La Bestia Política

Entre las lealtades, las protestas y la disputa por el poder

Por Mariana Lovera

“La Cuarta Transformación no tiene dueño”.

La frase pronunciada por Lorena Cuéllar Cisneros durante la celebración de sus cinco años de triunfo electoral podría parecer una declaración de principios. Sin embargo, en el contexto político que atraviesa Tlaxcala, también admite una lectura sobre las lealtades, los liderazgos y la reorganización del poder dentro de Morena.

Porque una cosa es afirmar que un movimiento no pertenece a nadie y otra muy distinta es observar cómo sus protagonistas procesan los cambios cuando las decisiones políticas comienzan a modificar los equilibrios internos.

La Monumental Plaza de Toros Rodolfo Rodríguez «El Pana», en Apizaco, fue escenario de algo más que una celebración.

Hubo aplausos, reconocimientos, funcionarios, presidentes municipales, legisladores y simpatizantes. También hubo mensajes sobre la lealtad, referencias a las calumnias y reflexiones que, en medio de la sucesión gubernamental, difícilmente podían pasar inadvertidas.

Lorena Cuéllar llegó a conmemorar el triunfo que la convirtió en gobernadora de Tlaxcala, pero lo hizo en un momento en el que su partido ya comenzó a reorganizarse para la siguiente etapa.

Y ahí está uno de los elementos centrales de esta historia: el poder sigue estando en Palacio de Gobierno, pero las decisiones sobre el futuro político de Morena también se están tomando fuera de él.

ADENTRO LOS APLAUSOS, AFUERA LAS PROTESTAS

Mientras al interior de la plaza se hablaba de resultados, en las inmediaciones trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social se manifestaban para exigir mejores salarios, pensiones dignas y condiciones laborales adecuadas.

Personal de la Clínica 2 denunció carencias de medicamentos, materiales de curación y especialistas, problemas que, de acuerdo con sus señalamientos, afectan tanto a los trabajadores como a los derechohabientes.

Es importante precisar que aquella movilización no estaba dirigida exclusivamente contra el gobierno estatal, sino que formaba parte de una inconformidad de alcance nacional.

Pero la coincidencia tuvo una fuerza simbólica difícil de ignorar.

Adentro se celebraban los avances de una administración. Afuera había trabajadores reclamando respuestas a necesidades que forman parte de la realidad cotidiana de muchas familias.

No se trata de negar las obras ni los resultados que reivindica el gobierno. Tampoco de atribuirle responsabilidades que corresponden a otras instancias.

Se trata de reconocer que las celebraciones políticas y las demandas ciudadanas pueden coexistir, aunque no siempre encuentren el mismo espacio dentro de los discursos oficiales.

Lorena Cuéllar habló de más de siete mil obras, infraestructura hospitalaria, educación, programas sociales y compromisos cumplidos.

Es el balance que su administración presenta después de cinco años de haber ganado la gubernatura.

Pero una administración no solamente construye su legado con cifras. También lo construye con la forma en que responde a los cuestionamientos, reconoce los pendientes y administra sus relaciones con la sociedad.

LAS LEALTADES Y LOS MENSAJES QUE NADIE PUEDE IGNORAR

Uno de los momentos más interesantes del discurso llegó cuando la gobernadora habló de la lealtad, de quienes permanecen y de quienes cambian con el paso del tiempo.

En otras circunstancias, aquellas palabras podrían entenderse simplemente como una reflexión personal.

Pero en política el contexto importa.

El 28 de septiembre, de acuerdo con los acontecimientos relatados en torno al proceso interno, Ana Lilia Rivera recibió la designación como coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación, después de una definición en la que también participó Alfonso Sánchez García, identificado con el grupo político cercano a la gobernadora.

Ese resultado modificó las posiciones dentro del morenismo tlaxcalteca.

Lorena Cuéllar no mencionó directamente a Ana Lilia Rivera ni señaló a alguno de los participantes del proceso.

Sin embargo, cuando una gobernadora habla de lealtades, proyectos personales y permanencia dentro de un movimiento, justo cuando su partido atraviesa una reorganización interna, resulta inevitable que sus palabras generen interpretaciones.

¿Era un agradecimiento para quienes la han acompañado durante estos años? ¿Una reflexión sobre las relaciones que cambian con el ejercicio del poder? ¿O un mensaje político en medio de una nueva distribución de responsabilidades?

Lo que sí puede observarse es que el discurso ocurrió en un momento particularmente sensible para las relaciones internas de Morena.

Y en política, las palabras adquieren significados que van más allá de la intención de quien las pronuncia.

ANA LILIA RIVERA Y EL OTRO ESCENARIO DEL PODER

Mientras Lorena Cuéllar reunía a sus simpatizantes en Apizaco, en la Ciudad de México Ana Lilia Rivera participaba en la toma de protesta de las 17 coordinaciones estatales de Morena durante una sesión del Consejo Nacional.

Dos acontecimientos distintos que permiten observar la transición política que comienza a desarrollarse en Tlaxcala.

Por un lado, una gobernadora que reivindica su triunfo, su trayectoria y los resultados de su administración.

Por otro, una senadora que asume una responsabilidad partidista relacionada con la organización territorial rumbo a 2027.

Conviene no confundir los tiempos: la coordinación estatal no equivale todavía a una candidatura oficial a la gubernatura.

Pero tampoco puede ignorarse su importancia dentro de la reorganización de Morena.

La dirigencia nacional ha insistido en la unidad, en el trabajo territorial y en colocar el proyecto colectivo por encima de las aspiraciones personales.

El desafío será trasladar ese discurso a la práctica.

Porque la unidad no se construye únicamente mediante fotografías, declaraciones o llamados institucionales. También requiere acuerdos, reconocimiento de las diferencias y reglas que permitan procesar las aspiraciones de los distintos grupos.

La pregunta que comienza a tomar forma es cómo se relacionarán los liderazgos que hoy participan en esta nueva etapa del morenismo.

Y, particularmente, qué papel tendrá la gobernadora en ese proceso.

 ALFONSO SÁNCHEZ GARCÍA: EN POLÍTICA, HASTA LAS GRADAS COMUNICAN

Hubo otra imagen que llamó la atención durante la celebración.

Alfonso Sánchez García apareció entre los asistentes acompañado de Marcela González Castillo.

Ambos vestían prendas con el color asociado a Morena, aunque sin el logotipo del partido.

No estaban en el centro del escenario, sino en las gradas de la plaza.

Y aquí vale recordar algo que hemos repetido en distintas ocasiones: en política, todo comunica.

Comunican las palabras, las fotografías, las presencias y las ausencias. Incluso el lugar que se ocupa en un acto público puede provocar lecturas políticas.

Por supuesto, sería excesivo afirmar que sentarse en las gradas representa necesariamente una pérdida de influencia o una señal deliberada de distanciamiento.

Pero tampoco puede separarse aquella imagen del momento que atraviesa Alfonso Sánchez García después del proceso interno de Morena.

El alcalde con licencia ha comenzado a delinear sus siguientes movimientos.

Confirmó que prepara su regreso a la presidencia municipal de Tlaxcala y que se registró para participar en el proceso de selección de la coordinación del Distrito Federal 2.

También reconoció que mantiene conversaciones con la dirigencia de Morena y que la construcción de posibles acuerdos dependerá de esas negociaciones.

Su siguiente paso resulta relevante para entender cómo se reacomodarán los grupos políticos cercanos a la actual administración estatal.

Porque una designación partidista no elimina automáticamente las aspiraciones, las diferencias ni las estructuras construidas durante años.

Morena tendrá que encontrar mecanismos para incorporar esas expresiones a su siguiente etapa.

Y Alfonso, por su parte, tendrá que definir cómo continúa su trayectoria dentro de ese nuevo escenario.

LORENA CUÉLLAR Y LA POLÍTICA DESPUÉS DEL GOBIERNO

Otro de los mensajes que merece atención fue la afirmación de Lorena Cuéllar de que continuará trabajando por Tlaxcala después de concluir su mandato.

La gobernadora sostuvo que sus convicciones no comenzaron con un cargo y tampoco terminarán cuando deje de ocuparlo.

Es una declaración que introduce otra pregunta en la sucesión gubernamental.

No solamente quién encabezará el siguiente gobierno, sino cuál será el espacio político que conservará Lorena Cuéllar una vez concluida su administración.

Porque terminar un mandato constitucional no significa necesariamente abandonar la actividad pública.

La gobernadora cuenta con una trayectoria política, relaciones institucionales y una estructura de colaboradores que han formado parte de su proyecto.

Pero la permanencia de esas relaciones, su eventual transformación y la influencia que puedan conservar dependerán de las decisiones que adopten sus protagonistas.

Ahí aparece una distinción fundamental: ejercer el gobierno no es lo mismo que conducir un partido, y encabezar una administración tampoco garantiza conservar la misma influencia cuando comienza una nueva etapa.

La propia gobernadora afirmó que los cargos y los gobiernos pasan, pero el pueblo permanece.

Una reflexión que también puede aplicarse a quienes hoy participan en la reorganización política de Tlaxcala.

 LAS CALUMNIAS, LAS HERIDAS Y EL JUICIO CIUDADANO

Lorena Cuéllar también dedicó parte de su mensaje a los señalamientos y descalificaciones que, aseguró, ha enfrentado durante su trayectoria.

Habló de campañas en su contra y defendió los resultados de su administración como respuesta a las críticas.

Es comprensible que cualquier gobernante quiera reivindicar su trabajo y responder a los cuestionamientos que considera injustos.

Sin embargo, existe una diferencia entre una calumnia y una crítica sustentada.

En una democracia, el ejercicio del poder implica estar sujeto al escrutinio público, incluso cuando las preguntas resultan incómodas.

Las obras pueden documentarse, los compromisos pueden evaluarse y los resultados pueden contrastarse con las necesidades de la población.

Ese ejercicio no debería depender de simpatías ni de lealtades personales.

La gobernadora afirmó que será el pueblo quien valore lo que cada uno hizo.

Y precisamente ahí está una de las responsabilidades centrales del periodismo: observar, preguntar, contrastar y ofrecer elementos para que la ciudadanía construya sus propias conclusiones.

 EL PODER CAMBIA DE ESCENARIO, PERO LAS DEMANDAS PERMANECEN

La jornada dejó varias imágenes que, vistas en conjunto, permiten comprender el momento político de Tlaxcala.

Afuera de la plaza, trabajadores del IMSS exigían mejores condiciones laborales y atención a las carencias que denunciaron.

En las gradas, Alfonso Sánchez García reaparecía mientras prepara sus siguientes movimientos políticos.

En la Ciudad de México, Ana Lilia Rivera asumía formalmente una nueva responsabilidad dentro de Morena.

Y desde el templete, Lorena Cuéllar hablaba de lealtades, heridas, convicciones y permanencia.

Cada escena tiene su propio significado, pero todas forman parte de un contexto en el que Tlaxcala comienza a mirar hacia 2027.

Lorena Cuéllar todavía tiene responsabilidades de gobierno, compromisos pendientes y resultados que defender.

Ana Lilia Rivera tiene una tarea de organización política que exigirá diálogo con distintas expresiones del partido.

Alfonso Sánchez García busca redefinir su participación dentro de Morena.

Y la ciudadanía conserva demandas que no desaparecen cuando termina una celebración o se apagan los reflectores.

Quizá por eso, esta frase merece recuperarse al final.

«La Cuarta Transformación no tiene dueño”.

Si esa afirmación se convierte en una práctica política, Morena tendrá que demostrar que sus diferencias pueden procesarse sin convertir las lealtades personales en una condición para participar dentro del movimiento.

También tendrá que distinguir entre los intereses de sus distintos liderazgos y las responsabilidades que implica gobernar.

Porque los partidos cambian, los grupos se reorganizan y los cargos tienen fecha de conclusión.

Pero las necesidades de Tlaxcala continúan.

Cinco años después del triunfo de Lorena Cuéllar, la historia política del estado entra en una nueva etapa.

Y aunque todavía falta para la elección de 2027, las decisiones partidistas, los posicionamientos públicos y los movimientos de sus protagonistas ya forman parte de la conversación sucesoria.

La historia no se escribirá desde un solo templete. Y el juicio sobre lo que cada uno hizo tampoco dependerá de un solo discurso. Se lo digo así, sin maquillaje ni retoques.

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