La Bestia Política

El cero que nunca significó cero | Sin Maquillaje

Louise Callaghan, corresponsal de The Times, apareció este viernes en el Diálogo Circular del Gobierno de Tlaxcala con una pregunta que terminó incomodando a más de uno.

Hace cuatro años, la gobernadora Lorena Cuéllar aseguró públicamente que en Tlaxcala no había habido “un solo tema de trata de personas”.

No se trata de una interpretación. En noviembre de 2022, la mandataria declaró: “No hemos tenido un solo tema de trata de personas”, y señaló que era un asunto que estigmatizaba a Tlaxcala, pero que “afortunadamente se ha controlado”. En otra entrevista de ese mismo periodo sostuvo que no había tenido “un solo caso de trata” desde que llegó al gobierno.

Cuatro años después, Callaghan llegó a Tlaxcala y puso aquella declaración sobre la mesa a partir de lo que encontró durante su investigación.

Ho, la periodista dijo haber entrevistado esta semana a dos jóvenes víctimas de trata, quienes habrían sufrido abusos durante años. También habló de una maestra que conoció el caso de una niña de 12 años que desapareció de la escuela y que habría sido víctima de este delito.

Después relató otra situación que llamó su atención.

Contó que recorrió la Vía Corta y observó a mujeres ofreciendo servicios sexuales a unos metros de policías municipales.

Entonces hizo la pregunta:

¿La perspectiva de la gobernadora sigue siendo la misma?

Antonio Martínez Velázquez, coordinador de Comunicación del Gobierno del Estado, respondió que la declaración de 2022 debía entenderse en su contexto.

Explicó que Lorena Cuéllar se refería a los registros oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En ese momento, dijo, el dato reportado era cero y actualmente existen seis casos.

Por ello, sostuvo que hoy la gobernadora ya no podría repetir aquella frase.

Y aquí es donde comienza la discusión de fondo.

El cero era un dato oficial, pero no necesariamente representaba todo lo que estaba ocurriendo.

Una carpeta de investigación registra los casos que llegan a las autoridades y quedan asentados institucionalmente. Eso no significa que registre todos los delitos que ocurren.

En un fenómeno como la trata de personas, esa diferencia es especialmente importante.

Información federal basada en datos del SESNSP muestra, además, que Tlaxcala registró 15 casos de trata en 2020, dos en 2021, uno en 2022 y cero en 2023.

¿Eso quiere decir que en 2023 desapareció la trata en Tlaxcala?

No necesariamente. Y ese es precisamente el punto que debería discutirse.

Porque mientras las estadísticas oficiales podían marcar cero, existían antecedentes y casos documentados fuera de esas cifras.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos lleva casi dos décadas documentando judicialmente a organizaciones dedicadas a la explotación sexual y vinculadas con Tenancingo, Tlaxcala.

En 2006, tres integrantes de una organización originada en Tenancingo recibieron condenas de 50, 50 y 25 años de prisión en Estados Unidos por delitos relacionados con la explotación sexual de mujeres mexicanas.

En 2019, autoridades estadounidenses informaron de nuevas condenas contra integrantes de una organización asentada en Tenancingo que, durante más de una década, trasladó a jóvenes y niñas de México y Centroamérica para explotarlas sexualmente en Estados Unidos.

No se trata de rumores ni de publicaciones en redes sociales. Son casos que llegaron a tribunales estadounidenses.

También está el propio balance del Gobierno de Tlaxcala.

El pasado 24 de julio informó que durante la actual administración se habían obtenido 37 sentencias condenatorias por trata y que parte de esos resultados fueron producto de la reactivación de carpetas que permanecían rezagadas.

Entonces surge una pregunta legítima: ¿cómo podía utilizarse un “cero” como referencia para hablar de un problema controlado cuando existían expedientes anteriores que posteriormente fueron retomados y terminaron en sentencias?

Esto no significa que el dato oficial de aquel momento fuera necesariamente falso.

Significa que era un dato limitado.

Y quizá ahí está una de las partes más importantes de la discusión.

Durante el mismo intercambio, la secretaria de las Mujeres, Nydia Cano, pronunció una frase que merece atención:

“No hay denuncias porque no hemos generado las condiciones”.

Si las víctimas no denuncian porque no existen condiciones suficientes para hacerlo, entonces utilizar el número de denuncias como único indicador para medir la magnitud del problema puede llevar a conclusiones equivocadas.

Pocas denuncias no necesariamente significan pocas víctimas.

Puede haber miedo, falta de confianza en las autoridades, desconocimiento, falta de condiciones para denunciar o simplemente un delito que permanece oculto.

Louise Callaghan no descubrió el problema de la trata en Tlaxcala. Lo volvió a colocar en la conversación pública.

Su investigación para The Times, así como su entrevista en el programa de Sabina Berman, puso nuevamente a Tenancingo en el centro de una discusión que lleva años.

Organizaciones locales han documentado el tema desde mucho antes.

El Centro Fray Julián Garcés recordó este año que un diagnóstico realizado en 2017 identificó presencia de tratantes, víctimas o lugares de explotación en 40 municipios de Tlaxcala. La organización también ha señalado a distintas administraciones por minimizar el fenómeno.

Esa es la postura de una organización civil y debe distinguirse de los datos oficiales del gobierno, pero también forma parte de una discusión que no comenzó con el reportaje británico.

Después de la publicación de Callaghan también hubo una respuesta desde Tenancingo.

El alcalde Emmanuel Contreras Corona calificó el reportaje como “mediático” e “incongruente” y cuestionó su sustento, aunque reconoció que existe un estigma sobre el municipio y la zona sur desde hace más de tres décadas.

Ese contraste también forma parte del debate.

El gobierno puede presentar los resultados de su administración.

El alcalde puede cuestionar una investigación periodística.

Y una periodista tiene la responsabilidad de sustentar aquello que publica.

Pero las autoridades también tienen que responder a las preguntas que surgen de investigaciones y testimonios.

Y la pregunta de Callaghan sigue sobre la mesa:

“¿Usted no piensa que es raro que el dato era cero?”

La pregunta merece una explicación.

Porque reducir toda la discusión a si una base de datos registraba cero, seis, quince o veinte casos deja fuera una parte fundamental del problema.

La pregunta de fondo es otra:

¿Cuántas víctimas existen que nunca llegaron a convertirse en una carpeta de investigación?

Esas personas no aparecen en las estadísticas.

No tienen un número dentro de una gráfica y tampoco forman parte de un informe oficial.

Pero eso no significa que no existan.

Por eso, ausencia de denuncia y ausencia de delito no pueden tratarse como si fueran exactamente lo mismo.

Hoy Antonio Martínez reconoce que la trata existe en Tlaxcala y señala que Lorena Cuéllar ya no repetiría aquella declaración porque “el dato ha cambiado”.

El dato cambió.

La pregunta pendiente es si cambió también la dimensión del problema o si simplemente ahora se están registrando más casos.

Después de años de investigaciones, expedientes judiciales en México y Estados Unidos, trabajos académicos, organizaciones civiles y testimonios de víctimas, la discusión debería ir más allá de una cifra.

Porque cuando se habla de trata de personas, cero denuncias no necesariamente significa cero víctimas.

A veces significa que el delito no fue denunciado.

Y eso también debería formar parte de la discusión. Se lo digo así, sin maquillaje ni retoques.

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