Con una cálida respuesta por parte de las familias de Santa María Acuitlapilco, el Ayuntamiento de Tlaxcala, a través de la Dirección de Cultura, llevó a cabo el segundo concierto de la Temporada Coral de Verano, iniciativa que continúa acercando la música y las expresiones artísticas a las comunidades del municipio.

La iglesia de Santa María Acuitlapilco fue el escenario donde el Coro de la Ciudad de Tlaxcala ofreció una presentación que reunió a personas de todas las edades, quienes disfrutaron de un repertorio integrado por música tradicional, popular y contemporánea, en un ambiente de convivencia y participación ciudadana.

Al igual que en su primera presentación, el público respondió con entusiasmo a cada una de las interpretaciones, consolidando este proyecto como un espacio de encuentro entre la cultura y la comunidad, donde la música se convierte en un vínculo para fortalecer el tejido social.

La Temporada Coral de Verano forma parte de las acciones impulsadas desde el inicio de la administración del hoy presidente municipal con licencia, Alfonso Sánchez García, para promover el acceso a la cultura y generar espacios de convivencia para las familias tlaxcaltecas. Actualmente, esta visión tiene continuidad con la administración que encabeza el presidente municipal Carlos López Suárez.

El ciclo de conciertos continuará el próximo 10 de agosto en la Universidad Politécnica de Tlaxcala y concluirá el 14 de agosto en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, donde además se contará con la participación de coros invitados.

Con estas acciones, el Ayuntamiento de Tlaxcala reafirma su compromiso de impulsar actividades culturales gratuitas que fortalezcan la convivencia comunitaria y consoliden a la capital como un referente cultural en el estado.

 

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SOCIOLOGANTE | El celular que ya no entra al salón de clases. Dra. Elsa Martínez Flores Hay algo que debería preocuparnos más allá de si los niñas, niños y adolescentes llevarán o no el celular al salón de clases: ¿en qué momento la escuela dejó de ser suficientemente atractiva para competir por su atención? Porque mientras un maestro intenta explicar una lección durante cincuenta minutos, una pantalla puede ofrecer cientos de estímulos en cuestión de segundos. Y esto no es un problema de la calidad docente, quienes se comprometen diariamente a ejercer con el mayor profesionalismo su apostolado.  Sería fácil responsabilizarlos de una transformación para la que tampoco fueron preparados. La tecnología cambió la manera en que los estudiantes aprenden y se relacionan, mientras la escuela no siempre ha logrado acompañar ese cambio. El sociólogo Georg Franck planteó que la atención se convirtió en un recurso cada vez más valioso dentro de la sociedad contemporánea. Desde esta perspectiva, el celular es más que una distracción: forma parte de un sistema que compite permanentemente por nuestra atención, mientras la escuela intenta hacer lo mismo. Por eso la restricción puede tener sentido, especialmente en niñas, niños y adolescentes. Pero retirar el celular del aula no elimina el problema: el algoritmo seguirá esperando al estudiante cuando salga de la escuela. Porque detrás de ese aparato también existe una industria que descubrió algo muy valioso: nuestra atención. El scroll infinito, los videos breves, las notificaciones y las recomendaciones personalizadas no compiten solamente contra una clase de matemáticas; compiten contra nuestra capacidad de aburrirnos, concentrarnos, esperar y convivir. Entonces la pregunta no debería ser solamente hasta dónde prohibir, sino reeducar. Si el estudiante aprende a guardar el celular, pero no a entender cómo es que funcionan los algoritmos y cómo administrar su atención, la prohibición será solamente una pausa. Tal vez el verdadero reto para la escuela o institución no sea recuperar el mundo de antes del celular, sino encauzar la educación hacia la alfabetización digital, con las nuevas generaciones que son diferentes a las de otras décadas, porque la tecnología se desarrolló con ellos.