{"id":74276,"date":"2026-05-27T13:57:16","date_gmt":"2026-05-27T19:57:16","guid":{"rendered":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=74276"},"modified":"2026-05-27T13:57:16","modified_gmt":"2026-05-27T19:57:16","slug":"entre-ruinas-y-algoritmos-biopolitica-naranja-trump-y-la-parodia-del-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=74276","title":{"rendered":"Entre ruinas y algoritmos | Biopol\u00edtica naranja: Trump y la parodia del poder."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Arturo J. Mart\u00edn | No son pocos los analistas que consideran el segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos una de las peores noticias recientes para esa naci\u00f3n: un retroceso en materia democr\u00e1tica, en respeto a la diversidad y en la ya fr\u00e1gil separaci\u00f3n entre poder pol\u00edtico y poder econ\u00f3mico. Pero, aunque suene inc\u00f3modo, habr\u00eda que concederle algo a Trump. Su administraci\u00f3n ha tenido la virtud involuntaria de desnudar buena parte del mito estadounidense. Ese mito seg\u00fan el cual Estados Unidos aparec\u00eda, una y otra vez, como el gran garante de la armon\u00eda social, el tutor moral de Occidente, el rescatista final de la especie humana ante cualquier amenaza: guerras, terremotos, glaciaciones, radiaciones, meteoritos, ataques bacteriol\u00f3gicos o kaijus particularmente irritados con el progreso y la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-74279 alignleft\" src=\"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WhatsApp-Image-2026-05-27-at-1.56.50-PM-300x173.jpeg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"173\" srcset=\"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WhatsApp-Image-2026-05-27-at-1.56.50-PM-300x173.jpeg 300w, https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WhatsApp-Image-2026-05-27-at-1.56.50-PM.jpeg 411w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Hollywood hizo su parte. Durante d\u00e9cadas convirti\u00f3 ese imaginario en pedagog\u00eda global. Nos ense\u00f1\u00f3 que, ante el desastre, siempre habr\u00eda una bandera ondeando al fondo, una agencia de inteligencia operando en secreto, un presidente solemne mirando por la ventana y un soldado emocionalmente mutilado dispuesto a salvar al mundo. La biopol\u00edtica, en su versi\u00f3n m\u00e1s foucaultiana, pod\u00eda entonces presentarse como defensa de la libertad. Vigilar, intervenir, invadir, sancionar o bombardear no eran actos de dominaci\u00f3n, sino sacrificios necesarios en nombre de una humanidad que, curiosamente, siempre deb\u00eda ser salvada desde Washington.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 ese relato ya no funciona con la misma eficacia. La generaci\u00f3n Z no parece demasiado interesada en los h\u00e9roes ultramasculinos, las naciones hipertrofiadas ni los Rambos con esteroides geopol\u00edticos. La \u00e9pica imperial envejeci\u00f3 mal. Se le notan las costuras. Y Trump, con su torpeza performativa, termin\u00f3 por exhibir aquello que antes se envolv\u00eda en solemnidad institucional. La biopol\u00edtica ya no necesita demasiados disfraces. Corre desnuda. O casi. Ya no requiere con tanta insistencia del viejo vocabulario civilizatorio ni de la ret\u00f3rica liberal que sus propios seguidores desprecian bajo la etiqueta de \u201cwoke\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conviene precisar el t\u00e9rmino. \u201cWoke\u201d surgi\u00f3 en contextos afroamericanos para aludir a una conciencia cr\u00edtica frente al racismo y las injusticias estructurales. Con el tiempo, sobre todo en el discurso conservador estadounidense, fue convertido en una palabra comod\u00edn para ridiculizar pol\u00edticas de inclusi\u00f3n, diversidad, derechos civiles, perspectiva de g\u00e9nero o cualquier forma de sensibilidad progresista. En boca de la derecha trumpista, \u201cwoke\u201d ya no designa una posici\u00f3n pol\u00edtica precisa. Funciona m\u00e1s bien como insulto, contrase\u00f1a y espantap\u00e1jaros cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La paradoja es evidente. Mientras se denuncia lo \u201cwoke\u201d como amenaza moral, se toman decisiones que responden a viejas l\u00f3gicas imperiales: recursos naturales, petr\u00f3leo, oro, mercados, sanciones, privilegios fiscales, negocios familiares, operaciones burs\u00e1tiles, blindajes legales y favores pol\u00edticos. La libertad aparece de nuevo, pero como escenograf\u00eda. Detr\u00e1s est\u00e1n los mismos mecanismos de acumulaci\u00f3n. M\u00e1s burdos. M\u00e1s descarados. Menos elegantes, si alguna vez lo fueron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A ello se suma la dimensi\u00f3n casi grotesca de su autoprotecci\u00f3n pol\u00edtica: intentos de blindarse frente a investigaciones futuras, gestos de impunidad preventiva, recompensas simb\u00f3licas y materiales para quienes participaron en la insurrecci\u00f3n de 2021, adem\u00e1s de una red de especulaci\u00f3n y negocios que acompa\u00f1a a su entorno como una sombra demasiado visible. En otro tiempo, el poder intentaba parecer republicano. Ahora parece suficiente con gritar m\u00e1s fuerte que el esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La situaci\u00f3n con Ir\u00e1n condensa bien esta deriva. Cada semana, como si la pol\u00edtica exterior fuera una mala rutina televisiva, Trump parece obligado a publicar un nuevo ultim\u00e1tum. Amenaza. Retrocede. Declara victorias que nadie alcanza a verificar. Vuelve a amenazar. La guerra, seg\u00fan \u00e9l, ha sido ganada tantas veces que ha perdido incluso su valor propagand\u00edstico. Mientras tanto, el combustible sigue caro, la ciudadan\u00eda reprueba su manejo y el espect\u00e1culo contin\u00faa, degradado ya no en tragedia, sino en parodia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese quiz\u00e1 sea el punto. La administraci\u00f3n Trump se ha convertido en la parodia de las grandes producciones hollywoodenses que alguna vez fabricaron la imagen de la Casa Blanca como centro moral del planeta. Ya no vemos estadistas \u00e9picos tomando decisiones dif\u00edciles por el bien de la humanidad. Vemos una s\u00e1tira involuntaria. Un remake barato. Una superproducci\u00f3n agotada donde el h\u00e9roe envejeci\u00f3, el guion se repite y los efectos especiales apenas alcanzan para ocultar la corrupci\u00f3n del decorado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estados Unidos no dej\u00f3 de representar poder. Eso ser\u00eda ingenuo. Pero Trump ha vuelto obsceno ese poder. Le quit\u00f3 la m\u00fasica de John Williams, el plano heroico, la bandera en c\u00e1mara lenta. Lo dej\u00f3 ah\u00ed, bajo la luz blanca y cruel de la administraci\u00f3n contempor\u00e1nea: petr\u00f3leo, deuda, frontera, vigilancia, resentimiento, espect\u00e1culo. El imperio ya no necesita salvar al mundo. Le basta con monetizar su ruina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo J. Mart\u00edn | No son pocos los analistas que consideran el segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos una de las peores noticias recientes para esa naci\u00f3n: un retroceso en materia democr\u00e1tica, en respeto a la diversidad y en la ya fr\u00e1gil separaci\u00f3n entre poder pol\u00edtico y poder econ\u00f3mico. 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