En el ajedrez político de Tlaxcala, las piezas comienzan a moverse con una velocidad y una crudeza que rara vez se ven en la antesala de los procesos oficiales. La senadora Ana Lilia Rivera, al confirmar a nivel nacional su interés por la gubernatura, activó todas las alarmas del tablero. No solo por la mención de la licencia o por las reglas que marca el partido, sino porque quien lidera las encuestas ha dejado de ser una candidata para convertirse en un objetivo de primer nivel.
De acuerdo con la más reciente medición de Enkoll para EL UNIVERSAL, Ana Lilia Rivera no solo gana, sino que arrasa. Con un 46% de la preferencia efectiva dentro de Morena y una calificación perfecta en los atributos internos del partido, la senadora es la clara antagonista de cualquier proyecto alterno en el estado, por muy apoyado que esté por el poder local.
Su ventaja sobre el segundo lugar es un reflejo de lo que la ciudadanía tlaxcalteca busca: una figura que, según la misma encuesta, encabeza los rubros de honestidad y cercanía.
Sin embargo, el éxito tiene un precio en la política mexicana, y la factura parece haber llegado en forma de una campaña de ataque orquestada, que emergió con más fuerza en las redes sociales.
Un reciente monitoreo detectó un patrón clásico en este tipo de artimañas, tres páginas anónimas, con nombres genéricos que simulan ser voces ciudadanas de Tlaxcala, lanzaron anuncios de ataque prácticamente idénticos contra la senadora.
La narrativa es burda pero efectiva: acusar a la morenista de «traición a la 4T» y señalar una supuesta «alianza con la oposición». El volumen es revelador. En menos de 24 horas, estas páginas fantasma acumularon entre 190 mil y 220 mil impresiones. Los indicios de manipulación son claros: lanzamiento coordinado, mensajes clonados y la simulación de una indignación popular que no es orgánica, conocida en el argot digital como “astroturfing” cuyo fin es engañar creando una falsa apariencia de consenso para influir en la opinión pública
Este tipo de prácticas no es casualidad. Llega en un momento en que las reglas internas de Morena —que prohíben expresamente las campañas de desprestigio y el linchamiento digital— han puesto nerviosas a varias estructuras de poder locales . La pregunta aquí no es solo quién está detrás del botón de pago de esos anuncios, sino por qué el miedo a enfrentar a Ana Lilia en las urnas es tan grande que obliga a recurrir a estas prácticas.
Ana Lilia ha respondido ya a algunas polémicas. En entrevista, se deslindó del abogado Juan Pablo Penilla – sancionado por Estados Unidos por sus presuntos nexos con la delincuencia organizada-
y que durante su presidencia al frente del Senado fue homenajeado. Rivera Rivera aclaró que los salones de la Cámara se prestan, pero que ella no tiene injerencia en las listas de invitados .
Además, se apegó al discurso presidencial que lanzó Sheinbaum esta misma semana, sabe que, para ser candidata, deberá pedir licencia – aunque no es obligatorio para ella – esta decisión podría ser de beneficio y sinónimo de congruencia.
Su estrategia es clara: blindarse mientras se enfrenta a una guerra sucia que, paradójicamente, la legitima. En Tlaxcala, donde la inseguridad es la principal preocupación ciudadana, los reflectores deberían estar puestos en las propuestas, no en los bots .
Mientras el gobierno estatal no respalda sus aspiraciones y los adversarios internos la acorralan, Ana Lilia Rivera se mantiene como la única aspirante con el puntaje perfecto. Las campañas negras suelen ser el recurso de quien no puede ganar limpiamente.
El desafío para la senadora no es solo sortear estas trampas digitales, sino demostrar que, a diferencia de quienes se esconden detrás de páginas falsas, ella tiene la fortaleza para gobernar Tlaxcala con la transparencia que el pueblo exige.
La guerra sucia ha comenzado, pero la ventaja, por ahora, sigue siendo de la mujer que le sonríe al pueblo desde las encuestas, se lo digo así, sin maquillaje ni retoques.