perfil capaz de dialogar con sectores que no necesariamente forman parte de su grupo político.
Esa condición no es menor. Morena enfrenta un proceso en el que las ambiciones personales empiezan a pesar más que la unidad del movimiento. Hay aspirantes que hablan de cohesión, pero actúan como si solamente pudieran aceptar el resultado cuando les favorezca. Quieren reglas, siempre que esas reglas confirmen sus propias expectativas.
El verdadero riesgo para Morena no está en la oposición, que continúa dividida y sin una ruta definida. Se encuentra dentro de sus propias filas, en los grupos que podrían convertir la encuesta en un pretexto para desconocer cualquier resultado adverso.
Por eso la candidatura no debe entregarse como premio a la trayectoria, compensación política o reconocimiento a quien haga más ruido. Morena necesita postular a quien pueda ganar la elección constitucional, integrar a quienes hoy compiten y evitar que los inconformes terminen operando en contra.
Alfonso Sánchez ofrece una ventaja frente a ese escenario: tiene presencia, estructura y capacidad para conversar con actores provenientes de diferentes corrientes. Su proyecto no depende exclusivamente de un grupo ni parece sostenerse en la idea de dividir a Morena entre puros e impuros.
También cuenta con un elemento que sus adversarios intentan minimizar: competitividad fuera de la militancia. La elección de 2027 no se ganará únicamente con el voto duro de Morena. Será necesario convencer a ciudadanos sin partido, sumar liderazgos regionales y neutralizar a una oposición que buscará capitalizar cualquier ruptura.
La declaración de Citlalli Hernández puso las cosas en su lugar. Tlaxcala está cerrado porque ningún aspirante ha logrado despegar de manera irreversible. Eso obliga a la dirigencia nacional a observar algo más que una diferencia mínima en una encuesta: deberá medir quién suma, quién divide y quién puede sostener una candidatura sin provocar una rebelión interna.
En una competencia tan cerrada, cada error pesa. La soberbia, la victimización y los intentos de imponer una narrativa anticipada pueden terminar alejando a quienes después serán necesarios para ganar.
La encuesta decidirá una parte del proceso, pero no resolverá todo. Morena deberá elegir entre una candidatura que profundice la confrontación interna o un perfil capaz de sentar a las distintas expresiones en la misma mesa.
Si el criterio final es la competitividad, la construcción de acuerdos y la posibilidad real de conservar Tlaxcala, la balanza se inclina hacia Alfonso Sánchez García.
Porque cuando nadie puede ganar solo, el candidato más fuerte no es quien exige que todos se sometan a su proyecto, sino quien tiene la capacidad de convertir los proyectos enfrentados en una sola fuerza.
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TODOS A BORDO…El abogado sin pruebas…Christian Vaslaf Santacruz denunció una supuesta “campaña negra” contra Ana Lilia Rivera, pero terminó admitiendo que no tiene pruebas ni responsables identificados. En política, lanzar acusaciones al aire no fortalece una causa: solo convierte la especulación en estrategia y deja la sospecha de que el verdadero objetivo es victimizar a su candidata. ¡Hay abogado!
Hoy escribe: Rodolfo Aguilar.
