Por: Herman Zárate (HZ)
Porque existe una diferencia enorme entre representar a una comunidad y utilizar una identidad para ocupar un espacio de representación.
Y esa diferencia merece ser discutida.
Son el resultado de años de organización, exigencia, participación, litigio y lucha de personas y colectivos que han reclamado el derecho de poblaciones históricamente discriminadas a participar en la vida pública.
Por eso, resulta legítimo preguntar:
Porque si durante todo el periodo entre elecciones la diversidad parece no existir dentro de los partidos, pero mágicamente aparecen “perfiles LGBTIQ+” cuando se acerca el registro de candidaturas, entonces la pregunta resulta inevitable:
Durante 2026, el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones realizó una consulta dirigida a las poblaciones LGBTTTIQA+ para conocer opiniones y propuestas sobre la implementación de acciones afirmativas para el próximo proceso electoral.
Entre los temas discutidos estuvieron la autoadscripción, la representación política y los mecanismos para generar mayor certeza en las candidaturas.
Y aquí aparece uno de los asuntos más delicados: LA SIMULACIÓN.
No se trata de cuestionar la identidad de ninguna persona.
La autoadscripción debe ser respetada, y cualquier discusión sobre ella debe abordarse desde criterios jurídicos, institucionales y de derechos humanos.
El problema está en otro lugar.
Está en preguntarnos qué sucede cuando una medida creada para combatir la exclusión termina siendo utilizada únicamente para cumplir con un requisito.
Porque sería profundamente contradictorio que quienes durante años cerraron las puertas de la participación política a la diversidad ahora descubran, justo cuando existen espacios reservados, que siempre tuvieron liderazgos LGBTIQ+ dentro de sus filas.
¿Dónde estaban antes?
Esa es, quizá, la pregunta incómoda.
Porque la representación no debería aparecer de la noche a la mañana.
Un liderazgo no se fabrica durante el periodo de registros.
No nace con una candidatura.
No se construye cambiando una fotografía de perfil ni colocando una bandera arcoíris en una publicación.
Se construye con años de participación.
Por eso, los partidos políticos de Tlaxcala tienen frente a sí una oportunidad, pero también una enorme responsabilidad.
Que abran espacios de participación.
Que formen cuadros.
Que incorporen liderazgos.
Que permitan que las personas LGBTIQ+ participen en la toma de decisiones.
Que dejen de mirar a la diversidad únicamente como una posibilidad electoral.
Porque si la diversidad solamente resulta importante cuando puede convertirse en una candidatura, entonces no estamos hablando de inclusión.
Y la comunidad también tiene una responsabilidad.
No basta con celebrar que aparezca una bandera arcoíris en una campaña.
Habrá que preguntar:
Y, sobre todo:
Porque tampoco podemos permitir que las acciones afirmativas terminen reducidas a una competencia por ver quién consigue ocupar el espacio.
El objetivo debería ser mucho más profundo:
El proceso electoral 2026-2027 apenas comienza.
Pero desde ahora hay una pregunta que los partidos políticos tendrán que responder:
Porque si la respuesta aparece hasta el último momento, quizá habrá que preguntarnos si estamos frente a una verdadera política de inclusión…
La representación no empieza con el registro.
Empieza mucho antes.
Y también ahí se demuestra quién realmente cree en la inclusión.
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