{"id":30521,"date":"2024-08-31T18:43:05","date_gmt":"2024-09-01T00:43:05","guid":{"rendered":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=30521"},"modified":"2024-09-01T21:34:12","modified_gmt":"2024-09-02T03:34:12","slug":"el-reportero-del-overol-cafe-in-memoriam-sergio-enrique-diaz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=30521","title":{"rendered":"El reportero del overol caf\u00e9: in memoriam Sergio Enrique D\u00edaz"},"content":{"rendered":"<p>Cr\u00f3nica narrada por el periodista Fabi\u00e1n Robles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicen que cuando alguien muere, en realidad deja de existir desde el momento\u00a0 en que ya no se le recuerda y cae en el profundo barranco del olvido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ese no es el caso ni el motivo por el que ahora nos encontramos en esta sala del Palacio Legislativo donde Sergio Enrique D\u00edaz D\u00edaz recibi\u00f3 la presea \u201cMiguel N. Lira\u201d en los a\u00f1os 2002, 2006 y 2011, merced a su trabajo period\u00edstico en El Sol de Tlaxcala, su segunda casa durante casi la mitad de su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, gracias a la iniciativa de Edgar Garc\u00eda Gallegos, estamos aqu\u00ed para recordarle y rendirle un sencillo, pero afectuoso homenaje, a un a\u00f1o de su partida de este plano terrenal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El doctor Carlos Lacayo, en su libro \u201cEpitafios\u201d reflexiona as\u00ed sobre lo que viene despu\u00e9s del momento de nuestra partida, s\u00ed, de esa de la que nadie escapa: \u201calgunas veces nos recuerda la gente que nos extra\u00f1a; otras veces nos extra\u00f1a la gente que nos recuerda\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mismo galeno -huamantleco ten\u00eda que ser- pontifica: \u201ctodo tiene que morir alg\u00fan d\u00eda; lo importante es que no muera todo el mismo d\u00eda\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El escritor y periodista colombiano Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, reflexionaba as\u00ed: \u201cla muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Recordar es f\u00e1cil para el que tiene memoria; olvidarse es dif\u00edcil para quien tiene coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De eso se trata hoy: recordar con el coraz\u00f3n un pu\u00f1ado de an\u00e9cdotas vividas al lado de Chequito -como le dec\u00eda, a cambio de que \u00e9l me dijera Zotoluco, por aquella mi afici\u00f3n a los toros- en los lejanos tiempos de 1994 cuando fuimos compa\u00f1eros en el peri\u00f3dico El Universal Tlaxcala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esa extensi\u00f3n del llamado \u201cgran diario de M\u00e9xico\u201d -de ef\u00edmera, pero inigualable existencia en el estado-, aprendimos \u201ca pensar en la rutina del caos\u201d, como dijera Garc\u00eda M\u00e1rquez; esa que nos llevaba d\u00eda a d\u00eda a una competencia feroz, pero ante todo leal y honesta, sin rencores, por ganar \u201cla de ocho\u201d como decimos en el gremio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como el escritor argentino Jorge Luis Borges dec\u00eda que \u201clos periodistas somos la memoria de los otros\u201d, vamos a hurgar en ella -a veces nebulosa, a veces como un cielo l\u00edmpido- para recordar, aunque sea brevemente, a Sergio Enrique, con la certeza de ning\u00fan periodista muere nunca y porque la muerte da valor a la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">O como apuntaba Gabo, eterno Gabo, colombiano y Nobel de Literatura: \u201cla vida no es la que uno vivi\u00f3, sino la que uno recuerda y c\u00f3mo la recuerda para contarla\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed recuerdo estos retazos de vida con Chequito. As\u00ed los cuento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Es mi orgullo haber nacido,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>en el barrio m\u00e1s humilde;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>alejado del bullicio,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>y de la falsa sociedad\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Yo no tengo la desgracia,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>de no ser hijo del pueblo;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>yo me cuento entre la gente,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>que no tiene falsedad\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las primeras estrofas de \u201cEl hijo del pueblo\u201d que salen desde la bocina de un tel\u00e9fono m\u00f3vil, rompen la paz casi siempre inalterable del camposanto. Hoy, domingo soleado y sin viento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paladas de tierra h\u00fameda caen sobre el f\u00e9retro caf\u00e9 de madera, \u00faltimo reposo de quien fuera jefe de informaci\u00f3n de El Sol de Tlaxcala durante a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inconfundible, la voz de Sergio Enrique D\u00edaz D\u00edaz gorjea la canci\u00f3n compuesta por Jos\u00e9 Alfredo Jim\u00e9nez, uno de sus \u00eddolos y tambi\u00e9n de su padre Manuel, junto a quien ya descansa en el cementerio de San Jos\u00e9 Xicoht\u00e9ncatl; en esa tierra que hoy lo reclam\u00f3, la misma que lo adopt\u00f3 hace d\u00e9cadas cuando en familia lleg\u00f3 procedente del Distrito Federal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s de una persona en el sepelio enjuga sus l\u00e1grimas sin interrumpir el llanto surgido de las cuerdas de aquella guitarra, compa\u00f1era fiel de tantas serenatas y noches de bohemia hasta el amanecer, compartidas con el hombre que hizo de su entra\u00f1able overol caf\u00e9 un signo identitario, parte de su piel de muchos d\u00edas en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respetuosa, la gente escucha en silencio la interpretaci\u00f3n musical cargada de sentimiento en voz de quien ya no est\u00e1 en este mundo terrenal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00fasica y guitarra, invitadas infaltables en este \u201chasta pronto\u201d de un \u201cbohemio de afici\u00f3n\u201d, como define al pie del sepulcro Paco Conde \u2013otro periodista huamantleco- a su excondisc\u00edpulo y excompa\u00f1ero en El Universal Tlaxcala, all\u00e1 por 1994.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Mi destino es muy parejo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>yo lo quiero como venga;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>soportando una tristeza,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>o detr\u00e1s de una ilusi\u00f3n<\/em>&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfY qu\u00e9 ilusi\u00f3n persegu\u00eda Sergio Enrique en su juventud? Ser periodista. Para y por eso, estudi\u00f3 Ciencias de la Comunicaci\u00f3n en la Universidad del Altiplano, alma mater en la que se dio tiempo de compartir sus conocimientos, sin mezquindades, a nuevas generaciones de comunic\u00f3logos y periodistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En pos de ese anhelo, todav\u00eda estudiante universitario, pidi\u00f3 apoyo para encontrar trabajo a quien fuera su maestro de locuci\u00f3n, Jos\u00e9 Guadalupe Garc\u00eda, por entonces conductor del noticiero de Televisi\u00f3n de Tlaxcala y a la par secretario particular de H\u00e9ctor Ortiz, secretario de Educaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El locutor huamantleco envi\u00f3 una tarjeta a Jos\u00e9 Antonio Sagasti y le pidi\u00f3 que diera una oportunidad a su alumno en El Sol de Tlaxcala, peri\u00f3dico del que era director aquel hombre de bigote prominente y de car\u00e1cter rudo, casi intratable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLas cosas funcionaban bien, pero un d\u00eda (Sagasti) me despidi\u00f3 porque llev\u00e9 a la oficina una nota de t\u00edteres\u201d, cont\u00f3 Sergio Enrique alguna ocasi\u00f3n en sus redes sociales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La nota no gust\u00f3 al director de El Sol de Tlaxcala quien la consider\u00f3 \u201cuna pendejada\u201d&#8230; y es que Jos\u00e9 Antonio Sagasti odiaba los t\u00edteres, qui\u00e9n sabe por qu\u00e9; as\u00ed que, sin miramiento alguno, despidi\u00f3 al reportero en ciernes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo la direcci\u00f3n de ese hombre, Sergio Enrique fue echado del diario de los tlaxcaltecas tres veces\u2026y tres veces regres\u00f3. Tozudo como era, la tercera fue la vencida y ah\u00ed se qued\u00f3, ah\u00ed ech\u00f3 ra\u00edces hasta sus \u00faltimos d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cAs\u00ed era Sagasti: rudo y cursi&#8230; terminamos siendo buenos amigos\u201d, narr\u00f3 en alguna ocasi\u00f3n en su cuenta de Facebook quien fuera uno de los primeros ganadores del Premio Estatal de Periodismo en 2002, tiempos del gobierno del entonces perredista Alfonso S\u00e1nchez Anaya.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por cierto, frente al g\u00fcerito de rancho -como le gustaba que le dijeran al esposo de Maricarmen Ram\u00edrez, la Hilaria de Tlaxcala- Sergio Enrique tuvo los arrestos necesarios para lanzarle un contundente \u201cvay\u00e1monos respetando, se\u00f1or gobernador\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cuatro palabras, pronunciadas con seguridad y firmeza, cimbraron los altos muros del Teatro Xicoht\u00e9ncatl y hasta pareci\u00f3 que las musas de la mitolog\u00eda griega -pintadas por el torero estadunidense John Fulton en el techo del inmueble- se ruborizaron un poco ante la osad\u00eda del reportero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tiempos aquellos en los que el gobierno del estado, a trav\u00e9s del llamado \u201cDec\u00e1logo de la Ignominia\u201d, busc\u00f3 de manera infructuosa controlar de manera ruin y perversa a los medios de comunicaci\u00f3n. Por eso el reclamo de Sergio Enrique.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>**Lloramos por un amigo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>que se ha ido al para\u00edso,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>para nunca regresar;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>lo vamos a extra\u00f1ar,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>adi\u00f3s amigo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>querido amigo\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El reloj marca las 15:40 horas. Una alerta de WhatsApp rompe la tranquilidad del viernes 1 de septiembre, con la frialdad de un mensaje de apenas seis palabras: \u201cuna mala noticia, falleci\u00f3 Sergio Enrique\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En instantes, la sorpresa da paso a la incredulidad, a la negaci\u00f3n, pero otros mensajes similares confirman la malhadada e infausta noticia. Entonces es cierto: Sergio Enrique muri\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es necesario saber de qu\u00e9, cu\u00e1ndo, c\u00f3mo, d\u00f3nde ni por qu\u00e9 (hoy esas preguntas infaltables en el lenguaje y el trabajo de un periodista que se precie de serlo, quedan en el olvido, sus respuestas no interesan). Ahora lo importante es estar con \u00e9l y su familia, all\u00e1 en inhumaciones Montsserrat, en la ciudad de Tlaxcala, donde ser\u00e1 velado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las 21:00 horas, personal de esa funeraria avisa que no saben en qu\u00e9 momento puede llegar el cuerpo. Esperan que les confirmen, pero calculan que ser\u00e1 despu\u00e9s de las 10 de la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una banca de metal ubicada frente a la entrada al velatorio, en una peque\u00f1a terraza sobre la banqueta del empedrado de la calle Morelos, esperamos. Desde ah\u00ed se divisa el movimiento de viernes de antro en la ciudad capital que a esta hora se convierte en una moderna Babel. Se escucha m\u00fasica por doquier. No hace fr\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paco Conde arriba a la funeraria. Una primera coincidencia es que, a Checo, hay que recordarlo por los buenos momentos que compartimos, ya en la bohemia, ya en las lides period\u00edsticas (a \u00e9l no le gustaba referirse a esta actividad como la \u201ctalacha diaria\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mois\u00e9s Morales, su excompa\u00f1ero, llega. En una camioneta de El Sol de Tlaxcala trae un par de coronas de flores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>**Nos deja un gran vac\u00edo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>que en el coraz\u00f3n lo sentimos,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>con tan s\u00f3lo recordar;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>los d\u00edas no volver\u00e1n<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>a ser los mismos,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>querido amigo\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al fin relatores y notarios de la historia diaria, contagiados del mismo virus (el del periodismo), cada quien en su particular estilo, poco a poco comenzamos a desgranar las an\u00e9cdotas que iniciaron all\u00e1 en los albores de la d\u00e9cada de los 90 del siglo pasado. S\u00ed, desde entonces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLa vida no es la que uno vivi\u00f3, sino la que uno recuerda y c\u00f3mo la recuerda para contarla\u201d. Otra vez la cita textual escrita por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez en su libro \u201cVivir para contarla\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y eso hacemos: recordar y contar los momentos que, de manera individual o en grupo, vivimos al lado de Chequito o Checo Quique, Checos. Cada qui\u00e9n su historia y su forma de contarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Te acuerdas de\u2026y tambi\u00e9n cuando\u2026te acuerdas\u2026te acuerdas\u2026te acuerdas\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora solo eso, recuerdos que quedan en la memoria, pero m\u00e1s en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paco Conde, director de \u00cdndiceMedia, recuerda la vez que, en un viaje a Canc\u00fan, se tiraron del bungee y sus tiempos de universitarios al lado de otros huamantlecos \u201cbuenos para los madrazos y nunca nos rajamos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y ni modo que Sergio se rajara si en sus tiempos mozos tambi\u00e9n practic\u00f3 la lucha libre, al lado de sus hermanos Marco (Ray Morgan) y V\u00edctor Manuel (Ricky Baby). Su nombre de batalla en el pancracio: la Pira\u00f1a Asesina, mote que tambi\u00e9n hac\u00eda valer en el periodismo, porque cuando ten\u00eda un tema interesante para reportear o un entrevistado, no lo soltaba hasta llegar a lo \u00faltimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso muchas veces, cuando ten\u00edamos informaci\u00f3n de temas espinosos, \u00e9l y yo alud\u00edamos al periodismo pira\u00f1esco, ese mismo que nos llev\u00f3 a conseguir en 1994 las actas de nacimiento -una del lugar de origen en Puebla, y la otra falsificada- que present\u00f3 un hombre para que pudiera contener por la presidencia municipal de Ixtenco, sin ser nacido en ese pueblo otom\u00ed. Lo desenmascaramos y su sue\u00f1o se frustr\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00edctor Acosta, excorresponsal de Televisa, se une al grupo y rememora los tiempos cuando, junto con Paco y Sergio, fueron compa\u00f1eros en El Sol de Tlaxcala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carlos Uribe, hoy funcionario en Coracyt, se une a la charla. En su tel\u00e9fono celular, nos muestra una fotograf\u00eda en la que aparece \u00e9l, al lado de Manuel \u201cEl Chino\u201d Amaro (qepd), Mario Mac\u00edas, Tom\u00e1s Ba\u00f1os, Dar\u00edo Amaro y un colega m\u00e1s cuyo nombre ya se olvid\u00f3. La imagen: de cuando Sergio Enrique fue presidente de la Uni\u00f3n de Periodistas del Estado de Tlaxcala (UPET) por primera vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Edgar Conde, ahora director de noticias en la estaci\u00f3n de radio \u201cLa Peligrosa\u201d de Huamantla, tiene fresca en la memoria la ocasi\u00f3n que invit\u00f3 a varios condisc\u00edpulos de la Universidad del Altiplano a colaborar en un programa de la XEHT con el impulso, desde luego, de don Ra\u00fal Romero (qepd). El primero que acept\u00f3 fue Checo, qui\u00e9n m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lupita de la Luz, Dolores Mercado, Gerardo Meneses, Yered Gallardo, Tom\u00e1s Ba\u00f1os y M\u00e1ximo Hern\u00e1ndez (director de El Sol de Tlaxcala), ya tambi\u00e9n est\u00e1n aqu\u00ed, solidarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00edctor Manuel \u00c1vila \u2013hoy titular de la Oficina Local de Atenci\u00f3n a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas en el estado-, recuerda los tiempos de estudiantes cuando el amor por la m\u00fasica le uni\u00f3 a Sergio Enrique desde el momento mismo que se conocieron como alumnos en la Universidad del Altiplano (UDA), viernes lluvioso de agosto, principios de la d\u00e9cada de los 90, por cierto. Entonces llevaron la primera de much\u00edsimas serenatas. Naci\u00f3 entonces una a\u00f1osa amistad. \u00a1Vaya par tan dispar!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cAlg\u00fan tiempo vivi\u00f3 en la casa de mi madre, donde siempre fue bien recibido. Hab\u00eda ocasiones que, con guitarra en mano, cant\u00e1bamos en el transporte p\u00fablico o en restaurantes para ganar algo de dinero. Otras veces nos contrataban para algunas serenatas\u201d, cuenta el exvocero del IFE en los tiempos del chiautempense Jorge Moreno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente a una taza de caf\u00e9, preferimos evocar tiempos idos, quiz\u00e1 como una manera de ocultar el dolor que embarga por la p\u00e9rdida del amigo y para evitar que el llanto nos invada. Es mejor recordar as\u00ed, tal cual era, al amigo que se fue\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>**Ha sido dif\u00edcil aguantar,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>este golpe al coraz\u00f3n;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>c\u00f3mo soportar la realidad,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>sobre todo este dolor\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00e1bado de oto\u00f1o en la capital del estado. Ya huele a feria de Tlaxcala. Mediados de octubre de 1994. El sem\u00e1foro de las calles Ju\u00e1rez y Lardiz\u00e1bal cambia a rojo. Sergio Enrique detiene la marcha de su Renault 5 -emblem\u00e1tico \u201czapatito\u201d, testigo mudo de incontables andanzas- en el carril derecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del lado izquierdo de la calle, junto al edificio que alberga la Secretar\u00eda de Turismo, un conductor toca insistente el claxon de la poderosa Suburban que maneja. Baja el vidrio de la portezuela contraria y nos hace se\u00f1as con la mano derecha, al tiempo que grita ordenando: \u201cs\u00edganme\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin decir nada, Sergio enfila su auto \u2013inundado de ejemplares de El Universal en el asiento trasero- hacia donde se dirige la camioneta que contin\u00faa su marcha por la avenida Ju\u00e1rez. Son m\u00e1s o menos las diez de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El conductor enfila hasta llegar a donde se encuentra el asta bandera \u2013ah\u00ed cerquita del estadio Tlahuicole- y dobla hasta ubicarse justo en la parte de atr\u00e1s, donde ya nos espera a Sergio, Paco Conde y a m\u00ed, entonces reporteros de El Universal Tlaxcala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del veh\u00edculo desciende un hombre robusto enfundado en un pants negro que en la parte trasera de la camioneta lleva bolsas repletas de frutas, verduras, hierbas, carne\u2026mercanc\u00eda de tianguis de s\u00e1bado en Tlaxcala, pues.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qui\u00e9n lo dijera: es el secretario de Gobierno, Federico Barbosa Guti\u00e9rrez, \u00a1haciendo las compras!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amable, nos saluda de mano a los tres. Quiere platicar \u201cde algo\u201d, no hay duda. Por eso nos trajo hasta aqu\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edas antes, el 7 de octubre de ese 1994, en entrevista despu\u00e9s de un acto del PRI en su sede municipal de Apizaco, el funcionario nos dijo a Valent\u00edn Ahuactzi, entonces corresponsal de Exc\u00e9lsior y a m\u00ed, que un narcotraficante hab\u00eda ofrecido al gobierno comprar el centro vacacional La Trinidad, ubicado en Santa Cruz Tlaxcala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oferta fue hecha -despu\u00e9s supimos- por el clan del narcotraficante Juan Garc\u00eda \u00c1brego a trav\u00e9s de interp\u00f3sitas personas. La noticia caus\u00f3 revuelo en el gobierno federal y los altos mandos castrenses de la \u00e9poca. Durante un mes, elementos del Ej\u00e9rcito sitiaron las instalaciones de ese centro vacacional que cuenta con un helipuerto y est\u00e1 ubicado en un punto estrat\u00e9gico para el trasiego de drogas, por eso el inter\u00e9s de comprarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la pl\u00e1tica con la tr\u00edada de reporteros, Barbosa Guti\u00e9rrez \u2013segundo hombre en importancia durante el gobierno del entonces priista Jos\u00e9 Antonio \u00c1lvarez Lima- ratifica parte de lo dicho en aquella entrevista, y remata: \u201cen Tlaxcala pasa de todo, de todo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y todo, seg\u00fan el entonces secretario de Gobierno, significaba desde tr\u00e1fico de drogas, trata de mujeres para prostituirlas, venta clandestina de armas y hasta alcohol adulterado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En unas dos horas de conversaci\u00f3n, tambi\u00e9n habla de otros temas delicados que involucran a la parentela de alt\u00edsimos funcionarios locales priistas, con la condici\u00f3n de que es \u201coff de r\u00e9cord\u201d, secretos que nunca se desvelan y que se llevan hasta la tumba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un apret\u00f3n de manos pone punto final al encuentro y el segundo m\u00e1s poderoso de Tlaxcala sube a su camioneta y se va sin siquiera ofrecernos una naranja\u2026 \u201cy eso que llevaba un costal lleno. \u00bfSe dieron cuenta?\u201d, anota Sergio Enrique con su ojo escrutador de buen cronista que guarda todo detalle en la memoria para despu\u00e9s compartirlo con los lectores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>**Este llanto es por un amigo que se fue,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>que se nos ha adelantado en el camino;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>y que Dios ha decidido tenerlo con \u00e9l,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>all\u00e1 cantar\u00e1 como lo hizo ayer&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tel\u00e9fono de la redacci\u00f3n de El Universal Tlaxcala suena insistente. Pasa del mediod\u00eda en un d\u00eda cualquiera de la semana. Coincidencia pura o pura coincidencia, Sergio Enrique es el \u00fanico en ese momento ah\u00ed. No le queda m\u00e1s remedio que contestar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La llamada es breve, casi como un suspiro. Despu\u00e9s, un segundo eterno de silencio y luego el cl\u00e1sico bip, bip, bip, indicativo de que quien est\u00e1 del otro lado del auricular, ya colg\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cMe acaban de amenazar\u201d, palabras m\u00e1s, palabras menos alcanza a decir Checo a los colegas del peri\u00f3dico que llegan en grupo quiz\u00e1 un par de minutos despu\u00e9s de la llamada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sergio Enrique est\u00e1 tr\u00e9mulo y no atina a responder, bien a bien, el alud de preguntas sin respuesta: \u00bfQui\u00e9n? \u00bfC\u00f3mo? \u00bfCu\u00e1ndo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El resto del d\u00eda Sergio est\u00e1 inquieto. Al caer la tarde a Lupita de la Luz, Patricia Montiel, Paco Conde y un servidor -paisanos todos- nos pide no dejarlo regresar solo a Huamantla y viajar en grupo al d\u00eda siguiente -y los que hagan falta- para llegar a las oficinas del peri\u00f3dico, ubicadas en el famoso Callej\u00f3n del Hambre, ah\u00ed a la vuelta de la zapater\u00eda Canad\u00e1, a unos pasos de la iglesia de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es que hay motivos para sentir temor. Sergio Enrique sabe por qu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edas despu\u00e9s del encuentro casi subrepticio con Federico Barbosa, el entonces responsable de la edici\u00f3n en Tlaxcala de El Universal, Arturo Luna Silva, convoc\u00f3 a algunos de quienes form\u00e1bamos parte de la redacci\u00f3n a una reuni\u00f3n para plantearnos que hab\u00eda comenzado a trabajar en un reportaje, a partir de lo declarado por el secretario de Gobierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La advertencia es clara, porque se trata de tema delicado hasta nuestros d\u00edas: el narco, los decomisos de droga y pistas clandestinas en Tlaxcala para el aterrizaje de avionetas cargadas de estupefacientes. S\u00ed, en esos tiempos de 1994, aunque parezca incre\u00edble. No por nada Federico Barbosa sosten\u00eda que aqu\u00ed \u201cpasa de todo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es obligatorio participar en la b\u00fasqueda de informaci\u00f3n y ni siquiera en la redacci\u00f3n del texto. Quien decide hacerlo, tambi\u00e9n tiene la libertad de autorizar si su nombre aparece como autor o no del reportaje. Todo, en aras de la seguridad personal de cada qui\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto -por cierto, quiz\u00e1 el primer reportaje de esa naturaleza y magnitud en la historia del periodismo en el estado- aparece como nota principal en la edici\u00f3n del peri\u00f3dico solo con los nombres de Arturo Luna y Sergio Enrique D\u00edaz, aunque algunos m\u00e1s tambi\u00e9n colaboramos en el aporte de informaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una plana -fotograf\u00edas incluidas- el reportaje versa en su parte medular sobre la incautaci\u00f3n de avionetas -cinco, si es que la memoria no falla- utilizadas para transportar drogas. Las aeronaves estaban bajo custodia de la entonces Procuradur\u00eda General de la Rep\u00fablica (PGR) en el aeropuerto de Atlangatepec, en esos tiempos a cargo del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cMe intentaron sacar de la carretera\u201d, me dijo Arturo Luna, d\u00edas despu\u00e9s de publicado el reportaje. Algo similar quiz\u00e1 le coment\u00f3 al resto del equipo, de ah\u00ed que la zozobra en Sergio Enrique creciera por razones l\u00f3gicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Solo entonces a Checo los compa\u00f1eros le dijeron que la primera amenaza telef\u00f3nica que recibi\u00f3, hab\u00eda sido una broma de mal gusto de alguien de la redacci\u00f3n. El nombre del autor intelectual ni el material de esa llamada ya no importa. Afortunadamente, nada pas\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aun as\u00ed, solidarios como paisanos, en la medida de nuestros tiempos, procuramos viajar casi todos los d\u00edas junto a Sergio Enrique en su \u201czapatito\u201d Renault de Huamantla a Tlaxcala y viceversa, hasta que el miedo pas\u00f3\u2026 eso s\u00ed, cooper\u00e1bamos para la gasolina porque el \u201craid\u201d no era gratis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De los intentos reales de intimidaci\u00f3n nunca se supo de d\u00f3nde provinieron. Quiz\u00e1, solo quiz\u00e1, fueron \u201ccortes\u00eda\u201d de Jorge Francisco Miranda Noricumbo, entonces delegado de la PGR y luego nombrado director de Bienes Asegurados de esa dependencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas de ese tristemente c\u00e9lebre exfuncionario -seg\u00fan cont\u00f3 el propio Sergio Enrique en alguna de sus columnas semanales en las p\u00e1ginas de El Sol de Tlaxcala- concluyeron en su asesinato, aunque las autoridades de la \u00e9poca pretextaron un infarto y as\u00ed evitaron un esc\u00e1ndalo may\u00fasculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al poco tiempo de publicado el reportaje, las avionetas incautadas al narco y resguardadas por la PGR, desaparecieron misteriosamente del aeropuerto de Atlangatepec. Nunca se supo de su destino. La \u00fanica evidencia -firmada por Arturo Luna y Sergio Enrique D\u00edaz- qued\u00f3 en las p\u00e1ginas de El Universal Tlaxcala que en febrero de 1995 dej\u00f3 de imprimirse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde entonces, cada quien tom\u00f3 su camino. El de Sergio Enrique acab\u00f3 en la redacci\u00f3n de El Sol de Tlaxcala, hasta el fin de sus d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>**Este llanto es por un amigo que se fue,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>porque as\u00ed es la vida, as\u00ed es el destino;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>cada triunfo cada aplauso, son suyos tambi\u00e9n,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>y estas l\u00e1grimas son pensando en \u00e9l:<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>el amigo que se fue\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Temas espinosos como esos y otro m\u00e1s de esc\u00e1ndalo, nunca faltaron en el trabajo reporteril de Sergio Enrique, siempre acucioso, puntual con el dato preciso, la investigaci\u00f3n robusta, el olfato desarrollado para atrapar historias de la historia de Tlaxcala, ya con sus notas, ya con sus reportajes o cr\u00f3nicas, y con sus columnas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese trabajo de pr\u00e1cticamente tres d\u00e9cadas le vali\u00f3 a Sergio Enrique ganar varios premios de periodismo, de esos que se ganan, no que se otorgan. Premios que hoy, a un a\u00f1o de distancia de su partida, se vuelven una extensi\u00f3n de su nombre y de su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Huellas indelebles de hacer periodismo, porque si algo hay que reconocerle es que, con esa pira\u00f1esca intuici\u00f3n y vocaci\u00f3n innata, \u00e9l no jugaba a hacer periodismo: hac\u00eda periodismo y lo practicaba casi en todos sus g\u00e9neros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es que el periodismo circulaba como sangre por sus venas con la fluidez de la m\u00fasica, acaso dijera alg\u00fan escritor. Tal como lo hac\u00eda en aquellas serenatas de madrugadas rom\u00e1nticas y bohemias a la luz de la luna, o en noches g\u00e9lidas y hasta lluviosas. Lo importante para \u00e9l era ser y estar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Julio Scherer, fundador de la revista Proceso y periodista sin par, dec\u00eda a prop\u00f3sito de los amigos: \u201cdos mitades que integran una unidad inseparable. La vida de dos, en uno. Las contradicciones que unen en un inter\u00e9s rec\u00edproco (el de nosotros, hacer periodismo, e hicimos de ellas un motivo para la amistad)\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez dec\u00eda que \u201cla vida, no conoce de final alguno\u201d. Entonces podemos colegir que la de Chequito, no ha terminado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sergio Enrique sigue aqu\u00ed, entre nosotros. La \u00fanica diferencia es que \u201calcanz\u00f3 a su padre en alguno de los caminos de la eternidad\u201d, dijera el escritor Juan Rulfo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora que duerme su noche en la paz de Dios, Sergio Enrique est\u00e1 a la vera de su querido Jolopo, como le dec\u00eda de cari\u00f1o a su padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y por qu\u00e9 no decirlo: ahora que est\u00e1 all\u00e1, en la redacci\u00f3n celestial, quiz\u00e1 de vez en cuando se ponga a reportear al lado de Pedro Morales y Juan Ram\u00f3n Nava, como en los tiempos de El Universal Tlaxcala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta pronto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>**Este llanto es por un amigo que se fue,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>porque as\u00ed es la vida, as\u00ed es el destino;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>cada triunfo cada aplauso, son suyos tambi\u00e9n,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>y estas l\u00e1grimas son pensando en \u00e9l:<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>el amigo que se fue\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Fabi\u00e1n Robles<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">periodista<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Agosto 2024<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>(Nota: las estrofas marcadas con ** corresponden a la letra de la canci\u00f3n \u201cEl amigo que se fue\u201d, del grupo Intocable)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cr\u00f3nica narrada por el periodista Fabi\u00e1n Robles. 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