Por Manuel Martínez
En estos momentos, todas las encuestas coinciden en una cosa: Morena lidera las preferencias para la elección de gobernador en el estado de Tlaxcala. En lo que no coinciden es en quién debe ser el candidato o la candidata a contender en dicha elección.
El análisis de las diversas mediciones indica que la ciudadanía tlaxcalteca simpatiza con el Movimiento de Regeneración Nacional y con lo que representa. Esas encuestas no incluyen evaluación de gobierno; por lo tanto, la preferencia ciudadana es hacia Morena. Esto es importante de entender.
Por otro lado, las mediciones se han enfocado en determinar la popularidad de hombres y mujeres que podrían aspirar a la nominación. De algunos y algunas se conoce su aspiración; de otros, no. Sin embargo, los estudios de opinión se han encargado de incluir nombres con potencial de triunfo electoral, y sus resultados han sido dispares, generando más incertidumbre que certezas. Además, han pasado por alto una realidad: Morena utiliza encuestas para medir la preferencia, pero la definición final del género de la candidatura puede ajustarse para cumplir con la paridad. Y existen antecedentes concretos: el caso de la paridad en la pasada elección de jefe de Gobierno en la Ciudad de México mostró que los resultados de las encuestas pueden ajustarse para cumplir con estos requisitos de género.
Esto significa que la popularidad de quienes aspiran a la candidatura es un elemento de referencia, pero no definitorio, principalmente en estados —como Tlaxcala— donde la aceptación del partido es alta y la presencia de la oposición, baja. Es decir, en entidades donde Morena tiene ventaja contundente, la definición de género puede estar por encima del nivel de preferencia de cada aspirante, la cual cobraría mayor relevancia en el escenario de una elección que se anticipara competida o cerrada frente a la oposición.
Pero, más allá de lo que las encuestas sugieren —y sin entrar a la evaluación de su credibilidad—, su constante difusión en el estado ha generado, al interior de Morena, riesgos de división más que optimismo ganador. El descuido de la unidad del partido es evidente, y es una circunstancia que, a nivel nacional, no ha pasado inadvertida. Por eso, quien ocupe el cargo de “coordinador de defensa de la Cuarta Transformación” deberá garantizar la unidad interna antes que prometer un triunfo en las urnas.
Bajo este panorama, se debe prever que, para el partido, será más importante apoyar un perfil con capacidad para cohesionar a la militancia que respaldar a un cuadro con altos niveles de popularidad, porque lo que está en juego es la continuidad del proyecto político, no solo una victoria electoral. Y precisamente es esa continuidad la que plantea la necesidad de impulsar a un militante con experiencia, preparado, pero, sobre todo, leal al partido y a sus reglas.
No es secreto que las últimas visitas de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a la entidad le permitieron verificar que hay aspirantes que pasaron por alto el llamado de evitar “campañas adelantadas”. Tan es así que se presentaron quejas y denuncias ante las autoridades electorales locales por promoción anticipada. Y aunque estas determinaron no emitir medidas cautelares, quedó evidenciado el incumplimiento de la premisa de marcar una diferencia con prácticas del viejo régimen.
Por lo anterior, conviene tener reservas en torno a la definición de la candidatura de Morena al gobierno estatal, porque en política no hay sorpresas, sino sorprendidos, y la disciplina y el respeto a la autoridad de la dirigencia nacional y de la presidenta de México podrían tener más peso que los ejercicios de percepción que se pretenden impulsar con la publicación mensual de gráficas y números.