Hay llamadas que no buscan dialogar, sino cerrar expedientes. Hay respuestas que, aunque breves, terminan contando mejor la historia que cualquier discurso oficial.

La mañana posterior a la elección de 1998, Tlaxcala amaneció con resaca política. El priismo estaba descompuesto, incrédulo, furioso. La noche anterior, por unas horas, Joaquín Cisneros Fernández y su equipo celebraban lo que creían un triunfo consumado. Mariachi, abrazos, euforia —hasta que el silencio se impuso. Una llamada interrumpió la fiesta y cambió el gesto del candidato. Algo ya no cuadraba.

El teléfono sonó.

—Ring, ring…

—Bueno —contestó Cisneros.

—¡Ya Joaquín! Sal y acepta públicamente tu derrota —ordenó José Antonio Álvarez Lima, entonces gobernador y primer priista del estado.

—¡Vete a chingar a tu…! —respondió Cisneros. Y colgó.

Ese fue el último diálogo entre ambos. No hubo más explicaciones. No hicieron falta. El mensaje estaba completo: el resultado ya estaba decidido en otro tablero.

Esa llamada fue narrada en el portal Agenda Tlaxcala.

Hoy, casi tres décadas después, esa conversación vuelve a cobrar sentido con la publicación este jueves 8 de enero del 2026, de Vivir y Servir. En sus memorias, Cisneros no se limita a la anécdota: reconstruye la jugada completa. Señala a Beatriz Paredes Rangel y a Álvarez Lima como “alfiles” de una estrategia mayor, diseñada desde la Presidencia de la República, encabezada entonces por Ernesto Zedillo, para sacar al PRI del poder en Tlaxcala.

No fue, sostiene, una derrota electoral limpia. Fue una operación quirúrgica. Manipulación de conteos, caída del sistema, reacomodos nocturnos y un beneficiario final: Alfonso Sánchez Anaya, quien llegó a la gubernatura bajo las siglas del PRD, mientras el priismo se desangraba en reclamos internos.

El ajedrez es la metáfora favorita del autor. Los alfiles no dan la cara, pero deciden la partida. Se mueven en diagonal, desde la sombra, y cuando el rey cae, nadie recuerda quién dio la orden. Paredes consolidó su liderazgo nacional; Álvarez Lima fue premiado con una embajada. Tlaxcala estrenó alternancia, pero también inauguró una sospecha que nunca se cerró del todo.

La presentación del libro, con la morenista Lorena Cuéllar Cisneros como testigo, no es un acto nostálgico: es un ajuste de cuentas con la historia.

Las memorias de Joaquín Cisneros no solo reabren viejas heridas dentro del priismo tlaxcalteca, sino que colocan nuevamente en el centro del debate el papel de las figuras nacionales en la recomposición política del estado.

Cisneros escribe desde el dolor y con la “certeza” de que la transición democrática, vendida como ejemplar, tuvo mucho de simulación. Para el autor, los alfiles decidieron el destino de un gobierno.

La herida sigue abierta, y Joaquín a sus 84 años de edad sus memorias pesan aun en Tlaxcala.

La interrogante: ¿Qué responderán Beatriz y Pepe Toño?

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LA CAMINERA...Hablando de alfiles…El detalle no pasó desapercibido: Joaquín Cisneros Fernández dejó fuera de la presentación de sus memorias al alcalde capitalino morenista Alfonso Sánchez García, hijo del político que —según su propio relato— le cerró el paso a la gubernatura en 1998. La omisión no es casual: hoy, Sánchez García es leído en los corrillos como el alfil de Lorena Cuéllar rumbo a 2027.

Por cierto, la gobernadora —sobrina de Joaquín— estuvo sentada en primera fila durante el evento. ¿Qué lecturas deja? Que en Tlaxcala la memoria pesa y las señales cuentan. Que los agravios no se archivan y que los movimientos —o ausencias— dicen más que los discursos. Y que, mientras unos escriben su versión del pasado, otros ya se mueven en el tablero del futuro. En política, nadie olvida… y nada es gratis.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS...Lecturas…El primer programa de Caballo de Troya en La Bestia dejó señales alentadoras. En la mesa debatieron tres dirigentes. Del Partido Acción Nacional, Movimiento Ciudadano y Partido Revolucionario Institucional, mientras Movimiento Regeneración Nacional declinó asistir. Hubo además un consultor en encuestas y el diagnóstico fue claro: si quieren competir de verdad, la oposición necesita sumarse para enfrentar al oficialismo y el peso de sus programas.

Desde MC se lanzó una frase que retumbó: Morena no es invencible. En contraste, para Morena, no sentarse a debatir forma parte de su estrategia: administrar ventajas y evitar riesgos innecesarios, qne en tiempos modernos de la mercadotecnia ha quedado fuera del Cuarto de Guerra.

La conversación sigue. El lunes toca Adriana Dávila y Juan Manuel Cambrón; el siguiente programa, Héctor Ortiz. El tablero ya está puesto.