Lo ocurrido en Coahuila debería encender más de una alarma en Tlaxcala.

No porque el PRI haya ganado 16 de 16 diputaciones locales. No porque Alejandro Moreno proclamara que “barrieron a los narcopolíticos de Morena”. Y tampoco porque el tricolor parezca vivir un inesperado segundo aire.

La verdadera noticia está en el mensaje que enviaron los electores.

Cuando una fuerza política se convence de que es invencible, cuando deja de escuchar, cuando cree que las encuestas sustituyen al contacto con la gente y cuando la crítica comienza a verse como un ataque personal, el desgaste llega más rápido de lo que muchos imaginan.

Y eso aplica para cualquier partido.

Pasó con el PRI. Pasó con el PAN. Y hoy parece estar ocurriendo con Morena.

Durante años, Morena construyó su narrativa sobre una idea poderosa: combatir los excesos de los gobiernos anteriores. Sin embargo, conforme han pasado los años, algunos de sus cuadros han comenzado a reproducir los mismos vicios que antes denunciaban.

La diferencia es que ahora lo hacen desde el poder.

Y en Tlaxcala parece que la lucha encarnizada entre dos grupos que se disputan la candidatura de Morena al gobierno del Estado dejará secuelas.

En los últimos días volvimos a escuchar una frase soberbia del alcalde capitalino Alfonso Sánchez García: “Si los perros ladran, es porque uno está avanzando”.  Y la pregunta. ¿Es para sus adversarios?. Que se poNgan el saco quien quiera.

Y vino a la memoria la senadora Ana Lilia Rivera con su célebre narrativa: “¿Quién fue el estúpido que lo preguntó?”, cuando en una entrevista se le cuestionó sobre la pobreza legislativa.

Ambas frases buscaban transmitir fortaleza política, pero terminaron exhibiendo algo más preocupante: la dificultad para aceptar el cuestionamiento público.

Porque una cosa es enfrentar ataques políticos. Y otra muy distinta es descalificar cualquier crítica.

Quien señala errores no es enemigo. Quien cuestiona decisiones públicas no es adversario. Quien exige resultados tampoco debería ser considerado un obstáculo.

Al contrario. La crítica es una de las pocas herramientas que tienen los ciudadanos para recordarle a los gobiernos que el poder no les pertenece.

Y ahí es donde Morena parece estar construyendo su principal problema rumbo al 2027.  No la corrupción. No los escándalos. No los conflictos internos. La soberbia.

Morena Tlaxcala presume su ventaja. pero Coahuila puede ser un  mensaje. Porque, más allá de los colores, la elección dejó una enseñanza sencilla: ningún partido tiene asegurado el respaldo ciudadano para siempre.

La gente premia resultados. Pero también castiga arrogancias.

Mientras Morena en Tlaxcala insiste en que todo está bajo control, las fracturas internas rumbo al 2027 son cada vez más visibles. Las bardas, los grupos, las cargadas y los posicionamientos adelantados demuestran que la verdadera oposición de Morena podría terminar siendo Morena mismo. Al tiempo.

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LA CAMINERA...La diputada 26…La guerra política en Contla ya tiene nombre y apellido. Eddy Roldán asegura que detrás del intento de destitución de la alcaldesa Ivonne Roldán y del Cabildo no hubo únicamente razones jurídicas, sino una operación política impulsada desde el Congreso. Su señalamiento apunta directamente a Marcela González, a quien bautizó como la “diputada 26”, en referencia al supuesto peso que tendría en las decisiones legislativas más allá de su voto. El mensaje no es menor: la disputa dejó de ser un asunto legal para convertirse en un capítulo más de la batalla por el poder rumbo al 2027.

Y por si quedaban dudas, Roldán también lanzó una advertencia a quienes buscan la gubernatura. Sin mencionar rompimientos con la gobernadora, dejó claro que no respaldaría proyectos donde las instituciones se utilicen para cobrar facturas políticas. En otras palabras, el conflicto de Contla ya no se juega solamente en tribunales; también empieza a reflejar las fracturas, alianzas y ajustes de cuentas que marcarán la próxima sucesión estatal.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS...Otra vez Tepetitla…Tepetitla vuelve a aparecer en la nota roja. Un hombre de 34 años fue ejecutado a plena luz del día en el centro del municipio por sujetos que escaparon tranquilamente en una motoneta después de dispararle a quemarropa. La víctima ni siquiera alcanzó a llegar al hospital; murió durante el traslado de emergencia mientras sus familiares intentaban salvarle la vida.

Lo preocupante no es solamente el homicidio, sino la normalización de estos hechos. El ataque ocurrió a unos metros de cámaras de videovigilancia, en una zona concurrida y en pleno mediodía. Aun así, los agresores lograron escapar sin ser detenidos. Una escena que se repite cada vez con más frecuencia en distintos puntos del estado.

Mientras las autoridades abren carpetas de investigación y prometen esclarecer los hechos, la percepción ciudadana sigue siendo la misma: la violencia ya no distingue horarios ni lugares. Y otra vez, Tepetitla vuelve a convertirse en noticia por las razones equivocadas.

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