En Tlaxcala, los partidos políticos enfrentan una disyuntiva que desnuda su fragilidad: ser protagonistas de la conversación pública o resignarse al papel de acompañantes del poder en turno. Hoy, más que proyectos con identidad, muchos funcionan como marcas prestadas, útiles para la coyuntura y desechables cuando estorban. La política local se ha vuelto personalista: los partidos aparecen cuando conviene y desaparecen cuando incomodan.
El problema no es únicamente narrativo, sino estructural. Sin cuadros formados, sin agendas claras y sin presencia territorial sostenida, las siglas se reducen a sellos electorales. En ese vacío, mandan las coyunturas, los liderazgos temporales y las decisiones de cúpula. El resultado es previsible: militancias desmovilizadas y ciudadanos que ya no distinguen qué propone cada partido.
El 2026 será decisivo. Morena confía en la fuerza de su marca, aunque las encuestas revelan un desgaste evidente. La desaprobación hacia el gobierno de Lorena Cuéllar, incapaz de frenar la percepción de inseguridad, amenaza con convertirse en un lastre en las urnas. Sus aliados del PT y Verde esperan instrucciones nacionales, mientras se define la candidatura que podría fracturar al bloque: Ana Lilia Rivera, puntera en las encuestas; Alfonso Sánchez García, delfín del lorenismo; o alguna sorpresa entre Josefina Rodríguez, Óscar Flores y Luis Vargas.
En el PAN y PRI las cartas parecen más claras: Miriam Martínez y Anabell Ávalos encabezan las apuestas. Movimiento Ciudadano, fiel a su estilo, juega con la posibilidad de un giro inesperado, quizá con un perfil femenino que desplace a Delfino Suárez. Mientras tanto, el Partido Alianza Ciudadana y el PRD tantean una alianza que les permita sobrevivir en la contienda.
El dilema es simple: ¿seguirán siendo comparsas del poder o asumirán el riesgo de construir protagonismo real? Para lograrlo, se requieren tres giros urgentes:
• Agenda propia, no reactiva, con causas locales claras.
• Territorio permanente, más allá de la campaña.
• Rendición de cuentas y cuadros visibles, capaces de debatir y explicar, de hacerse cargo.
De lo contrario, los partidos seguirán siendo damas de compañía: útiles para la foto, prescindibles para las decisiones. Y en 2027, esa factura se cobrará en las urnas, con el desprecio ciudadano hacia quienes nunca supieron ser más que sombras del poder.
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LA CAMINERA...Pendientes…La percepción de inseguridad y el reacomodo de la relación con los medios se perfilan como el gran pendiente del gobierno de Lorena Cuéllar en este 2026. Más allá de cifras y discursos, el termómetro ciudadano sigue marcando desconfianza: la calle no siente mejora y el mensaje oficial no logra permear en Tlaxcala.
A ello se suma una comunicación política que requiere ajustes urgentes. Sin puentes sólidos con medios y sin una narrativa clara que explique decisiones y resultados, el gobierno enfrenta un desgaste que no se corrige con propaganda. El reto es doble: recuperar la confianza en seguridad y reconstruir un diálogo creíble con la opinión pública antes de que el costo político sea mayor.
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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…Este lunes 5 de enero arranca Caballo de Troya, un programa de noticias y análisis político que entra donde otros no. De lunes a viernes, de 7:00 a 8:00 de la noche, propone una conversación directa, sin disfraces, para traducir la política al lenguaje ciudadano.
El estreno incluye La Sala de Máquinas, con presidentes de partidos hablando de los retos frente a la desconfianza social, y el segmento ciudadano La calle habla, con testimonios, percepción social y reportes desde territorio. Una narrativa pensada para quienes quieren entender el fondo del poder, no solo la superficie.
