Por Liliana Becerril Rojas.

La impunidad es fruto de la corrupción. La corrupción alimenta la indiferencia de las autoridades ante atropellos contra la ciudadanía. Antes de levantar una denuncia hay una advertencia de sanciones por hacer mal uso de este instrumento jurídico y con mucha frecuencia desalienta a los agredidos a continuar por temor de un mal manejo del proceso. Además, resulta frustrante que no haya respuesta pronta y expedita a las demandas de justicia. Parecería que hay mucha desidia y poca voluntad por parte de los servidores públicos. Es una forma de operar para desalentar a las víctimas de conductas delictivas a levantar la voz. Así, las estadísticas oficiales muestran saldos bajos de incidencia criminal, aunque la realidad que se viva en las calles sea diferente.

A pesar de ello, la Constitución nos otorga el derecho y las instancias para exigir el castigo correspondiente para quienes atenten contra nuestra integridad y nuestro patrimonio. Es la única forma en que se evita que las personas hagamos justicia por nuestra propia mano. El silencio no nos da libertad, nos convierte en cómplices de los delincuentes.

La denuncia es nuestra arma contra la corrupción y es el llamado que hacemos al Estado para que atienda nuestras demandas, también nos permite señalar a los funcionarios que tienen la atribución de atendernos y dar seguimiento a nuestros casos, mediante las carpetas de investigación. No pueden condicionar su respuesta a cambio de nuestro silencio. Son servidores públicos que se deben a la ciudadanía porque sus sueldos y su ejercicio profesional se deben a nosotros, los ciudadanos de a pie, los que pagamos impuestos y sostenemos la estabilidad financiera municipal, estatal y federal. Nuestra voz tiene poder y no debemos dejar de levantarla.

Los actos delictivos solo dejarán de ocurrir en la medida que incrementemos la cantidad de denuncias, que pongamos a trabajar con mayor dedicación al Ministerio Público y señalemos a quienes nos condicionen el cumplimiento de su trabajo a cambio de una remuneración económica: la Ley les obliga a atendernos sin exigir montos adicionales, pues no es un servicio gratuito, pues lo pagamos con nuestros impuestos. No hay, en sus funciones, algo que nos hagan como un favor especial. Deben garantizar la impartición de justicia y con ello, reducir la comisión de delitos.

Hagamos efectivos nuestros derechos, cumpliendo con nuestras obligaciones. Y es que denunciar actos delictivos es un deber, porque de esa manera reducimos riesgos para nosotros, para nuestras familias y otros ciudadanos. No cedamos ante la desidia. Que no nos desaliente la indiferencia: señalémosla y hagamos que el poder de la Justicia mueva las voluntades de nuestros servidores.

Denunciemos. Es imperativo. Es justo. Es el camino a la paz social.

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Morena construye unidad con rumbo Ana Lilia Rivera Rivera Morena tiene ante sí el reto de mantener la unidad de su movimiento y fortalecer su organización rumbo a 2027. La tarea implica preservar los principios que le dieron origen, establecer reglas claras para la participación política y mantener el compromiso con la transformación que millones de mexicanas y mexicanos respaldaron en las urnas. Este sábado, el Consejo Nacional de Morena se reunió para abordar asuntos relevantes para la vida interna del partido y su preparación ante el próximo proceso electoral. Entre los temas previstos estuvieron la política de alianzas y los lineamientos que deberán orientar la actuación de quienes participamos como coordinadores estatales, y quienes participarán como coordinadores distritales y municipales. La importancia de estos asuntos va más allá de la organización electoral. Morena nació como un movimiento que convocó a personas con distintas experiencias y trayectorias, unidas por la convicción de que la política debía estar al servicio del pueblo. Esa diversidad continúa siendo parte de su identidad y representa una responsabilidad para quienes tenemos la tarea de contribuir a su desarrollo. La unidad no significa pensar de la misma manera ni renunciar a las diferencias. Significa reconocer que existe un propósito común y que las aspiraciones personales deben conducirse con respeto a los principios y a las reglas de la organización. Un movimiento con presencia en todo el país necesita mecanismos claros para tomar decisiones, procesar sus diferencias y mantener la participación de su militancia. Por eso, los lineamientos rumbo a 2027 tienen una relevancia particular. Quienes asumimos responsabilidades de coordinación debemos tener presente que se trata de tareas al servicio del movimiento, no de posiciones que otorguen privilegios personales. Su actuación debe corresponder a los principios de honestidad, congruencia y respeto a la ciudadanía. El mismo compromiso debe prevalecer en la definición del resto de las coordinaciones. Los procesos internos tienen que desarrollarse con apego a las reglas que establezca el partido y con la responsabilidad de entender que la confianza ciudadana se construye con trabajo, resultados y cercanía con la gente. Ninguna aspiración puede estar por encima del proyecto colectivo. La política de alianzas es otro tema fundamental. La construcción de acuerdos con otras fuerzas políticas puede contribuir a alcanzar objetivos compartidos, pero debe mantener como referencia los principios y las causas ciudadanas. Las alianzas tienen sentido cuando permiten avanzar en la transformación del país y responder a las necesidades de la población. En Tlaxcala, como en todo el país, el trabajo de nuestro movimiento debe conservar su vínculo con las comunidades. La organización no se fortalece únicamente con reuniones o decisiones de sus órganos directivos. También requiere escuchar a la militancia, mantener el diálogo con la sociedad y atender los problemas cotidianos de las familias. La transformación no es una tarea que concluya con una elección ni se sostiene solamente con triunfos electorales. Exige participación, organización y congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Por eso, quienes formamos parte de Morena tenemos la responsabilidad de mantenernos cerca de la gente y de demostrar que los principios del movimiento se reflejan en nuestra conducta pública. El camino hacia 2027 demanda madurez política. La unidad debe expresarse en el respeto a las decisiones adoptadas conforme a las reglas, en el cumplimiento de las responsabilidades y en la disposición para trabajar por objetivos comunes. También requiere reconocer que la militancia y la ciudadanía son parte fundamental de cualquier proyecto que aspire a mantener su legitimidad. Morena tiene una historia construida por muchas mujeres y hombres que dedicaron años a organizarse, participar y defender una transformación democrática del país. Honrar esa historia significa actuar con responsabilidad, cuidar la organización y no perder de vista que el centro de nuestra actividad política debe seguir siendo el bienestar del pueblo. Nuestra tarea es mantener los principios, fortalecer la organización y trabajar con la convicción de que la transformación se construye todos los días. La unidad adquiere verdadero sentido cuando se sostiene en el respeto, en reglas compartidas y en el compromiso de poner el interés colectivo por encima de cualquier aspiración individual.