En política, escuchar a quienes piensan diferente suele ser más complicado que darles la razón a quienes coinciden con el gobierno. Por eso, lo ocurrido en los Diálogos Circulares del Gobierno de Tlaxcala merece una lectura que vaya más allá de la confrontación entre autoridades y productores agrícolas.
El ejercicio cumplió uno de sus objetivos fundamentales: abrir los micrófonos, escuchar todas las voces y garantizar el derecho de réplica, incluso a quienes llegaron para cuestionar públicamente versiones difundidas desde el propio gobierno.
Y eso, en tiempos donde la comunicación política suele confundirse con propaganda, no es un asunto menor.
Los integrantes del movimiento Agricultura Digna por Tlaxcala acudieron a los Diálogos Circulares para responder directamente a los señalamientos realizados por el coordinador de Comunicación, Antonio Martínez Velázquez.
No hubo intermediarios ni necesidad de recurrir exclusivamente a comunicados o declaraciones a distancia. Los productores tuvieron frente a ellos a representantes de los medios de comunicación, expusieron sus argumentos, mostraron documentación y respondieron preguntas.
La apertura del espacio permitió que una controversia pública encontrara un cauce de discusión frente a los ciudadanos.
Los agricultores rechazaron que su movimiento responda a intereses partidistas o electorales. También negaron que en el centro de acopio de Nanacamilpa se realicen cobros de entre 300 y 3 mil pesos por recibir las cosechas.
Reconocieron, eso sí, que anteriormente solicitaron aportaciones voluntarias para financiar un congreso agrícola, pero sostuvieron que dichas contribuciones no estuvieron relacionadas con los servicios del centro de acopio.
Sobre los posibles vínculos políticos, Emigdio Taboada Espinoza confirmó que Luis Taboada Sánchez, registrado en la plataforma panista “Ahora Te Toca a Ti”, es familiar suyo y participó anteriormente en la agrupación. Sin embargo, aseguró que dejó de hacerlo desde diciembre y defendió el carácter apartidista del movimiento.
Estas explicaciones no significan que todos los cuestionamientos hayan quedado resueltos. Las versiones sobre la operación del centro de acopio y las responsabilidades de las dependencias federales todavía requieren corroboración.
Pero precisamente ahí radica el valor del diálogo: permitir que las partes expongan sus argumentos, que los periodistas cuestionen y que la ciudadanía tenga mayores elementos para construir su propio criterio.
Porque abrir los micrófonos no significa renunciar a la crítica ni otorgar automáticamente la razón a quien toma la palabra. Significa reconocer que ninguna autoridad, organización o dirigente debe tener el monopolio de la verdad.
Y en esta ocasión, los Diálogos Circulares demostraron que también pueden convertirse en un espacio para confrontar públicamente las versiones oficiales, y eso debe reconocérsele a Antonio Martínez Velázquez.
La discusión no se quedó únicamente en los señalamientos políticos. También permitió colocar sobre la mesa las demandas de un sector que enfrenta dificultades y reclama respuestas concretas.
De este encuentro surgió, además, el anuncio de una mesa de trabajo para este viernes 16 de octubre, a las 10 de la mañana, en el Salón Rojo de Palacio de Gobierno, con la participación prevista de autoridades estatales y federales.
Ahí estará la siguiente prueba.
Porque una cosa es abrir un espacio para escuchar y otra, mucho más compleja, es transformar esa escucha en acuerdos, compromisos y soluciones.
El secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández; la titular de Impulso Agropecuario, Haidé Gisela Lucero Zepeda, y el representante de la Sader en Tlaxcala, Jorge Caballero Román, tendrán la oportunidad de revisar las demandas del movimiento y establecer una ruta de atención.
Lo importante será que esa reunión no termine convertida en una fotografía más para las redes sociales o en una minuta sin consecuencias.
El diálogo tiene valor cuando se permite hablar; la política demuestra su utilidad cuando logra resolver.
Y aquí también corresponde reconocer un acierto del formato de los Diálogos Circulares e insisto de Antonio Martínez, que permitió el intercambio y que ha defendido este ejercicio a capa y espada.
Lejos de convertirse únicamente en un espacio para reproducir la narrativa gubernamental, en esta ocasión permitió que quienes se sintieron señalados acudieran a responder, cuestionar y defender su posición frente a la prensa.
Eso fortalece la interlocución pública y representa una práctica que vale la pena preservar.
No se trata de aplaudir sin reservas al gobierno ni de descalificar automáticamente a los productores. Se trata de entender que la comunicación pública debe funcionar en ambos sentidos.
Las autoridades tienen derecho a informar y explicar sus decisiones. Los ciudadanos tienen derecho a cuestionarlas, exigir respuestas y ejercer su réplica. Y los medios tienen la responsabilidad de preguntar, contrastar y dar seguimiento.
Tlaxcala necesita menos monólogos y más conversaciones abiertas. Menos descalificaciones y más argumentos. Menos confrontaciones estériles y más soluciones.
Por lo pronto, los Diálogos Circulares cumplieron con una parte esencial de su propósito: escuchar voces distintas, permitir el debate y abrir una puerta para el entendimiento.
Ahora corresponde a las autoridades y a los productores demostrar que esa puerta puede conducir a resultados.
Porque al final, el campo tlaxcalteca no necesita ganar una discusión mediática.
Necesita respuestas.
Y si el diálogo sirve para acercarlas, entonces habrá cumplido una función mucho más importante que cualquier conferencia de prensa.
Se lo digo así, sin maquillaje ni retoques…
