Reuniones negadas, bendiciones anticipadas y bandos en movimiento.
En Tlaxcala ya nadie disimula. La sucesión de 2027 dejó de ser un murmullo entre corrillos políticos y se convirtió en una disputa abierta por el control de Morena, del gobierno y de las estructuras que buscan sobrevivir al próximo sexenio.
Los movimientos recientes no fueron casuales. La reunión —o la “no reunión”— entre Héctor Ortiz Ortiz, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros y Alfonso Sánchez García sacudió el tablero porque juntó, al menos simbólicamente, a tres piezas con peso propio: el fundador del PAC, la mandataria estatal y uno de los aspirantes más visibles a la coordinación de la defensa de la transformación.
La versión oficial intentó reducir el encuentro a temas universitarios y asuntos de interés estatal. Puede ser. Pero en política las fotografías, los saludos y las coincidencias también hablan. Y cuando la sucesión está tan adelantada, ninguna reunión entre figuras de ese nivel resulta inocente.
Ortiz insiste en que el PAC dialogará con todos los perfiles. Esa declaración confirma que no pretende ser espectador: mide escenarios, recuerda que su organización aún puede aportar estructura, votos y capacidad de negociación. “Veremos a quién le interesa nuestro 8 por ciento”, soltó.
Por eso la reunión generó tantas interpretaciones. No porque ahí se haya sellado un acuerdo, sino porque exhibe que los canales de comunicación entre el gobierno estatal, Alfonso Sánchez y el grupo orticista siguen abiertos. A la gobernadora parece ya no importarle las críticas o alguna denuncia por intromisión en el proceso.
La política tlaxcalteca entró en la etapa en la que nadie quiere quedarse sin silla cuando termine la música.
Mientras el equipo cercano a la gobernadora coloca toda la carne en el asador para impulsar a Alfonso Sánchez García, el bloque que respalda a Ana Lilia Rivera también acelera. La senadora con licencia aparece en mediciones, multiplica reuniones y suma actores que antes militaron en otros partidos o se enfrentaron públicamente con Morena.
No es extraño. En política, las convicciones suelen durar hasta que comienza la repartición de candidaturas.
Ana Lilia representa un proyecto con identidad propia, estructura nacional y vínculos con los sectores más ideológicos de Morena. Alfonso Sánchez, por su parte, carga con el respaldo del grupo gobernante, promoción territorial y la cercanía de funcionarios y operadores de la administración estatal y municipal.
Ambos proyectos avanzan hacia una confrontación inevitable.
La verdadera pregunta no es quién encabeza las encuestas, sino cuál de los dos tendría la capacidad de reconocer una derrota interna y sumarse al vencedor. Hasta ahora, ninguno parece dispuesto.
Ahí comienza el mayor riesgo para Morena.
El partido conserva fuerza electoral y estructura suficiente para competir con ventaja en 2027. Pero una fractura entre los grupos de Rivera y Sánchez podría abrir una posibilidad que hoy parece remota: la alternancia.
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LA CAMINERA..Tiempos de definiciones. Lorena Cuéllar deberá decidir hasta dónde compromete su capital político en favor de Alfonso Sánchez. Ana Lilia Rivera tendrá que demostrar si su respaldo nacional alcanza para superar las estructuras estatales. Héctor Ortiz definirá si construye alianza con el oficialismo, con la oposición o si convierte al PAC en tercera vía.
El Verde resolverá si Chava Santos será candidatura real o ficha de negociación. Y la oposición deberá decidir si sigue mirando cómo Morena se divide o si finalmente construye alternativa sólida.
Porque el triunfo de Morena no está asegurado por decreto, encuesta ni declaración de exgobernador.
Morena puede conservar el poder, sí. Pero también puede perderlo si convierte la candidatura en guerra sin retorno.
Las bardas, las fotos y las encuestas apenas son la superficie. Debajo se libra la disputa más profunda: quién controlará el gobierno, quién administrará el presupuesto y quién decidirá el futuro político de Tlaxcala.
La sucesión está que arde.
Y quienes todavía aseguran que “solo dialogan” deberían buscar una explicación más convincente. En política, las coincidencias existen. Pero tantas coincidencias juntas ya parecen estrategia.
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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…La declaración…En medio del escenario apareció Mariano González Zarur para lanzar una declaración que agitó más las aguas.
El exgobernador afirmó que Morena tiene prácticamente asegurada la gubernatura por un sexenio más. Según su lectura, la oposición no cuenta con fuerza suficiente para derrotar al partido gobernante ni en Tlaxcala, ni en el país.
Pero la afirmación tiene contradicciones. Mariano habla de triunfo inevitable y al mismo tiempo advierte descontrol, promoción adelantada, gastos excesivos y una sucesión fuera de tiempo. Reconoce la fortaleza electoral, pero cuestiona las condiciones del proceso interno.
También pide a Lorena Cuéllar sacar las manos de la sucesión y recuerda que “gobernador no pone gobernador”. Su mensaje es claro: quien gobierna debe cuidar las finanzas y garantizar transparencia, no dedicar el final de su mandato a fabricar sucesor.
El señalamiento no es menor. Mariano sabe cómo funciona una sucesión: puso a Marco Mena por orden presidencial según él, gobernó Tlaxcala y conoce la lógica del poder. Cuando afirma que un gobernador no designa a su sucesor, reconoce que la decisión final puede estar por encima del poder estatal.
Su frase sobre no ponerse “con Sansón a las patadas” ni enfrentarse “al águila” apunta a un destinatario evidente: la Presidencia de la República y la dirigencia nacional de Morena tendrán la última palabra.
Aunque evitó mencionar directamente a su aspirante favorita, habló de una persona favorecida en encuestas nacionales. Sus señales apuntan hacia Ana Lilia Rivera. No pronunció el nombre, pero tampoco era necesario.
El exgobernador intentó presentarse como voz distante, pero su declaración terminó como respaldo indirecto y advertencia al grupo de Lorena Cuéllar: la candidatura no se decidirá solo desde Palacio de Gobierno.
Lo que no contaba era el surgimiento del escándalo de su nuera.
Una investigación publicada por Código Magenta y firmada por Ramón Alberto Garza —titulada “Alejandra del Moral: La Reina del Cash entre México y Cuba”— colocó nuevamente bajo la atención pública la relación entre México y Cuba, al señalar una presunta operación de traslado de dinero en efectivo hacia la isla en la que estaría involucrada la ex candidata del PRI, PAN y PRD al gobierno del Estado de México y actual funcionaria federal.
El golpe mediático no solo alcanzó a la ex candidata mexiquense, sino que inevitablemente salpicó a Mariano González Zarur, pues la política señalada es su nuera. En un escenario donde las sucesiones se deciden tanto en los pasillos como en los escándalos, la revelación añade ruido y complica aún más la narrativa del exgobernador. ¿Afectará esto a Tlaxcala a quien apoya?