Por Mariana Lovera
Hay acusaciones que, por su dimensión, no pueden resolverse con un simple desmentido oficial. Pero tampoco pueden convertirse en verdad únicamente porque aparecieron publicadas en internet.
La supuesta investigación de autoridades estadounidenses contra la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, nos ha metido justamente en uno de esos terrenos donde periodistas, medios y gobierno tenemos que ser mucho más cuidadosos con las palabras.
Porque aquí no solamente está en juego la imagen de una gobernadora.
También está en juego nuestra credibilidad, y ahora que se habla tanto del derecho de las audiencias, también es necesario tomarlo en cuenta.
La historia comenzó con una publicación de La Opinión de México en la que el nombre de Lorena Cuéllar apareció dentro de una lista de gobernadores y personajes políticos que supuestamente serían investigados por autoridades estadounidenses por presuntos vínculos con actividades criminales.
Una acusación de ese tamaño no es cualquier cosa.
Pero precisamente por eso requiere pruebas del mismo tamaño.
Hasta ahora, públicamente no conocemos un expediente completo, una acusación judicial estadounidense o un documento verificable que permita afirmar categóricamente que Lorena Cuéllar está siendo investigada por la DEA por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Eso importa.
Y mucho.
Porque existe una enorme diferencia entre decir:
“Un medio publicó que la gobernadora estaría siendo investigada”.
Y publicar:
“La DEA investiga a Lorena Cuéllar”.
Lo primero informa sobre la existencia de una versión.
Lo segundo la convierte en un hecho.
Y en La Bestia Política elegimos lo primero.
Lo preguntamos porque teníamos que preguntarlo
En nuestro caso tuvimos conocimiento de esa publicación desde temprano.
Pudimos haber corrido detrás del clic.
Pudimos haber colocado inmediatamente un encabezado escandaloso.
Pudimos haber presentado la acusación como una exclusiva confirmada.
No lo hicimos.
Decidimos esperar.
Y esperamos precisamente porque una acusación de esa naturaleza necesitaba, por lo menos, una respuesta de la autoridad señalada antes de ser llevada a nuestros lectores.
Por eso el tema llegó al Diálogo Circular.
Cuando Antonio Martínez Velázquez fue cuestionado directamente, respondió que el Gobierno del Estado no tenía conocimiento, información ni notificación alguna sobre una investigación contra la gobernadora.
Dijo además que revisarían el contenido publicado.
La nota de La Bestia Política se construyó a partir de ese hecho: existía una publicación nacional y existía ya una respuesta oficial del Gobierno de Tlaxcala.
No presentamos una investigación de la DEA como un hecho comprobado.
Informamos que había una publicación que realizaba ese señalamiento y que el Gobierno estatal decía desconocer cualquier investigación.
Al día siguiente, la postura gubernamental avanzó todavía más.
El Gobierno de Tlaxcala comenzó a analizar posibles acciones legales contra el medio nacional al considerar falsa la información difundida.
Pero aquí vale hacer una precisión.
Que un Gobierno niegue una acusación no demuestra automáticamente que sea falsa.
Del mismo modo que el hecho de que un medio publique una acusación tampoco demuestra automáticamente que sea verdadera.
Los periodistas no deberíamos entregar certificados de inocencia.
Pero tampoco repartir condenas.
Nuestra obligación es buscar elementos.
En medio de esta discusión apareció una columna publicada por mis colegas y amigos de Escenario Tlaxcala titulada “Indigna a la prensa oficialista trato a compañero, pero replican prácticas que no cambian las condiciones del gremio”.
Ahí se menciona directamente a quien escribe estas líneas y a La Bestia Política dentro de una reflexión sobre prácticas periodísticas, verificación de información y la responsabilidad de los medios frente a contenidos que circulan públicamente.
La columna sostiene, entre otras cosas, que poco sirve indignarse frente a determinadas actitudes de funcionarios si posteriormente se permite que información no verificada circule como noticia. También hace referencia expresa a mi participación, como directora de La Bestia Política, durante el Diálogo Circular en el que se cuestionó al Gobierno sobre el tema.
Y por eso respondí.
Lo hice públicamente y lo reitero aquí:
Agradezco que hayan tomado en cuenta mi nombre en su columna, de hecho, es un honor para mí. Sin embargo, considero importante aclarar que no comparto la apreciación de que el medio que represento haya publicado, sin verificar, información relacionada con la gobernadora y una presunta investigación de la DEA.
Por el contrario, en La Bestia Política tuvimos conocimiento de esa información desde temprano.
Precisamente por responsabilidad periodística decidimos no difundirla hasta contar con el posicionamiento oficial del Gobierno del Estado.
Nuestra intención fue presentar una nota equilibrada, con las versiones y elementos disponibles, como lo hemos hecho de manera habitual.
Y quiero subrayar algo más.
Reconozco y respeto el trabajo de investigación que realiza Escenario Tlaxcala y su esfuerzo por combatir la desinformación.
No tengo ningún problema en decirlo.
Porque defender nuestro trabajo no requiere desacreditar el trabajo de otro medio.
Desde La Bestia Política también asumimos la responsabilidad de verificar, contrastar y cuestionar.
Cada medio lo hace desde su perspectiva, sus herramientas, sus fuentes y su línea editorial.
Pero todos deberíamos tener un compromiso común: ejercer el periodismo con seriedad y responsabilidad frente a nuestros lectores.
Preguntar no significa afirmar
Aquí encuentro una diferencia fundamental.
Preguntarle al Gobierno:
“¿Existe una investigación contra la gobernadora?”
no equivale a afirmar:
“La gobernadora es investigada por la DEA”.
Preguntar no convierte una versión en verdad.
Preguntar es precisamente una de las maneras de verificarla.
Si una información circula públicamente, involucra a la titular del Poder Ejecutivo y contiene acusaciones graves, ¿qué debería hacer un periodista?
¿Ignorarla?
¿Esperar a que el Gobierno emita espontáneamente un comunicado?
¿Decidir desde una redacción que la información es falsa y jamás preguntarla?
Yo prefiero preguntar.
Y si la autoridad responde que es falso, publicar que lo niega.
Si después aparecen documentos que corroboran la acusación, publicarlos.
Y si aparecen elementos que definitivamente la desmontan, publicarlos también.
Eso es periodismo.
No enamorarnos de nuestra primera versión.
Pero también debemos revisar nuestros propios métodos
También creo que sería un error responder a Escenario desde la soberbia y asumir que nosotros no tenemos nada que revisar.
Claro que lo tenemos. Todos los medios lo debemos hacer como un ejercicio de autoevaluación.
Esperar el posicionamiento oficial fue una decisión responsable, pero tampoco podemos considerar que la versión gubernamental constituye por sí misma la verificación definitiva de un asunto.
Es apenas una de las fuentes.
La verificación completa exige documentos, fuentes independientes, contexto y seguimiento.
Por eso este caso debería servirnos a todos.
De nuestra parte, debemos seguir investigando más allá de las declaraciones de ambas partes.
Y me gustaría agregar que, tampoco ayuda repartir etiquetas
Hay uns expresión que me parece digna de discusión: “prensa oficialista”.
Es una etiqueta poderosa.
Pero precisamente por eso deberíamos utilizarla con cuidado.
Porque si cada periodista que pregunta algo que beneficia al Gobierno es oficialista, y cada periodista que cuestiona algo es opositor, entonces habremos reducido el periodismo a dos porras políticas.
Y eso sería terrible.
Un medio puede coincidir hoy con una explicación gubernamental y mañana cuestionar duramente a ese mismo Gobierno.
Puede publicar una denuncia contra un funcionario y, una semana después, demostrar que otra acusación contra ese mismo funcionario carecía de sustento.
Eso no es contradicción.
Es independencia.
La independencia periodística no significa estar permanentemente contra el Gobierno.
Significa no estar permanentemente con nadie.
Ni con Lorena.
Ni con Morena.
Ni con la oposición.
Ni siquiera con nuestras propias versiones cuando los hechos demuestran que estábamos equivocados.
Nuestra única lealtad debería ser con la información y con la audiencia.
Entre medios tampoco deberíamos convertirnos en enemigos
Y esta parte me parece todavía más importante.
Las diferencias de criterio son parte natural del periodismo.
De hecho, un ecosistema periodístico sano necesita medios que se observen, se cuestionen y, cuando sea necesario, se corrijan entre sí. Pero siempre con respeto, con argumentos, con documentos y con contexto.
No con etiquetas que pretendan decidir quién es periodista independiente y quién no.
La credibilidad se gana todos los días frente a los lectores.
Por eso agradezco la crítica de Escenario Tlaxcala, aunque no comparta su apreciación sobre nuestro trabajo.
Porque incluso las diferencias entre medios pueden ser útiles cuando obligan a revisar nuestros propios procedimientos.
Y también porque defender la libertad de prensa significa algo más que exigir respeto al Gobierno.
Significa aceptar que otros periodistas puedan cuestionarnos.
Responderles.
Debatir.
Y seguir trabajando.
Pero nunca debemos perder de vista quiénes somos.
Los periodistas no somos fiscales, jueces ni voceros.
No condenamos.
No absolvemos.
Preguntamos.
Contrastamos.
Documentamos.
Y publicamos.
Así que sobre Lorena Cuéllar y la supuesta investigación de la DEA, nuestra posición sigue siendo sencilla:
Ni una publicación nacional basta para declararla culpable.
Ni un desmentido gubernamental basta para dar por cerrado el caso.
Entre ambos extremos está el periodismo.
Y ahí es exactamente donde La Bestia Política pretende seguir estando.
Se lo digo así, sin maquillaje ni retoques.