No podemos cerrar los ojos al problema de la contaminación en Tlaxcala, sobre todo en la calidad de nuestras aguas. Es urgente poner manos a la obra.

No podemos negar que el desarrollo y el crecimiento del Estado de Tlaxcala han generado beneficios en diversos sectores y niveles, pero también han tenido consecuencias que se pueden ver, por ejemplo, en la calidad del agua de los ríos Zahuapan y Atoyac, que se han convertido en receptores de los desechos de la agricultura, la industria y los asentamientos humanos.

Hoy, a raíz de un reciente reportaje en una televisora nacional, el río Atoyac, el cual atraviesa Tlaxcala y Puebla, y que lleva años recibiendo descargas industriales y municipales, se convierte en el protagonista de esta historia.

El río Atoyac, nace en la Sierra Nevada de Puebla, recorre Tlaxcala, y después regresa a Puebla para desembocar en la presa Valsequillo, donde a simple vista se aprecia la contaminación.

Las quejas más recientes son en el municipio de Tepetitla de Lardizábal, y la televisora le dio voz a una de sus habitantes de nombre Isabel Cano. Ella contó que, a partir de los años 60, comenzó a notar cambios en la zona.

“Entra Pemex, que fue la primera industria que llegó. Pero de ahí se hizo el corredor industrial, y de ahí empezaron a cambiar las cosas. Empezaron a morir los peces, empezaron a morir las cosas, y con ella la gente empezó a morir, porque eso es lo que nos trajo la industria”, apuntó.

En 2009 su hija Zulma fue diagnosticada con leucemia. Murió dos años después. Este hecho detonó una lucha en la región, primero, para conocer las fuentes de contaminación en la zona, analizar la calidad del agua y frenar el vertido de sustancias tóxicas en el río.

A raíz de la muerte de Zulma se pidió a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) intervenir por la violación al derecho a un medio ambiente sano.

En 2017 la CNDH determinó que la contaminación de este afluente está estrechamente asociada con la creciente expansión demográfica e industrialización desordenada en los estados de Puebla y Tlaxcala, lo que representa una amenaza para la salud pública para las más de 2 millones 300 mil personas que habitan en estos municipios.

Como lo escribí al inicio, no podemos cerrar los ojos. Esto nos advierte la urgente necesidad de llevar a cabo acciones para la preservación de los ecosistemas, y el adecuado tratamiento de las aguas residuales, ya que de ello depende la atención de otro problema latente: contar en el futuro con fuentes de abastecimiento de agua para el consumo humano, el riego agrícola, incluso para otras actividades, como la pesca y la recreación.

Ya existen reformas a la Ley de Aguas Nacionales, para incrementar en cerca del 30 por ciento el monto de las multas por descargar aguas residuales sin el tratamiento que establece la normatividad; por explotar, usar o aprovechar las aguas nacionales sin el título respectivo o por impedir u obstaculizar las visitas, inspecciones, reconocimientos, verificaciones y fiscalizaciones que realicen las autoridades correspondientes, pero este esfuerzo no es suficiente, pues la contaminación sigue avanzado.

Sé que existe un esfuerzo importante de los gobiernos de Tlaxcala y Puebla, los cuales en días recientes sostuvieron la quinta reunión del grupo interinstitucional para diseñar el programa de acciones de saneamiento de la Cuenca del Alto Atoyac, y que en la entidad tlaxcalteca, para este 2023, está proyectada la construcción, mantenimiento y operación de plantas tratadoras de aguas residuales e infraestructura de drenaje y saneamiento, en atención a recomendaciones de la CNDH.

Soy una aliada de los gobiernos en todos sus niveles, pero sobre todo de los tlaxcaltecas.

Como tlaxcalteca, y diputada federal ratifico mi compromiso para buscar e implementar medidas para impedir más contaminación.

¡No hay que perder más tiempo!

¡Manos a la obra!

Dulce Silva.

Diputada federal de MORENA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te has perdido

Morena construye unidad con rumbo Ana Lilia Rivera Rivera Morena tiene ante sí el reto de mantener la unidad de su movimiento y fortalecer su organización rumbo a 2027. La tarea implica preservar los principios que le dieron origen, establecer reglas claras para la participación política y mantener el compromiso con la transformación que millones de mexicanas y mexicanos respaldaron en las urnas. Este sábado, el Consejo Nacional de Morena se reunió para abordar asuntos relevantes para la vida interna del partido y su preparación ante el próximo proceso electoral. Entre los temas previstos estuvieron la política de alianzas y los lineamientos que deberán orientar la actuación de quienes participamos como coordinadores estatales, y quienes participarán como coordinadores distritales y municipales. La importancia de estos asuntos va más allá de la organización electoral. Morena nació como un movimiento que convocó a personas con distintas experiencias y trayectorias, unidas por la convicción de que la política debía estar al servicio del pueblo. Esa diversidad continúa siendo parte de su identidad y representa una responsabilidad para quienes tenemos la tarea de contribuir a su desarrollo. La unidad no significa pensar de la misma manera ni renunciar a las diferencias. Significa reconocer que existe un propósito común y que las aspiraciones personales deben conducirse con respeto a los principios y a las reglas de la organización. Un movimiento con presencia en todo el país necesita mecanismos claros para tomar decisiones, procesar sus diferencias y mantener la participación de su militancia. Por eso, los lineamientos rumbo a 2027 tienen una relevancia particular. Quienes asumimos responsabilidades de coordinación debemos tener presente que se trata de tareas al servicio del movimiento, no de posiciones que otorguen privilegios personales. Su actuación debe corresponder a los principios de honestidad, congruencia y respeto a la ciudadanía. El mismo compromiso debe prevalecer en la definición del resto de las coordinaciones. Los procesos internos tienen que desarrollarse con apego a las reglas que establezca el partido y con la responsabilidad de entender que la confianza ciudadana se construye con trabajo, resultados y cercanía con la gente. Ninguna aspiración puede estar por encima del proyecto colectivo. La política de alianzas es otro tema fundamental. La construcción de acuerdos con otras fuerzas políticas puede contribuir a alcanzar objetivos compartidos, pero debe mantener como referencia los principios y las causas ciudadanas. Las alianzas tienen sentido cuando permiten avanzar en la transformación del país y responder a las necesidades de la población. En Tlaxcala, como en todo el país, el trabajo de nuestro movimiento debe conservar su vínculo con las comunidades. La organización no se fortalece únicamente con reuniones o decisiones de sus órganos directivos. También requiere escuchar a la militancia, mantener el diálogo con la sociedad y atender los problemas cotidianos de las familias. La transformación no es una tarea que concluya con una elección ni se sostiene solamente con triunfos electorales. Exige participación, organización y congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Por eso, quienes formamos parte de Morena tenemos la responsabilidad de mantenernos cerca de la gente y de demostrar que los principios del movimiento se reflejan en nuestra conducta pública. El camino hacia 2027 demanda madurez política. La unidad debe expresarse en el respeto a las decisiones adoptadas conforme a las reglas, en el cumplimiento de las responsabilidades y en la disposición para trabajar por objetivos comunes. También requiere reconocer que la militancia y la ciudadanía son parte fundamental de cualquier proyecto que aspire a mantener su legitimidad. Morena tiene una historia construida por muchas mujeres y hombres que dedicaron años a organizarse, participar y defender una transformación democrática del país. Honrar esa historia significa actuar con responsabilidad, cuidar la organización y no perder de vista que el centro de nuestra actividad política debe seguir siendo el bienestar del pueblo. Nuestra tarea es mantener los principios, fortalecer la organización y trabajar con la convicción de que la transformación se construye todos los días. La unidad adquiere verdadero sentido cuando se sostiene en el respeto, en reglas compartidas y en el compromiso de poner el interés colectivo por encima de cualquier aspiración individual.