Por Manuel Martínez | La nueva presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, envió este domingo un mensaje contundente de cara al proceso electoral de 2027: no habrá candidaturas para quienes incurran en actos de corrupción, aun cuando encabecen las encuestas internas.
En su primer discurso al frente del partido, la dirigente fijó una postura que busca marcar distancia frente a prácticas que han generado desgaste en la imagen del movimiento. “Si tenemos certeza de que alguien comete un acto de corrupción, aunque haya ganado la encuesta, no será candidato”, advirtió.
El planteamiento no es menor. En la práctica, introduce un criterio político adicional al método de selección basado en encuestas, que hasta ahora ha sido el principal mecanismo para definir candidaturas dentro de Morena.
La definición de corrupción, aunque amplia, apunta a un eje indiscutible: el uso indebido del poder para obtener beneficios personales o para terceros. Esto incluye, sin duda, la utilización de recursos con fines de promoción personal y los actos anticipados de campaña, prácticas que, de acuerdo con diversas evidencias, se observan desde hace meses en Tlaxcala.
En ese contexto, el mensaje de Ariadna Montiel Reyes también funciona como un llamado de atención interno, ya que diversos perfiles que buscan la candidatura al gobierno estatal han sido señalados por adelantar tiempos, promover su imagen y tensionar las reglas del proceso interno.
La dirigente fue enfática: las encuestas seguirán siendo el instrumento de selección; sin embargo, su legitimidad dependerá del cumplimiento de reglas básicas, como la equidad en la contienda y la ausencia de ventajas indebidas. De hecho, precisó que el objetivo del proceso no es premiar la fama o la popularidad, sino identificar a quienes cuentan con reconocimiento ciudadano sustentado en trabajo territorial, cercanía con la gente y compromiso con el proyecto político que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum.
El posicionamiento, en el marco del VIII Congreso Nacional de Morena, advierte la necesidad de preservar la unidad interna frente a un escenario en el que las ambiciones personales comienzan a generar fracturas.
El diagnóstico es claro: la disputa anticipada por candidaturas no solo desordena el proceso interno, sino que también impacta en la percepción pública del partido. Bardas pintadas, propaganda impresa y difusión de encuestas forman parte de un escenario que contradice los llamados a respetar los tiempos electorales, de ahí que la dirigencia haya convocado a un ejercicio de autocrítica para cerrar el paso a la corrupción y, al mismo tiempo, evitar que los perfiles más visibles —pero no necesariamente los más comprometidos con el partido— se impongan en el proceso rumbo a 2027.
El mensaje final es político: en Morena, la candidatura no debe ser resultado únicamente del posicionamiento demoscópico, sino de la disciplina interna, la congruencia y la alineación con el proyecto de la Cuarta Transformación.