La Bestia Política

Cuando el culpable es el mundo y nunca el funcionario.

Por Mariana Lovera

Hay respuestas de los funcionarios que explican mucho más de lo que pretenden ocultar.

Y la reciente entrevista del secretario de Desarrollo Económico de Tlaxcala, Javier Marroquín Calderón, es una de ellas.

La pregunta hecha por mi compañero Edgar García Gallegos era sencilla: ¿qué está pasando con el empleo en Tlaxcala?

La respuesta terminó dando una vuelta por la Secretaría del Trabajo, el IMSS, la geopolítica, la economía nacional y, finalmente, el mundo.

Todo, menos una explicación concreta sobre qué está haciendo la Secretaría de Desarrollo Económico frente a los resultados que hoy presenta Tlaxcala.

De acuerdo con la ENOE del INEGI, la población ocupada en el estado pasó de alrededor de 687 mil personas en el segundo trimestre de 2025 a poco más de 670 mil en el mismo periodo de 2026. Es decir, una reducción de aproximadamente 16 mil personas ocupadas. La propia ENOE es, además, una de las principales fuentes oficiales para conocer el comportamiento del mercado laboral mexicano.

¿Y qué hizo Marroquín ante la pregunta?

Primero dijo que habría que revisar la ley porque el tema corresponde también a la Secretaría del Trabajo y Competitividad.

Después explicó que los números necesitan análisis.

Y cuando llegó la pregunta inevitable —si la pérdida de empleos representa un fracaso de la política económica estatal— apareció el gran responsable:

“Es el mundo”.

Una respuesta que podría parecer ingeniosa si no estuviéramos hablando del ingreso de miles de familias.

Porque sí: evidentemente existen factores nacionales e internacionales que afectan las economías locales. Nadie sensato puede negar el impacto de la desaceleración económica, las decisiones empresariales, los mercados internacionales o las condiciones nacionales.

Pero gobernar consiste precisamente en trabajar con esas condiciones, no en utilizarlas como una especie de escudo político.

Si el mundo está complicado, la pregunta entonces es todavía más sencilla:

¿Qué está haciendo Tlaxcala para estar mejor que otros estados en medio de esa complicación?

Ahí es donde el discurso comienza a quedarse corto.

Marroquín habla de atracción de inversiones, del acompañamiento a empresas que llegarán al Polo de Desarrollo, de programas para emprendedores y de “sinergias” entre gobierno e iniciativa privada.

Todo suena bien.

El problema es que cuando se habla de resultados, aparecen los números.

Y los números no se convencen con discursos.

La diputada Miriam Martínez puso sobre la mesa otro dato que debería generar preocupación: la tasa de desocupación estatal llegó a 3.4 por ciento, por encima del 2.7 por ciento nacional, mientras que la informalidad laboral ronda 72 por ciento, de acuerdo con los datos difundidos a partir de la ENOE. También se ha señalado que alrededor de 45 por ciento de la población ocupada enfrenta condiciones críticas de ocupación.

Entonces quizá el debate no debería reducirse a si son exactamente “16 mil empleos perdidos”.

Porque técnicamente hay una diferencia entre personas ocupadas y empleos.

El verdadero problema es otro:

¿Por qué hay menos personas ocupadas? ¿En qué sectores se concentra la caída? ¿Qué está haciendo el gobierno para revertirla? ¿Cuántos empleos formales se han generado? ¿Cuántos se han perdido? ¿Cuánto empleo de calidad está llegando?

Esas son las preguntas que un secretario de Desarrollo Económico debería contestar con números.

Y aquí aparece una segunda contradicción.

Hace apenas unos meses, Marroquín fue cuestionado por una declaración que generó una fuerte polémica: aseguró estar convencido de que había hecho más que muchos tlaxcaltecas que “se dan golpes de pecho” y sostuvo que, pese a ser foráneo, había llegado a dar más resultados que muchos originarios del estado.

Aquella frase pudo haber quedado como una desafortunada salida de un funcionario.

Pero hoy adquiere otro significado.

Porque si se presume haber hecho más que los propios tlaxcaltecas, entonces también habría que estar dispuesto a responder cuando los resultados no acompañan el discurso.

No se trata de exigirle al secretario que controle la economía mundial.

Se trata de pedirle que explique qué parte de esa economía sí puede controlar desde su escritorio.

No puede decidir cuánto crecerá Estados Unidos, qué hará China, qué ocurrirá con las tasas de interés o qué políticas adoptará el gobierno federal.

Pero sí puede explicar cuántas inversiones ha atraído su dependencia.

Cuántos empleos formales se han generado como resultado de esas inversiones.

Cuántas empresas han llegado.

Cuántas permanecen.

Cuántos emprendimientos han recibido apoyo.

Cuántos cerraron.

Y, sobre todo, qué estrategia existe para que Tlaxcala no solamente tenga empleos, sino empleos dignos y formales.

Porque decir que “estamos trabajando” es una obligación.

Demostrar que el trabajo funciona es un resultado.

También resulta llamativo que, ante el señalamiento de Miriam Martínez, el secretario haya decidido entrar al terreno político y recordar que la diputada fue quien propuso una mesa de trabajo que, según él, no tuvo continuidad.

Puede ser cierto.

Pero incluso si lo fuera, eso no modifica una sola cifra de la ENOE.

La pérdida de personas ocupadas no desaparece porque una diputada haya dado seguimiento o no a una reunión.

Y la informalidad tampoco se reduce con una disputa entre funcionarios y legisladores.

Si existe una mesa de trabajo pendiente, que se retome.

Si hay diferencias, que se discutan.

Si hay responsabilidades compartidas, que se asuman.

Pero que el resultado final sea una política pública que funcione.

Porque mientras los funcionarios intercambian señalamientos, hay una realidad mucho más sencilla en las calles: hay tlaxcaltecas buscando trabajo, trabajadores intentando conservarlo y familias tratando de hacer rendir un ingreso que cada vez alcanza menos.

Y ahí es donde la frase “es el mundo” pierde fuerza.

Porque para una familia que dejó de recibir un salario, el mundo puede estar complicado, sí.

Pero necesita saber qué hará su gobierno para ayudarla.

Quizá el problema de fondo no sea que Marroquín culpe al mundo.

El problema es que, cuando un funcionario presume resultados, también debe estar preparado para responder cuando llegan los malos resultados.

Porque gobernar no significa atribuirse todo lo bueno y repartir lo malo entre el mundo, la economía nacional, los diputados, las administraciones anteriores y las circunstancias.

Gobernar también significa decir:

“Estos son los datos. Esto salió mal. Esto nos corresponde. Y esto vamos a hacer para corregirlo”.

Eso no es debilidad.

Eso es responsabilidad.

Y, por cierto, tampoco es un asunto de ser tlaxcalteca o foráneo.

Es un asunto mucho más sencillo:

quien ocupa un cargo público en Tlaxcala debe responder por Tlaxcala.

Y si mañana los números mejoran, seguramente habrá tiempo para presumirlos.

Por ahora, quizá convendría dejar de buscar culpables en todo el planeta y empezar a buscar soluciones en casa.

Porque el mundo podrá tener la culpa de muchas cosas.

Pero la Secretaría de Desarrollo Económico tiene que hacerse cargo de lo que sí le toca.

Se lo digo así, sin maquillaje ni retoques.

Salir de la versión móvil