En Morena nacional y Tlaxcala dirán misa: que todo está a toda madre, que caminando ganan la elección de la gubernatura. Si la elección fuera hoy, quizá. Pero faltan meses y las señales deberían preocuparles.

La fractura del lorenismo, la incertidumbre del PT y la crisis de la basura forman un cóctel político que amenaza con complicar la sucesión gubernamental en Tlaxcala.

Aunque las mediciones conocidas colocan a Morena en posición favorable, sería un error confundir ventaja electoral con tranquilidad política. Mucho menos suponer que el camino hacia 2027 será un paseo sin sobresaltos. Porque mientras unos celebran anticipadamente, otros todavía cuentan las heridas.

Morena tiene los números, tiene el poder y tiene una virtual candidata: la senadora Ana Lilia Rivera Rivera. Pero hay algo que las encuestas no siempre miden: el tamaño de las fracturas internas, la fragilidad de las alianzas y el desgaste de un gobierno cuando los problemas cotidianos comienzan a rebasarlo. Y en Tlaxcala, los ingredientes están sobre la mesa.

La primera complicación está dentro de casa. El grupo político de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros no consiguió colocar a su carta principal, Alfonso Sánchez García, en la ruta de la sucesión. Y aunque públicamente se han enviado señales de disciplina partidista, eso no significa que las diferencias estén resueltas.

Sánchez García se registró como aspirante a una coordinación federal por el Distrito 2, mientras versiones periodísticas señalan que el grupo cercano a la mandataria decidió mantenerse dentro de Morena. No es ruptura consumada, pero sí tensión latente.

El lorenismo no es menor: acompaña a la actual administración y mantiene presencia en la estructura estatal. La gran interrogante es cómo se incorporará a un proyecto encabezado por una figura que no fue su primera opción. Porque en política una cosa es aceptar una decisión y otra muy distinta trabajar convencidamente por ella.

Ana Lilia y las jugadas de precisión quirúrgica.

Ana Lilia Rivera tendrá que construir acuerdos con quienes apostaron por otro proyecto y con opositores que se mueven en el ajedrez local. La foto de unidad puede lograrse en una tarde; la reconciliación política requiere bastante más.

La senadora enfrenta una etapa que exigirá capacidad de interlocución. Si su candidatura se formaliza, tendrá que responder preguntas que van más allá de las encuestas:

¿Cómo construir una relación funcional con el grupo de la gobernadora?, ¿Qué condiciones permitirían mantener la alianza con el PT?, ¿Cómo diferenciar su proyecto sin desconocer al gobierno emanado de su partido? , y lo más importante: ¿cómo responder a una ciudadanía que exige soluciones concretas a los problemas diarios?

Cada decisión tendrá consecuencias para las relaciones internas y para la construcción de su eventual proyecto de gobierno. El verdadero desafío no será conseguir la candidatura, sino demostrar que puede reunir a las distintas expresiones de Morena y ofrecer respuestas convincentes a Tlaxcala.

Las próximas jugadas deberán ser de precisión quirúrgica. Porque las divisiones internas pueden negociarse, las alianzas reconstruirse y las crisis administrativas superarse. Lo que no se recupera con facilidad es la confianza ciudadana cuando las promesas políticas dejan de coincidir con la realidad de las calles.

Y hoy por hoy, no se aprecia aun una coordinadora con el control al menos de su partido para empezar.

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LA CAMINERA...El amague del PT…El Partido del Trabajo ha puesto sobre la mesa sus diferencias: ya no se trata solo de nombres, sino de condiciones de coalición y del peso que cada fuerza quiere tener en las decisiones.

En los corrillos políticos se habla incluso de una candidatura propia del PT, acompañada por otros partidos que podrían romper con la alianza. La hipótesis de un bloque de hasta cinco fuerzas es relevante, aunque todavía no hay acuerdo formal.

El problema para Morena no sería únicamente enfrentar a otro candidato, sino perder estructuras territoriales y liderazgos municipales que hoy conviven bajo el mismo proyecto. Una separación podría alterar los equilibrios de la contienda, aunque tampoco garantiza que los inconformes logren una alternativa cohesionada.

El dilema es claro: el PT tendría que demostrar que sus diferencias pueden convertirse en propuesta electoral, y Morena tendría que decidir hasta dónde está dispuesto a negociar para conservar la coalición. Porque las alianzas no se sostienen con discursos de unidad, sino con acuerdos que todos estén dispuestos a cumplir.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS....El fantasma de la basura…El problema ya no está en las candidaturas, sino en las calles: la basura acumulada frente a las casas. La crisis dejó de ser asunto administrativo y se convirtió en un servicio público fallido con repercusiones políticas.

Las interrupciones en el relleno de Atlangatepec afectaron a decenas de municipios y evidenciaron un problema recurrente durante 2026. La ciudadanía puede ignorar las disputas partidistas, pero no la basura en su puerta.

El Radar de Conversación Pública registró que el tema concentró más atención que la disputa PT-Morena, con un saldo negativo de 78 puntos. La lección es clara: Morena gobierna Tlaxcala y la gente no solo habla de quién quiere gobernar en 2027, también de los problemas que espera que alguien resuelva hoy.

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