Ana Lilia Rivera Rivera

La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Tlaxcala dejó una idea que vale la pena reflexionar: el bienestar de las familias y la soberanía nacional son asuntos que están profundamente relacionados.

Durante muchos años se pensó que la soberanía era un concepto reservado para la política exterior, para los tratados internacionales o para las decisiones de los gobiernos. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que también se expresa en la vida cotidiana de las personas.

Un país es más soberano cuando puede garantizar educación a sus jóvenes, acceso a la salud, vivienda digna, infraestructura y oportunidades para quienes históricamente quedaron al margen del desarrollo.

Por eso tienen importancia los anuncios realizados por la presidenta Claudia Sheinbaum para Tlaxcala: más de 17 mil Viviendas para el Bienestar; nuevos espacios educativos del Bachillerato Nacional “Margarita Maza”, de la Universidad Nacional Rosario Castellanos y del Instituto Politécnico Nacional (IPN); consultorios médicos para fortalecer la atención primaria; obras de infraestructura carretera y acciones para el saneamiento del río Atoyac.

No sólo son números o inversiones públicas. Se trata de derechos que se amplían y de condiciones que permiten mejorar la vida de miles de familias.

Por ejemplo, la educación abre caminos para las nuevas generaciones. La vivienda brinda estabilidad y patrimonio. La salud protege a las personas en los momentos más difíciles. La infraestructura comunica comunidades y fortalece la economía local. El cuidado del medio ambiente significa pensar en el presente, pero también en el futuro.

Hoy en día más de 460 mil tlaxcaltecas reciben algún Programa para el Bienestar. Detrás de esa cifra hay estudiantes, personas adultas mayores, mujeres, campesinos y familias que encuentran respaldo en políticas públicas orientadas a reducir desigualdades.

Los avances alcanzados no significan que todos los problemas estén resueltos. Persisten desafíos importantes en materia de empleo, medio ambiente, seguridad y desarrollo regional. Pero reconocer lo que aún falta no debe impedir valorar lo que se ha construido.

Tlaxcala tiene capacidades, historia y gente trabajadora. Tiene también la oportunidad de seguir creciendo a partir de una visión que coloque en el centro a las personas y fortalezca los derechos como base del desarrollo.

Tlaxcala conoce bien el valor del trabajo colectivo y de la organización comunitaria. Nuestra historia está ligada a la defensa del territorio, de las decisiones propias y de la capacidad de construir un destino común. Por eso, cuando la presidenta afirma que son las y los mexicanos quienes deciden el rumbo del país, se expresa un principio que debe seguir guiando la vida pública.

En tiempos de incertidumbre internacional, cuidar la soberanía también significa fortalecer nuestra economía, ampliar oportunidades y garantizar que el bienestar llegue a todos los rincones del país. Ese es el sentido de las transformaciones que hoy vive México: que el progreso no sea privilegio de unos cuantos, sino una realidad compartida por todas y todos los mexicanos.

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