La Bestia Política

El Bestiario: La inteligencia que se volvió fuga en Tlaxcala

El Bestiario: La inteligencia que se volvió fuga en Tlaxcala

No se puede permitir que atrapen o corten las salidas de una gobernadora, pero tampoco se puede generar la percepción de que huye y evade enfrentar manifestaciones.

El fracaso del aparato de inteligencia del gobierno de Tlaxcala este miércoles en Calpulalpan es evidente. Desde la Secretaría de Gobierno alguien debe dar una explicación o jalar orejas. ¿O no, señor secretario?

No basta con decir que la salida de Lorena Cuéllar Cisneros ocurrió porque alguien en logística perdió la cabeza. Se puede justificar desde el discurso oficial que había elementos para no exponer a la mandataria y razones para extremar precauciones. El problema fue otro: la forma.

En política no basta con estar seguro. También importa cómo se ve. Y las imágenes que dejó Calpulalpan no muestran a una gobernadora controlando una crisis, sino prisa, nerviosismo, personal corriendo, una camioneta intentando abrirse paso, manifestantes cerrando el camino y una mandataria que abandona el lugar en medio de una escena que en redes sociales se interpretó como una escapada.

Algunas publicaciones incluso aseguraron que se activó un supuesto “protocolo G1” para evitar que fuera retenida. No hay confirmación oficial, pero aun sin ese detalle la escena fue incómoda. El problema ya no era sólo la protesta, sino la fotografía política que se quería vender. Y ahí falló el equipo.

Lorena Cuéllar entra en el último tramo de su gobierno. A estas alturas, sus colaboradores deberían ayudarla a cerrar con autoridad y control, no a generar imágenes que la hagan parecer sorprendida por cada conflicto. No se trataba de quedarse a cualquier costo. Si el equipo de seguridad determinó que debía retirarse, su responsabilidad era protegerla. Pero entre proteger a una gobernadora y hacer que parezca que escapa hay una enorme diferencia. Esa diferencia se llama operación política.

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LA CAMINERA...Y el protocolo de inteligencia, Apá? Antes del evento alguien debió saber que había inconformidad. Alguien debió conocer que los productores estaban movilizados. Alguien debió prever que podían llegar con tractores. Alguien debió abrir una mesa de diálogo. Y alguien debió diseñar una salida que no terminara convertida en contenido viral.

Según los propios productores, llevaban meses buscando audiencia con el Ejecutivo estatal. En Calpulalpan aprovecharon la presencia de Cuéllar para exigirla directamente, pero su escapada fue la respuesta.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS… ¿Y la Segob? Aquí aparece nuevamente la Secretaría de Gobierno, que supuestamente maneja la política interna para evitar que los conflictos terminen resolviéndose entre vallas, escoltas y huidas.

Si el conflicto era conocido, había que operarlo antes. Si no era conocido, alguien no estaba haciendo su trabajo. Y si sí se conocía y aun así ocurrió lo que vimos, el problema es mayor.

Lorena Cuéllar no puede llegar al último año de su mandato pareciendo sorprendida por los conflictos acumulados durante los cinco anteriores. Su seguridad no está a discusión. Lo que sí está a discusión es por qué sus colaboradores permitieron que una decisión preventiva terminara convertida en una escena de debilidad política.

El verdadero daño no fue que Lorena se fuera, sino cómo la hicieron irse. Y en política, a once meses de entregar el poder, no es la mejor forma.

El fracaso del equipo de inteligencia de la Segob es evidente. Hay un director de Gobernación —ex alcalde de Xaloztoc— que presume en los baños de su institución tener el control de las marchas educativas, pero en los hechos su trabajo no se ve. Calpulalpan es su responsabilidad también.

Para cerrar: tómelo con reserva, pero se dice que si hay buena voluntad de una gobernadora morenista hacia quien fue nombrada coordinadora y posible sucesora, debería dejarle nombrar en la segunda área más importante a alguien de su equipo, garantizando así una transición tersa. ¿Será?

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