En política, una fotografía o un video no siempre demuestra un acuerdo, pero casi nunca es inocente. Mucho menos cuando en la misma mesa aparecen una gobernadora, un exgobernador convertido nuevamente en actor electoral y uno de los aspirantes más visibles a sucederla.
El video de Lorena Cuéllar Cisneros, Héctor Israel Ortiz Ortiz y Alfonso Sánchez García provocó especulaciones porque reunió, en un solo cuadro, al poder actual, a una estructura partidista que busca negociar su lugar en 2027 y a un aspirante señalado por sus adversarios como el proyecto que tendría el respaldo del gobierno estatal.
El problema no es únicamente que se hayan encontrado. El verdadero problema es que sus explicaciones no terminan de coincidir.
Lorena Cuéllar asegura que estaba reunida principalmente con Héctor Ortiz para hablar sobre el cambio de rectoría de la Universidad Autónoma de Tlaxcala y otros asuntos de interés para el estado. Según su versión, Alfonso Sánchez llegó después, saludó brevemente y cada quien continuó con sus actividades.
Alfonso Sánchez sostiene algo parecido, aunque con ciertos matices. Dice que estaba desayunando en el mismo establecimiento, vio al personal de la gobernadora y decidió acercarse. Afirma que permaneció únicamente dos o tres minutos y que salir al mismo tiempo provocó una interpretación equivocada.
Hasta ahí, podría aceptarse la casualidad.
Pero Héctor Ortiz describe el encuentro como una reunión de cortesía y buena voluntad. Además, aprovecha para explicar que el Partido Alianza Ciudadana tiene las puertas abiertas para escuchar aspirantes, construir acuerdos y analizar una eventual alianza rumbo a 2027.
Entonces, ¿fue un saludo de dos minutos, una coincidencia en un restaurante, una conversación sobre la Universidad Autónoma de Tlaxcala o un primer acercamiento dentro de la lógica electoral?
Pónganse de acuerdo.
Porque mientras la gobernadora intenta colocar el episodio dentro de la agenda institucional, Alfonso Sánchez busca reducirlo a una casualidad y Héctor Ortiz lo reconoce como parte de una política de diálogo con quienes aspiran a competir por la gubernatura.
Ninguno admite un pacto. Tampoco existe una prueba pública que permita afirmar que ya hubo un acuerdo electoral. Sin embargo, las propias declaraciones abrieron más dudas de las que pretendían cerrar.
Héctor Ortiz fue particularmente claro en algo: el PAC quiere construir una alianza ganadora, conseguir espacios políticos y analizar con qué candidatura podría participar. También reconoció que ya conversa con diferentes aspirantes como Raymundo Vázquez y que estaría dispuesto a reunirse con Ana Lilia Rivera, Carlos Augusto Pérez y otros actores.
Eso convierte cualquier encuentro en una mesa de exploración política, aunque sus participantes prefieran llamarlo cortesía, casualidad o saludo.
Además, el exgobernador admitió que, durante su administración, procuró cuidar su sucesión. Consideró legítimo que un gobierno busque continuidad para determinados proyectos, siempre que se respete la ley.
Su postura contrasta directamente con la del también exgobernador Mariano González Zarur, quien, en una reciente entrevista con La Bestia Política, 385° y Estilo Tlax, sostuvo que “gobernador no pone gobernador” y que la titular del Ejecutivo debería concentrarse en cuidar el estado, las finanzas públicas y las obras, en lugar de intervenir en la definición de quien ocupará el cargo después de ella.
- Dos exgobernadores y dos visiones completamente distintas.
Héctor Ortiz considera natural cuidar la continuidad. Mariano González advierte que meter las manos puede resultar contraproducente. Lorena Cuéllar asegura que nadie será obligado a apoyar a determinado aspirante. Alfonso Sánchez afirma que las especulaciones responden al nerviosismo de sus adversarios.
Pero el nerviosismo no aparece de la nada.
Surge cuando las campañas internas se adelantan, las bardas se multiplican, los aspirantes recorren municipios y los encuentros privados se explican mediante versiones que no terminan de encajar.
La gobernadora tiene derecho a reunirse con actores políticos. Héctor Ortiz puede conversar con cualquier aspirante. Alfonso Sánchez puede saludar a quien considere conveniente. El problema comienza cuando se pretende convencer a la ciudadanía de que un encuentro entre tres figuras directamente vinculadas con la sucesión fue completamente irrelevante.
En política, las formas también comunican.
Puede que no haya existido un acuerdo. Puede que verdaderamente haya sido una coincidencia. Pero quienes participan en la vida pública saben perfectamente que cada fotografía, reunión y gesto adquiere significado cuando la sucesión gubernamental ya domina la conversación estatal.
Por eso, más que indignarse por las preguntas, tendrían que ofrecer una explicación común, clara y creíble.
Porque cuando cada protagonista cuenta una versión distinta, la sospecha no la fabrican los medios ni la oposición, la provocan ellos mismos… Se lo digo así, sin maquillaje, ni retoques.