{"id":90997,"date":"2026-11-03T07:05:25","date_gmt":"2026-11-03T13:05:25","guid":{"rendered":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=90997"},"modified":"2026-11-03T07:05:25","modified_gmt":"2026-11-03T13:05:25","slug":"entre-ruinas-y-algoritmos-los-muertos-no-llegaron-de-hollywood","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/labestiapolitica.com.mx\/?p=90997","title":{"rendered":"Entre ruinas y algoritmos | Los muertos no llegaron de Hollywood."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>Arturo Ju\u00e1rez Mart\u00ednez<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre m\u00e1scaras de pl\u00e1stico, industrias culturales y la disputa por nuestros muertos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En alg\u00fan momento de la d\u00e9cada de los ochenta, mi padre nos llev\u00f3 a La Merced, en la Ciudad de M\u00e9xico, a comprar unas m\u00e1scaras para la Noche de Brujas. No recuerdo exactamente el a\u00f1o, pero s\u00ed aquellas m\u00e1scaras de pl\u00e1stico delgado y quebradizo, con dos orificios apenas suficientes para mirar y un miserable hilo el\u00e1stico que deb\u00eda sujetarse detr\u00e1s de la cabeza, entre las orejas. Bastaba un movimiento brusco para que el pl\u00e1stico se rompiera o el el\u00e1stico terminara por reventarse. Eran las t\u00edpicas m\u00e1scaras de los ochenta. Baratas, inc\u00f3modas y, por alguna raz\u00f3n, extraordinarias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No recuerdo tampoco qu\u00e9 monstruo eleg\u00ed. Probablemente alguno que hab\u00eda visto en la televisi\u00f3n o en las pel\u00edculas de terror que circulaban por aquellos a\u00f1os. Lo que s\u00ed recuerdo es la experiencia de ir a conseguirlas. La Merced, las mercanc\u00edas, los disfraces, mi padre y nosotros participando de una celebraci\u00f3n que, seg\u00fan algunas narrativas que hoy circulan por las redes sociales, tendr\u00eda que resultarnos culturalmente ajena, cuando no abiertamente sospechosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, sin embargo, ah\u00ed est\u00e1bamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mucho antes de las redes sociales, de los algoritmos de recomendaci\u00f3n y de la supuesta invasi\u00f3n cultural que algunos denuncian cada octubre, el Halloween ya formaba parte de determinadas experiencias cotidianas en M\u00e9xico. No desplazaba necesariamente las ofrendas, las visitas a los panteones ni las m\u00faltiples formas en que las familias se relacionaban con sus muertos. Simplemente coexist\u00eda con ellas, como tantas otras pr\u00e1cticas que se incorporan, transforman y resignifican en la vida social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo recuerdo ahora porque hay toda una campa\u00f1a desplegada en redes sociales para disputar el sentido de los s\u00edmbolos asociados al D\u00eda de Muertos. Por una parte, aparecen quienes pretenden vincular estas celebraciones con fuerzas oscuras, pr\u00e1cticas demon\u00edacas o amenazas espirituales. Por otra, quienes, con una sorprendente seguridad, atribuyen algunas de sus expresiones m\u00e1s reconocibles a producciones hollywoodenses como Spectre, de James Bond, o Coco, de Disney y Pixar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo segundo resulta particularmente absurdo cuando se confunde la influencia de estas pel\u00edculas sobre determinadas expresiones contempor\u00e1neas con el origen hist\u00f3rico de las celebraciones. No es lo mismo reconocer que el desfile de la Ciudad de M\u00e9xico, iniciado en 2016, tuvo como antecedente inmediato la secuencia inicial de Spectre, que suponer que Hollywood invent\u00f3 la relaci\u00f3n cultural de los mexicanos con la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es que antes de James Bond y de Coco ya estaban las calaveras de Jos\u00e9 Guadalupe Posada, incluida aquella Garbancera que terminar\u00eda convirti\u00e9ndose en La Catrina; el mural Sue\u00f1o de una tarde dominical en la Alameda Central, de Diego Rivera; las im\u00e1genes de \u00a1Que viva M\u00e9xico!, de Eisenstein; Macario, de Roberto Gavald\u00f3n, y, por supuesto, los muertos de Comala en Pedro P\u00e1ramo, de Juan Rulfo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se trata de obras equivalentes ni de expresiones que puedan reducirse a una misma tradici\u00f3n. Precisamente ah\u00ed reside su importancia. La muerte ha sido representada en M\u00e9xico como s\u00e1tira pol\u00edtica, experiencia religiosa, memoria colectiva, tragedia, cr\u00edtica social y hasta como una forma bastante peculiar de convivencia entre vivos y muertos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada de esto comenz\u00f3 con Pixar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque tampoco tendr\u00eda mucho sentido negar que las industrias culturales han participado en la transformaci\u00f3n de nuestras representaciones sobre la muerte. Lo han hecho durante d\u00e9cadas, mucho antes de las plataformas digitales. Basta recordar el cine de terror mexicano, las pel\u00edculas de luchadores enfrent\u00e1ndose a vampiros y momias, las historietas, los programas de televisi\u00f3n o las mercanc\u00edas que circulaban por mercados como La Merced.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquellas m\u00e1scaras que compr\u00e1bamos en los ochenta eran tambi\u00e9n productos de una industria cultural. Reproduc\u00edan monstruos, personajes e imaginarios que llegaban de otros lugares. Pero su consumo no implicaba una renuncia autom\u00e1tica a nuestras pr\u00e1cticas culturales. Su significado se constru\u00eda en el contexto de nuestras experiencias, no exclusivamente en las intenciones de quienes las fabricaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 por eso me resulta tan problem\u00e1tica esa necesidad contempor\u00e1nea de establecer fronteras aparentemente infranqueables entre el D\u00eda de Muertos y el Halloween. Como si el primero representara una identidad mexicana pura, inalterada y aut\u00e9ntica, mientras el segundo fuera una contaminaci\u00f3n extranjera que habr\u00eda que erradicar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e9xico nunca ha sido culturalmente homog\u00e9neo. Ni siquiera cuando se trata de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las celebraciones de Janitzio, Pomuch, la Huasteca o los barrios de la Ciudad de M\u00e9xico no son id\u00e9nticas entre s\u00ed. Tampoco lo son las pr\u00e1cticas dom\u00e9sticas, comunitarias, religiosas o comerciales que se desarrollan durante estos d\u00edas. Algunas conservan elementos de larga duraci\u00f3n; otras incorporan formas recientes de representaci\u00f3n y consumo. Y muchas hacen ambas cosas simult\u00e1neamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pretender que existe una \u00fanica manera leg\u00edtima de celebrar a los muertos supone desconocer justamente aquello que se dice defender: la diversidad hist\u00f3rica y cultural de estas pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo interesante, entonces, no es \u00fanicamente la ignorancia hist\u00f3rica que atraviesa ciertas publicaciones, sino las condiciones que permiten su producci\u00f3n, circulaci\u00f3n y legitimaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque estas campa\u00f1as no aparecen en el vac\u00edo. Se desarrollan en un entorno comunicativo donde la indignaci\u00f3n, el miedo y la simplificaci\u00f3n constituyen recursos particularmente eficaces para captar atenci\u00f3n. Donde una imagen acompa\u00f1ada de una afirmaci\u00f3n categ\u00f3rica puede circular m\u00e1s r\u00e1pidamente que cualquier explicaci\u00f3n hist\u00f3rica, y donde la reiteraci\u00f3n termina por confundirse con evidencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hace falta imaginar una conspiraci\u00f3n organizada para reconocer que existen intereses religiosos, pol\u00edticos y comerciales disputando el significado de nuestras celebraciones. Tampoco es necesario atribuirles a los algoritmos una voluntad propia. Basta observar c\u00f3mo las plataformas favorecen la circulaci\u00f3n de determinadas narrativas, especialmente aquellas que producen reacciones inmediatas, mientras otras interpretaciones, m\u00e1s complejas y menos espectaculares, apenas consiguen hacerse visibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y aqu\u00ed hay una cuesti\u00f3n que me parece central: no estamos \u00fanicamente ante una discusi\u00f3n sobre el origen de ciertas celebraciones, sino frente a una disputa por qui\u00e9n tiene la capacidad de definir su significado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los s\u00edmbolos son separados de sus contextos, reinterpretados desde determinados intereses y puestos nuevamente en circulaci\u00f3n como si esas nuevas lecturas fueran las \u00fanicas posibles. Una operaci\u00f3n de desterritorializaci\u00f3n y reterritorializaci\u00f3n cultural que termina por reducir pr\u00e1cticas hist\u00f3ricamente diversas a explicaciones morales, religiosas o comerciales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no deja de ser ir\u00f3nico que algunos de estos discursos se presenten como una defensa de la tradici\u00f3n, cuando en realidad pretenden imponerle una interpretaci\u00f3n \u00fanica a un conjunto de pr\u00e1cticas que hist\u00f3ricamente han sido diversas, contradictorias y cambiantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por supuesto, tampoco conviene idealizar esa diversidad. Las industrias culturales y tur\u00edsticas tienen una enorme capacidad para apropiarse de s\u00edmbolos, convertirlos en mercanc\u00edas y devolverlos a las comunidades como representaciones aparentemente aut\u00e9nticas de s\u00ed mismas. Disney no invent\u00f3 el D\u00eda de Muertos, pero s\u00ed participa de su circulaci\u00f3n global como producto cultural. Y el desfile surgido despu\u00e9s de Spectre demuestra que incluso una ficci\u00f3n cinematogr\u00e1fica puede terminar incorpor\u00e1ndose a las pr\u00e1cticas institucionales de una ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cuesti\u00f3n no consiste en negar esas transformaciones, sino en preguntarnos qui\u00e9nes participan en ellas, bajo qu\u00e9 condiciones y con qu\u00e9 consecuencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque una cosa es que las culturas se transformen mediante intercambios y apropiaciones, y otra muy distinta que determinados actores pretendan monopolizar el significado de esas transformaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelvo entonces a aquellas m\u00e1scaras de pl\u00e1stico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seguramente terminaron rotas o en la basura pocos d\u00edas despu\u00e9s. No eran objetos destinados a sobrevivir. Mucho menos a convertirse en testimonios de alguna tradici\u00f3n. Y, sin embargo, varias d\u00e9cadas despu\u00e9s contin\u00fao record\u00e1ndolas, no tanto por los monstruos que representaban, sino por la experiencia de haber ido a comprarlas con mi padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez ah\u00ed haya algo que las industrias culturales todav\u00eda no consiguen administrar por completo: las formas en que los objetos, incluso los m\u00e1s insignificantes, se incorporan a nuestra memoria y adquieren sentidos que exceden su condici\u00f3n de mercanc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No necesito reivindicar aquellas m\u00e1scaras como parte de una tradici\u00f3n nacional. Tampoco pedir disculpas por haber celebrado Halloween en el M\u00e9xico de los ochenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo verdaderamente preocupante ser\u00eda aceptar que nuestras experiencias culturales necesitan ser autorizadas retrospectivamente por alg\u00fan predicador, una corporaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica o un algoritmo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque al final, mientras unos se empe\u00f1an en explicarnos qu\u00e9 significan nuestros muertos, otros hacen negocio con ellos. Y entre ambos parecen olvidar algo bastante elemental: los muertos ya estaban aqu\u00ed mucho antes de que alguien descubriera que tambi\u00e9n pod\u00edan monetizarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Ju\u00e1rez Mart\u00ednez Sobre m\u00e1scaras de pl\u00e1stico, industrias culturales y la disputa por nuestros muertos En alg\u00fan momento de la d\u00e9cada de los ochenta, mi padre nos llev\u00f3 a La Merced, en la Ciudad de M\u00e9xico, a comprar unas m\u00e1scaras para la Noche de Brujas. 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