La falta de información oficial, las filtraciones y la guerra de versiones tienen en tensión al partido de Morena en Tlaxcala, justo cuando se acerca una de las decisiones más importantes rumbo a 2027: quién encabezará la Coordinación estatal y, eventualmente, buscará la candidatura al Gobierno del Estado.
En los hechos, dos proyectos concentran hoy buena parte de la disputa interna: por un lado, el grupo político de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, alrededor de Alfonso Sánchez García; por el otro, el de la senadora con licencia Ana Lilia Rivera Rivera.
Las diferencias entre ambos bloques llevan meses siendo visibles y, conforme se acerca la definición, la confrontación parece subir de tono.
Una publicación de Latinus terminó por abrir nuevamente la caja de los demonios.
El medio nacional aseguró este jueves que la encuesta interna de Morena habría favorecido a Ana Lilia Rivera y que el resultado encontró resistencia en Tlaxcala. Según esa versión, Lorena Cuéllar habría rechazado la definición al no favorecer a Sánchez García, situación que habría contribuido a aplazar el anuncio oficial.
Hasta ahora, la dirigencia nacional de Morena no ha publicado los resultados completos de esa encuesta, ni ha confirmado formalmente quién encabezará la Coordinación en Tlaxcala. Y ahí está precisamente el problema: nadie quiere ceder.
Ana Lilia disputa una candidatura que sabe es la última oportunidad para ser gobernadora de Tlaxcala. Si no es elegida, será el segundo fracaso luego de haber sido derrotada hace cinco años por Lorena Cuéllar, con quien mantuvo una confrontación abierta y heridas que jamás se superaron.
Lo sostengo en este espacio: la senadora se ha convertido en su peor enemiga. Sus errores y estilo han abierto frentes innecesarios en sus aspiraciones. Tras la unción de Cuéllar era la sucesora natural para 2027; solo debía trabajar y tender puentes. Pero la soberbia la atrapó. Nadie duda de su capacidad para gobernar, sí de su estilo: “estás conmigo o contra mí”.
Por el otro lado, una gobernadora empeñada en colocar sucesor, pues no simpatiza con Ana Lilia Rivera. El tiro está cantado.
Pero algo es cierto: Palacio de Gobierno no puede repartirse como una notaría ni la gubernatura escriturarse al heredero político favorito. Alfonso Sánchez García ha sido placeado durante meses como el delfín del lorenismo, pero la voluntad personal no debería imponerse sobre la definición nacional.
La gobernadora tiene derecho a tener preferencias políticas, pero no a empecinarse en cumplir su voluntad.
Muchos se preguntan en Tlaxcala: ¿por qué es tan importante conservar el control de la sucesión?
Ya hizo bastante al apoyar el crecimiento de Sánchez García con estructura, pero también llegará el momento de hacerse a un lado si la decisión de la dirigencia nacional no le favorece.
Las otras preguntas obligadas: ¿qué tan dispuesto está el grupo político que gobierna Tlaxcala a acompañar una definición que no necesariamente coincide con su apuesta? Y, en sentido contrario, ¿qué capacidad tendría Ana Lilia Rivera para integrar una estructura estatal construida durante años alrededor de Lorena Cuéllar? Eso es mucho más importante que una filtración.
La ruptura no puede darse todavía por hecha. Pero la tensión existe y el partido tendrá que administrarla.
Además, la estructura que armaron tampoco está obligada a apoyar a Ana Lilia Rivera en automático, y quedará en libertad de respaldar otro proyecto.
LA CAMINERA… La tercera vía.
Morena ha estirado tanto la definición en Tlaxcala que la espera ya parece parte del proceso. Mientras los equipos de Rivera y Sánchez se disputan la candidatura entre encuestas fantasma y versiones de pasillo, Raymundo Vázquez Conchas y Carlos Augusto Hernández buscan colocarse como la tercera vía.
Su apuesta tiene lógica: si ninguno de los dos grupos está dispuesto a ceder, alguien podría presentarse como salida para evitar una fractura. Pero una cosa es ofrecer unidad y otra conseguir que la acepten quienes llevan meses peleando la nominación. Ahí está la verdadera pregunta para Ray y Carlos.
Otro punto: la reciente visita de la presidenta a Tlaxcala —y que pocos tomaron en cuenta— fue un espaldarazo a la secretaria de Turismo, luego de las críticas que le enfundó el diario Reforma. Al final, quien despacha en Los Pinos quiere a alguien de su equipo al frente del estado. También en el Edomex un personaje espera agazapado una oportunidad de ser puente de equilibrio.
Por ahora, Morena guarda el nombre bajo siete llaves. Cuando abra la puerta, sabremos si eligió candidatura… o también una crisis.
AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS… ¿Y la oposición APÁ?
Mientras Morena decide a quién entrega la candidatura y calcula el tamaño de la posible fractura, la oposición ya lleva meses caminando con sus cartas. En el PRI, Anabell Ávalos; en el PAN, Miriam Martínez, quien tuvo en su acto masivo un arranque rumbo a 2027. Si el partido guinda sale dividido, ahí podría abrirse una oportunidad para sus adversarios.
Pero aprovecharla será otra historia. Las dirigencias nacionales del PAN y el PRI exploran una alianza, aunque Jorge Romero ya puso sobre la mesa que en Tlaxcala la encabece Acción Nacional: hace cinco años le tocó al tricolor. En Movimiento Ciudadano camina Delfino Suárez, con la posibilidad de que la candidatura corresponda a una mujer por las reglas de paridad. Y el PRD cerró la puerta al PAN y al PRI, sin descartar un acuerdo incluso con Morena.
Así que la oposición mira de reojo la pelea guinda, pero también tiene sus propias cuentas pendientes. Una fractura de Morena puede darles chance; ponerse de acuerdo para aprovecharla dependerá de ellos. Al tiempo
