A quienes se dedican al tema de la estrategia política, aun no se entiende el juego de la morenista Lorena Cuéllar. Primero manda a sus taparroscas a moverse  libremente para que busquen posicionarse en la encuesta, y luego trata de mover las fichas a favor del que consideran su delfín, como es el caso del alcalde capitalino Alfonso Sánchez García.

Lorena Cuéllar está convertida en la jefa de campaña de su sucesión, y a estas alturas ya no se sabe si le hace flaco favor a quien sea su candidato o candidata.

En el búnker lorenista ya no se disimula: la Operación Cicatriz está oficialmente en marcha. El objetivo es claro y urgente: cerrar heridas internas, contener fugas, sumar estructuras y, sobre todo, tapar roscas antes de que la sucesión de 2027 se convierta en un campo minado.

El primer movimiento visible fue la suma del diputado Vicente Morales Pérez al proyecto del alcalde capitalino Alfonso Sánchez García. El discurso fue el de siempre: unidad, madurez política, altura de miras y la transformación por encima de intereses personales. Nada nuevo bajo el sol. Pero en política, el mensaje no está en lo que se dice, sino en cuándo y para qué se dice.

La adhesión de Vicente Morales no es menor. Representa una bocanada de éxigeno puro al conocido delfín del Lorenismo, y se dice que en breve hará lo mismo el padre del humanismo de Tlaxcala, Homero Meneses.

El mensaje es claro, frenar a la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, hoy la puntera real en intención de voto, pero también la figura más incómoda para el lorenismo. Su falta de estructura local, su discurso duro y su relación congelada con la gobernadora la convierten en el objetivo a contener. Expectantes aguardan Josefina Rodriguez, Oscar Flores y Luis Vargas.

Alfonso Sánchez avanza, pero no flota solo. Tiene apellido, reflectores, respaldo institucional y ahora sumas como la de Vicente Morales. Sin embargo, carga un lastre: un gobierno capitalino cuestionado. Si no logra corregir percepción y mostrar músculo real en territorio, su candidatura puede convertirse en un problema, no en una solución.

Hoy es el delfín mejor posicionado, pero en Morena ya aprendieron que los delfines sin agua se ahogan rápido.

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LA CAMINERA.…Lo que no quieren ver…Y mientras Morena se entretiene en su guerra interna, las encuestas empiezan a prender focos rojos. La identificación partidaria en un año; la intención de voto efectiva también se desplomó. PRI y PAN y MC ya suman puntos. Y los “sin partido” crecen, reflejo del hartazgo ciudadano.

La narrativa de invencibilidad se resquebraja. La inseguridad, el desgaste del poder y un gabinete foráneo cuestionado han erosionado la marca guinda en Tlaxcala.

La Operación Cicatriz no busca reconciliar almas, busca ganar tiempo y controlar daños. Tapar roscas, cerrar heridas visibles y llegar al 2027 con un candidato o candidata moldeado desde casa. Si funciona, Morena retendrá el poder. Si falla, la fractura interna puede costarle el gobierno.

La pregunta no es si habrá encuesta. La pregunta es quién llegará vivo políticamente a esa encuesta.

Y ahí, la caballería ya está en marcha.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS...Seguridad: cuando “no pasó nada”… pero pasa todo…Que tranquilidad saber que no fue un asalto violento, que no hubo armas, que no hubo pánico. Solo fue —según el alcalde Alfonso Sánchez García“el robo de un celular”. Caso cerrado. Todos a dormir tranquilos.

El problema es que la seguridad no se mide por la gravedad del botín, sino por lo que el hecho revela: facilidad para delinquir, ausencia de prevención y una narrativa oficial que minimiza para no alarmar, pero tampoco resuelve.

Porque si alguien puede entrar a un negocio en pleno centro, hacerse pasar por autoridad y salir sin mayor consecuencia, el problema no es el celular, es el contexto. Y ese contexto incluye percepción de inseguridad, reacción tardía y un discurso que apuesta más al control del daño mediático que al fondo del asunto.

Decir que “no pasó nada grave” puede calmar titulares, pero no calma a comerciantes, trabajadores ni vecinos que viven el día a día del centro histórico. La seguridad no se decreta ni se maquilla con semántica: se previene, se investiga y se comunica con seriedad.

Hoy fue un celular. Mañana, ¿qué tendrá que pasar para que sí se reconozca que hay un problema?
Porque en Tlaxcala capital, cuando el gobierno dice que no pasa nada, la calle suele decir lo contrario.