La Bestia Política

Opinión…El inoportuno…La capital del olvido: Entre cráteres, caos vial y promesas que se fueron con la licencia.

Mientras en el discurso oficial la capital se vende como un escaparate de prosperidad y buenas intenciones, basta con encender el carro y salir a la calle para enfrentarse a la cruda e incómoda verdad. Vivir en Tlaxcala capital se ha convertido en un ejercicio diario de paciencia y sobrevivencia vial. Entre el bacheo inexistente y un tráfico insoportable, la realidad es que el municipio se encuentra en un abandono tan evidente que ni con el mejor marketing político se puede tapar.
* ​El circo de la licencia y el abandono municipal: Desde que Alfonso Sánchez García decidió pedir licencia para buscar nuevos horizontes políticos, el municipio quedó a la deriva. La grandilocuente campaña de «Más territorio, menos escritorio» duró exactamente lo que duraron las aspiraciones del edil con licencia. Hoy, bajo la gestión del presidente interino, el ayuntamiento parece operar con el freno de mano puesto. Las brigadas de limpieza se esfumaron, el bacheo se volvió un mito urbano y las colonias terminaron pagando el plato roto de un proyecto personal que dejó la casa a medio barrer.
* Entradas de vergüenza y colonias invisibles: La entrada a La Joya —tanto por el lado de San Gabriel como por Ocotlán— es un campo minado donde caer en un pozo es casi inevitable. Acuitlapilco y las calles aledañas a la carretera federal a Puebla muestran un deterioro lamentable, mientras en comunidades como Tepehitec hay privadas y calles enteras que parecen no existir en el mapa del ayuntamiento, pues jamás han visto una capa de asfalto o una sola pieza de adoquín. Prometieron infraestructura, pero dejaron crateres.
* El desastre vial y la ausencia de autoridad: El verdadero dolor de cabeza de los más de 120 mil capitalinos empieza en las horas pico. Cruzar la ciudad se ha vuelto una pesadilla por la falta absoluta de agentes de tránsito. Atrás quedaron los días donde había elementos sobre la avenida Juárez dando fluidez al tráfico y evitando que los automovilistas se estacionaran frente al banco, cerquita del Teatro del ITC. Hoy reinan la ley del más fuerte y el desorden absoluto: carros en doble fila, cuello de botella en la bajada de Independencia, desmadre total en el cruce del Boulevard Ocotlán frente a La Gran Bodega, y un tapón insoportable en el cruce de Tizatlan con Ribereña. Todo mundo hace lo que quiere porque no hay nadie para poner orden.
Nos hemos tenido que acostumbrar a un gobierno municipal de brazos caídos que prefiere voltear a otro lado antes que agarrar una pala o mandar a la policía a agilizar las avenidas. Al parecer, a los capitalinos no nos queda más remedio que cruzarnos de brazos y esperar a la siguiente administración, porque esta ya demostró que no va a hacer lo que le toca. Es momento de dejar de hacernos tontos: si no pueden con la gestión básica de bacheo y tránsito en un municipio de 120 mil habitantes, que no nos vengan a vender sueños de grandeza para el futuro.

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