Por Mariana Lovera

En política, las ausencias también generan preguntas. No necesariamente porque escondan una ruptura, sino porque ocurren en momentos en los que cada movimiento, cada fotografía y cada mensaje adquieren una lectura distinta.

La ausencia de Lorena Cuéllar Cisneros en la celebración por los 15 años de Morena, realizada el 7 de octubre en el Auditorio Nacional, abrió una interrogante inevitable en Tlaxcala: ¿se trató únicamente de un asunto de agenda o el episodio refleja el nuevo momento político que vive el morenismo en la entidad?

La primera lectura surgió de un hecho concreto: mientras distintos gobernadores y liderazgos del partido acudieron al encuentro nacional, la mandataria tlaxcalteca no estuvo presente. En cambio, Ana Lilia Rivera Rivera, recientemente designada coordinadora estatal de los Comités de Defensa de la Transformación, sí asistió, al igual que otros actores políticos de Tlaxcala.

La coincidencia temporal no pasó inadvertida. La designación de Rivera modificó el tablero interno de Morena y dejó fuera de esa posición a Alfonso Sánchez García, identificado políticamente con el proyecto que ha respaldado la gobernadora.

Sin embargo, una ausencia no constituye por sí misma una prueba de ruptura. Para entender su significado hay que observar lo que ocurrió después.

  • La agenda frente a la interpretación política

Un día después del festejo, Lorena Cuéllar explicó que no acudió debido a compromisos de trabajo relacionados, entre otros asuntos, con las gestiones para el nuevo Hospital Regional de Tlaxcala. La gobernadora sostuvo que el proyecto es una prioridad y reiteró su disposición a continuar trabajando por la entidad.

La explicación es verificable como declaración pública y debe considerarse al analizar el episodio. Lo que no puede afirmarse, sin más elementos, es que la inasistencia haya sido una protesta por la decisión de Morena o una señal inequívoca de distanciamiento con la dirigencia nacional.

Pero tampoco puede ignorarse el contexto.

En los procesos políticos, las decisiones formales suelen tener consecuencias que van más allá del nombramiento de una persona. La designación de una coordinación estatal modifica las expectativas, obliga a revisar alianzas y coloca a los distintos grupos frente a una nueva distribución de espacios y responsabilidades.

Eso es lo que está en juego en Tlaxcala.

La pregunta de fondo no es solamente por qué la gobernadora no acudió al aniversario, sino cómo se relacionará su equipo político con una coordinación que quedó en manos de una figura distinta a la que respaldaba.

  • Ana Lilia Rivera y el desafío de construir unidad

La designación de Ana Lilia Rivera le otorgó una nueva responsabilidad dentro de la organización política de Morena en Tlaxcala. Ahora, el reto será convertir ese nombramiento en una estructura capaz de dialogar con las distintas expresiones del partido.

Porque ganar una definición interna no significa que las diferencias desaparezcan. Tampoco garantiza que todos los grupos se incorporen automáticamente al mismo proyecto.

En ese sentido, el llamado a la unidad realizado durante el aniversario nacional cobra relevancia para el escenario local. La dirigencia de Morena necesita evitar que las disputas por las posiciones terminen debilitando la organización que pretende construir rumbo a 2027.

La unidad, sin embargo, no puede quedarse en un discurso. Requiere acuerdos, respeto a las decisiones partidistas y disposición para reconocer que dentro de un mismo movimiento existen intereses y trayectorias diferentes.

Para Rivera, el desafío será demostrar que su coordinación puede integrar a más de un grupo político. Para el equipo de la gobernadora, el nuevo escenario plantea la necesidad de definir cómo participará en esta etapa sin confundir las diferencias internas con una confrontación institucional.

Y para Alfonso Sánchez García, cuya aspiración política quedó atravesada por la designación, permanece abierta la pregunta sobre el papel que desempeñará en la siguiente fase del proceso interno.

Hasta ahora, lo que existe es un reacomodo político; las consecuencias definitivas todavía están por verse.

  • Antonio Martínez sale a fijar postura

El coordinador de Comunicación del Gobierno estatal, Antonio Martínez Velázquez, rechazó que la ausencia de Cuéllar represente una ruptura con Morena. Sostuvo que la mandataria tenía actividades oficiales y descartó que existieran enojo o distanciamiento con el partido.

Su intervención buscó establecer una posición pública frente a las interpretaciones que comenzaron a circular después del aniversario.

El mensaje tiene una doble lectura institucional: por una parte, reafirma la pertenencia política de la gobernadora al proyecto de la Cuarta Transformación; por otra, intenta separar las diferencias que puedan existir entre grupos de una supuesta fractura entre el Gobierno estatal y el partido.

No es una distinción menor. Una cosa es que los liderazgos tengan diferencias respecto a una definición interna y otra, muy distinta, que exista una ruptura formal con la organización política.

Pero las palabras tampoco sustituyen a los hechos. La relación entre los distintos liderazgos se medirá en las próximas decisiones, en la disposición para construir acuerdos y en la manera en que se integren las estructuras políticas rumbo al proceso electoral.

  • Nydia Cano y las señales hacia 2027

En medio de este reacomodo también apareció la renuncia de Nydia Cano Rodríguez a la Secretaría de las Mujeres de Tlaxcala.

Su salida abrió especulaciones sobre sus posibles aspiraciones políticas y sobre el espacio que podría ocupar en el proceso interno de Morena.

Algunos dicen que su salida se debió a que no se subordinó a las instrucciones de la gobernadora de apoyar a su delfin, y que incluso, podría alinearse al proyecto de Rivera Rivera.

Se ha mencionado la posibilidad de que busque la presidencia municipal capitalina o una diputación federal o local.

Antonio Martínez rechazó que exista persecución política dentro del Gobierno estatal contra quienes tengan preferencias distintas a las de la gobernadora. También defendió la libertad de pensamiento y acción de los integrantes del gabinete, siempre que cumplan con sus responsabilidades institucionales.

Lo relevante es que ocurre cuando Morena comienza a abrir sus procedimientos para definir coordinaciones distritales y municipales, una etapa que puede convertirse en un espacio de reorganización para quienes buscan participar en la contienda de 2027.

La convocatoria partidista abre una nueva ventana de participación, pero registrarse en un proceso interno no equivale a obtener una candidatura. Entre ambas etapas existen reglas, decisiones y procedimientos que deben respetarse.

El verdadero examen será lo que ocurra después

Las tres escenas —la ausencia en el aniversario, la explicación de la gobernadora y el posicionamiento de su coordinador de Comunicación— forman parte de una misma conversación política.

No prueban una ruptura, pero sí reflejan que Morena en Tlaxcala atraviesa una etapa en la que las relaciones entre sus principales figuras están bajo observación.

El escenario exige distinguir entre hechos, declaraciones e interpretaciones. La ausencia ocurrió; la gobernadora explicó sus razones; el Gobierno negó que exista una fractura. Lo demás requiere seguimiento y evidencia.

La política tlaxcalteca entra así en una fase en la que las decisiones internas tendrán efectos sobre la organización territorial y las aspiraciones de quienes buscan competir en 2027. La designación de Rivera, la posición de Cuéllar y el futuro de Sánchez García serán asuntos centrales de esa discusión, sin que ello permita anticipar de antemano cómo terminará el reacomodo.

Al final, la prueba de la unidad no estará en una fotografía colectiva ni en una declaración de lealtad. Estará en la capacidad de los distintos grupos para procesar sus diferencias, aceptar las reglas y construir acuerdos sin trasladar sus disputas a las instituciones.

En Morena, como en cualquier organización política, las lealtades pueden coexistir con las diferencias. La cuestión es cómo se administran.

Porque en Tlaxcala el siguiente capítulo no dependerá de quién faltó a una celebración, sino de quiénes estarán dispuestos a sentarse a la mesa cuando llegue la hora de definir el futuro político del estado… Se lo digo así, sin maquillaje ni retoques.

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