La estrategia: tensar hasta el último.
De acuerdo con la encuesta que presentó Morena, la diferencia entre la ganadora y el segundo lugar estaría en el rango de empate técnico. Uno pensaría que ese número le daría, por sí mismo, a Alfonso Sánchez García capacidad de negociación para conseguir candidaturas o espacios.
Pero sus asesores le han propuesto otra ruta: tensar la situación hasta el límite. La pregunta es cuánto pueden estirar la cuerda y quién terminará pagando el costo.
Entre hoy y mañana, según las versiones que circulan, “Poncho y Marce” están citando a liderazgos locales, funcionarios e integrantes de los poderes Legislativo y Judicial en la casa de campaña de Tizatlán. La consigna sería que no den su brazo a torcer, incluso que se radicalicen.
Ahí está el corazón de la estrategia: convertir la inconformidad en presión política. Mantener cerrado el grupo y apostar a que la tensión abra los espacios que el resultado no les aseguró.
El problema es que el margen se estrecha. El Verde ya los dejó solos y el PT depende de su estrategia nacional. Una cosa es convocar a los propios y otra conseguir aliados dispuestos a acompañar el pleito hasta sus últimas consecuencias.
En medio de esa apuesta, la gobernadora quedará en una posición muy comprometida para emprender la operación cicatriz y entregarle buenas cuentas a la presidenta de México. Porque cada llamado a radicalizarse vuelve más difícil la tarea de recomponer.
Se dice que la mandataria está por desmarcarse de lo que consideran al círculo de su grupo, una mala estrategia que Alfonso está siguiendo tras su segunda derrota por una candidatura. De confirmarse, el mensaje tendría un peso particular: la responsabilidad de sostener la tensión recaería directamente en quienes decidieron llevarla hasta el límite.
Alfonso tendría un resultado para negociar. Sus asesores le proponen un conflicto para presionar. Falta ver si esa estrategia consigue espacios… o termina cerrando los que todavía estaban abiertos.
Recordemos lo que pasó con el Carnal Marcelo y la presidenta. Estuvo a punto de quedarse sin nada.
La vía, el Partido del Trabajo no ha definido aún si va en alianza con Morena y el Verde, y si va a exigir algún estado.
La otra es Beatriz Paredes, quien no necesita estar en la boleta para mover conversaciones. Tiene interlocución. Tiene historia. Tiene contactos. Y tiene algo que hoy vale mucho: capacidad para hablar con distintos grupos sin pertenecer enteramente a ninguno. Si Alfonso decidiera explorar una ruta fuera de Morena, el PRI sería uno de los vehículos posibles.
No el único. Pero sí uno de los más obvios. Y ahí Beatriz podría convertirse en un puente. No necesariamente en la arquitecta, pero sí en alguien capaz de abrir una puerta.
Héctor Ortiz conoce el juego local como pocos. El PAC no necesita ganar solo para tener valor; puede ser pieza de una construcción mayor.
Otra posibilidad existe. RSP. Fuerza por México. Nueva Alianza. PAC. PRI. Todos tienen algo que ofrecer. Ninguno, por sí solo, parece tener suficiente. Y ahí una figura con peso propio puede cambiar la conversación.
AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…
Hay derrotas que se anuncian con discursos. Y hay otras que se anuncian con ausencias.
La de Alfonso Sánchez García empezó antes de que Morena pronunciara oficialmente el nombre de Ana Lilia Rivera. Empezó con una imagen. Un traje gris. Camisa blanca. Nada de guinda. Nada de símbolos. Nada que recordara que estaba a punto de participar en uno de los momentos más importantes de la definición morenista rumbo a 2027.
Puede parecer un detalle menor. En política, casi nunca lo es.
Porque cuando todos llegaron vestidos para la fotografía de unidad, Alfonso parecía vestido para otra cosa. Y quizá así fue.
Horas después, Morena hizo oficial lo que ya corría por pasillos y teléfonos: Ana Lilia sería la coordinadora. Alfonso ya no estaba. No apareció en la fotografía final. No levantó la mano de la ganadora. No hubo abrazo. No hubo mensaje inmediato de disciplina partidista. Hubo silencio. Y ese silencio empezó a hablar.
Después vino el comunicado. Blanco. Sobrio. Sin logo de Morena. Sin guinda. Sin una sola referencia a Ana Lilia Rivera. Sin una felicitación. Sin un llamado a cerrar filas.
Pero con una frase que bastó para abrir otra historia: “Les pido estar pendientes de nuestra postura para lo que viene.”
Ahí está todo. O casi todo. Porque Alfonso no dijo que se va. Pero tampoco dijo que se queda. No rompió. Pero tampoco cerró la puerta. Y en política, dejar una puerta entreabierta suele ser más útil que azotarla.
La designación de Ana Lilia resolvió la candidatura más importante dentro de Morena. Pero también creó un problema: ¿qué hacer con Alfonso?
Para unos es un berrinche, para otros consecuencia de una llamada que recibió minutos antes y que le dijo que no se quedara y firmara nada. ¿Quién le habló?
Ana Lilia ya ganó una batalla. Ahora falta saber si Alfonso decide abrir otra.