{"id":72652,"date":"2026-05-11T20:27:04","date_gmt":"2026-05-12T02:27:04","guid":{"rendered":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=72652"},"modified":"2026-05-11T20:27:04","modified_gmt":"2026-05-12T02:27:04","slug":"entre-ruinas-y-algoritmos-entre-calendarios-y-cuidados-la-escuela-como-protesis-social-del-capitalismo-agotado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=72652","title":{"rendered":"Entre ruinas y algoritmos | Entre calendarios y cuidados: la escuela como pr\u00f3tesis social del capitalismo agotado."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\"><em><strong>Arturo J. Mart\u00edn<\/strong><\/em> | <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Hay discusiones que parecen surgir de un asunto menor y terminan exhibiendo fracturas mucho m\u00e1s profundas de una \u00e9poca. La reciente controversia sobre la reducci\u00f3n del calendario escolar en M\u00e9xico pertenece exactamente a esa categor\u00eda. Lo que comenz\u00f3 como un debate administrativo sobre d\u00edas efectivos de clase r\u00e1pidamente se transform\u00f3 en una disputa p\u00fablica sobre cuidado, agotamiento docente, g\u00e9nero, trabajo invisible y el papel real que desempe\u00f1a hoy la escuela dentro de sociedades cada vez m\u00e1s incapaces de sostener colectivamente la vida cotidiana.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Durante d\u00edas, las redes sociales se llenaron de frases previsibles. \u201cLa escuela no es guarder\u00eda\u201d. \u201cLos maestros no quieren trabajar\u201d. \u201c\u00bfY ahora qui\u00e9n cuidar\u00e1 a los ni\u00f1os?\u201d. El tono general oscilaba entre la indignaci\u00f3n moral y el sarcasmo autom\u00e1tico caracter\u00edstico de internet. Pero debajo de esa superficie hist\u00e9rica comenzaba a emerger algo m\u00e1s interesante: el reconocimiento involuntario de hasta qu\u00e9 punto millones de familias dependen estructuralmente de la escuela no s\u00f3lo para educar, sino para organizar materialmente su existencia diaria.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque cuando el calendario escolar se modifica, no s\u00f3lo cambian horarios pedag\u00f3gicos. Se alteran cadenas completas de supervivencia cotidiana: jornadas laborales, traslados, econom\u00edas familiares, tiempos de descanso y redes de cuidado. La discusi\u00f3n nunca fue \u00fanicamente educativa. Era, en el fondo, una discusi\u00f3n sobre qui\u00e9n sostiene la vida mientras el resto del sistema contin\u00faa funcionando.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En medio de ese escenario aparecieron las declaraciones de Mario Delgado se\u00f1alando que \u201cM\u00e9xico no cabe en un solo calendario escolar\u201d. La frase parec\u00eda referirse inicialmente a diferencias clim\u00e1ticas y territoriales \u2014algo dif\u00edcil de negar en un pa\u00eds donde conviven regiones a cuarenta y cinco grados con zonas serranas o contextos atravesados por problemas de movilidad y desigualdad extrema\u2014. Sin embargo, conforme avanz\u00f3 su intervenci\u00f3n, el discurso termin\u00f3 abriendo una grieta mucho m\u00e1s profunda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Delgado sostuvo que despu\u00e9s del cierre de evaluaciones y entrega de calificaciones existe una inercia institucional donde muchas escuelas permanecen abiertas \u201csin un prop\u00f3sito pedag\u00f3gico\u201d, funcionando m\u00e1s bien como espacios sostenidos por obligaci\u00f3n burocr\u00e1tica y por el cumplimiento de un conteo administrativo de d\u00edas efectivos de clase. Y ah\u00ed ocurri\u00f3 algo revelador: cientos de maestras y maestros comenzaron a expresar en las redes sociales, ora a trav\u00e9s de memes, ora a trav\u00e9s de reacciones a favor, su apoyo a esas declaraciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No necesariamente por afinidad pol\u00edtica, sino porque alguien hab\u00eda nombrado finalmente una experiencia largamente normalizada dentro del sistema educativo: la sobrecarga docente y la permanencia estudiantil en periodos donde pedag\u00f3gicamente el ciclo ya se encuentra agotado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Semanas enteras donde el trabajo escolar entra en una especie de limbo extra\u00f1o. Las evaluaciones terminaron. Los contenidos concluyeron. El desgaste colectivo es visible. Pero las aulas permanecen abiertas mientras docentes llenan plataformas, descargan burocracia, contienen grupos cansados y sostienen administrativamente la presencia f\u00edsica de estudiantes dentro del espacio escolar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y quiz\u00e1 ah\u00ed la discusi\u00f3n dej\u00f3 definitivamente de ser sobre calendarios.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque lo que apareci\u00f3 fue algo mucho m\u00e1s inc\u00f3modo: la escuela contempor\u00e1nea como dispositivo de regulaci\u00f3n social.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Aqu\u00ed el concepto de dispositivo en Michel Foucault resulta particularmente \u00fatil. Para Foucault, un dispositivo no es simplemente una instituci\u00f3n aislada, sino una red compleja de discursos, normativas, arquitecturas, pr\u00e1cticas, saberes y mecanismos destinados a organizar conductas y administrar poblaciones. La escuela moderna siempre fue parte de esa l\u00f3gica: horarios, vigilancia, distribuci\u00f3n de cuerpos, evaluaci\u00f3n, disciplina y regulaci\u00f3n temporal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero las recientes discusiones permiten observar una transformaci\u00f3n importante del propio dispositivo escolar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque si durante buena parte del siglo XX la escuela disciplinaria funcion\u00f3 principalmente para producir sujetos adaptados a la sociedad industrial, hoy parece operar tambi\u00e9n como infraestructura de contenci\u00f3n frente al agotamiento producido por el capitalismo contempor\u00e1neo. La escuela no s\u00f3lo ense\u00f1a; administra tiempos muertos, absorbe tensiones familiares, regula emocionalmente grupos enteros y sostiene parcialmente una crisis de cuidados que otras instituciones ya no pueden resolver.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y ah\u00ed la frase de Delgado sobre las escuelas convertidas en \u201cestancias forzadas\u201d provoc\u00f3 tanto ruido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">No porque redujera peyorativamente la educaci\u00f3n a guarder\u00eda, como r\u00e1pidamente acusaron algunos sectores, sino porque verbaliz\u00f3 algo que el sistema suele ocultar cuidadosamente: que gran parte de la organizaci\u00f3n cotidiana de la vida social depende silenciosamente de la capacidad de la escuela para custodiar temporalmente cuerpos infantiles y juveniles mientras madres y padres trabajan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La reacci\u00f3n de muchas familias, entonces, era completamente comprensible. Cuando se reduce el calendario escolar, emerge inmediatamente la pregunta material: \u00bfqui\u00e9n cuidar\u00e1 a hijas e hijos durante ese tiempo?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y ah\u00ed la discusi\u00f3n conecta con otro problema estructural todav\u00eda m\u00e1s profundo: la distribuci\u00f3n desigual de los cuidados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque incluso hoy, pese a d\u00e9cadas de transformaciones culturales, la carga cotidiana del cuidado sigue recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. Son ellas quienes reorganizan horarios, solicitan permisos laborales, ajustan rutinas o absorben emocionalmente las contingencias derivadas del cierre escolar. Lo interesante es que el propio Delgado termin\u00f3 reconoci\u00e9ndolo expl\u00edcitamente: el sistema econ\u00f3mico actual es incapaz de integrar humanamente el cuidado dentro de sus din\u00e1micas laborales y termina desplazando esa responsabilidad hacia las familias, particularmente hacia las madres.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Aqu\u00ed las reflexiones de Silvia Federici adquieren nuevamente una potencia inc\u00f3moda. Federici advert\u00eda que el capitalismo necesita enormes cantidades de trabajo reproductivo invisibilizado para sostener la vida cotidiana. Cocinar, limpiar, cuidar, acompa\u00f1ar emocionalmente y organizar la reproducci\u00f3n social son tareas indispensables para el funcionamiento econ\u00f3mico, aunque raramente aparezcan reconocidas como trabajo plenamente valorizado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La escuela contempor\u00e1nea termin\u00f3 insert\u00e1ndose parcialmente dentro de esa econom\u00eda invisible del cuidado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pero lo hizo bajo una ficci\u00f3n particularmente eficiente: sostener masivamente labores de regulaci\u00f3n y cuidado mientras insiste discursivamente en que su funci\u00f3n es \u00fanicamente pedag\u00f3gica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Niklas Luhmann probablemente observar\u00eda aqu\u00ed un proceso de transferencia de complejidad entre sistemas funcionales. Niklas Luhmann El sistema econ\u00f3mico descarga tensiones sobre las familias; las familias dependen de la escuela; la escuela absorbe presiones mediante docentes saturados; y el Estado intenta administrar toda la contradicci\u00f3n mediante calendarios homog\u00e9neos para realidades radicalmente desiguales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por eso las recientes declaraciones produjeron tanta resonancia entre el magisterio. Porque por un instante se rompi\u00f3 la normalizaci\u00f3n del agotamiento. La sobrecarga dej\u00f3 de aparecer como simple vocaci\u00f3n moral y comenz\u00f3 a nombrarse como problema estructural.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y ah\u00ed vuelve a aparecer Foucault. Porque el dispositivo funciona mejor precisamente cuando sus mecanismos dejan de percibirse como construcciones hist\u00f3ricas y comienzan a sentirse inevitables. El cuidado gratuito se moraliza. El desgaste se romantiza. La burocracia se naturaliza. Y la escuela termina administrando silenciosamente tensiones econ\u00f3micas, familiares y emocionales que exceden completamente la ense\u00f1anza de contenidos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Tal vez por eso esta discusi\u00f3n gener\u00f3 tanta incomodidad colectiva.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Porque revel\u00f3 algo que normalmente preferimos no mirar demasiado de cerca: que la escuela contempor\u00e1nea no s\u00f3lo transmite conocimientos. Tambi\u00e9n sostiene precariamente el equilibrio emocional y log\u00edstico de sociedades agotadas que hace tiempo comenzaron a delegar sus crisis estructurales sobre docentes, familias y especialmente sobre las mujeres encargadas hist\u00f3ricamente del cuidado.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo J. 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