La alcaldesa de Chiautempan, Blanca Angulo Meneses, encabezó la premiación del concurso de fotografía «Chiautempan en el Día de Muertos», reconociendo a los tres primeros lugares entre 31 participantes con premios que incluyeron un iPhone, $1,500 y una cena para dos.

Durante el evento, Angulo destacó la creatividad de los participantes y la importancia de promover la cultura local a través del arte, invitando a los jóvenes a ser embajadores de las actividades del Ayuntamiento. Agradeció también a Jonathan Josué Maza Escobar, Arturo De Casa Vega y Mario Alberto A. Sedeño por su apoyo al talento emergente del municipio.

Durante su intervención, Angulo Meneses destacó el talento y la creatividad de los participantes, subrayando la importancia de promover, a través del arte, la riqueza cultural y las tradiciones que caracterizan al municipio.

Además, pidió que sean portavoces con sus familias y amigos de las actividades que el Ayuntamiento realiza, «a través de ustedes queremos que difundan las acciones que nuestro gobierno tiene para ustedes, estamos trabajando en proyectos que involucren a todos los grupos sociales».

Finalmente, agradeció a Jonathan Josué Maza Escobar, Arturo De Casa Vega y Mario Alberto A. Sedeño por apoyar estas actividades y creer en el talento de nuevas generaciones, «ustedes juegan un papel importante al apostar por los nuevos talentos de nuestro municipio», expresó.

Los jóvenes ganadores fueron Guadalupe González Sánchez, Adriana Itzel Acoltzi Espinoza y Fernando López Espinosa, originarios de comunidades del municipio.

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SOCIOLOGANTE | El celular que ya no entra al salón de clases. Dra. Elsa Martínez Flores Hay algo que debería preocuparnos más allá de si los niñas, niños y adolescentes llevarán o no el celular al salón de clases: ¿en qué momento la escuela dejó de ser suficientemente atractiva para competir por su atención? Porque mientras un maestro intenta explicar una lección durante cincuenta minutos, una pantalla puede ofrecer cientos de estímulos en cuestión de segundos. Y esto no es un problema de la calidad docente, quienes se comprometen diariamente a ejercer con el mayor profesionalismo su apostolado.  Sería fácil responsabilizarlos de una transformación para la que tampoco fueron preparados. La tecnología cambió la manera en que los estudiantes aprenden y se relacionan, mientras la escuela no siempre ha logrado acompañar ese cambio. El sociólogo Georg Franck planteó que la atención se convirtió en un recurso cada vez más valioso dentro de la sociedad contemporánea. Desde esta perspectiva, el celular es más que una distracción: forma parte de un sistema que compite permanentemente por nuestra atención, mientras la escuela intenta hacer lo mismo. Por eso la restricción puede tener sentido, especialmente en niñas, niños y adolescentes. Pero retirar el celular del aula no elimina el problema: el algoritmo seguirá esperando al estudiante cuando salga de la escuela. Porque detrás de ese aparato también existe una industria que descubrió algo muy valioso: nuestra atención. El scroll infinito, los videos breves, las notificaciones y las recomendaciones personalizadas no compiten solamente contra una clase de matemáticas; compiten contra nuestra capacidad de aburrirnos, concentrarnos, esperar y convivir. Entonces la pregunta no debería ser solamente hasta dónde prohibir, sino reeducar. Si el estudiante aprende a guardar el celular, pero no a entender cómo es que funcionan los algoritmos y cómo administrar su atención, la prohibición será solamente una pausa. Tal vez el verdadero reto para la escuela o institución no sea recuperar el mundo de antes del celular, sino encauzar la educación hacia la alfabetización digital, con las nuevas generaciones que son diferentes a las de otras décadas, porque la tecnología se desarrolló con ellos.