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Por Jorge Ramón Rizzo*
No solamente el Departamento de Justicia tiene el ojo puesto en México (Caso Rocha Moya), también el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), nos tiene en la mira, ya que ha criticado la falta de firmeza de México en el control, movilización de ganado y el seguimiento de los brotes causados por la plaga del Gusano Barrenador.
Desde noviembre de 2024, cuando se reportaron los primeros casos del rebrote en el estado de Chiapas se estima que se han dejado de exportar más de 700 mil cabezas de ganado, lo que representa pérdidas superiores a los 900 millones de dólares en 2025 y un primer trimestre de 2026 casi nulo en exportaciones. ¡Lo que resulta terrible!.
El impacto ha sido devastador. Se reportaron más de 11,000 casos en 2025, y para abril de 2026, las cifras seguían aumentando en estados como Oaxaca, Chiapas y Veracruz.
El aumento de casos en estados del centro y norte indica que la estrategia de contención implementada por el Gobierno Federal no ha sido del todo efectiva.
Sin el ánimo de parecer fatalista, pero 2026 será recordado como el año en que la ganadería mexicana perdió su estatus y su competitividad. Lejos nos parecen aquellos años de orgullo ganadero, ya que se cierne una amenaza sobre la soberanía alimentaria y la economía de miles de ganaderos.
Mis amigos ganaderos de Chiapas, Tabasco, Veracruz, Puebla y Tlaxcala, me pidieron que cuando expusiera este tema en la columna, dijera sin tapujos: la reaparición y expansión descontrolada de esta plaga desde finales de 2024 ha desnudado graves deficiencias en la vigilancia epidemiológica, políticas fronterizas laxas y una respuesta gubernamental excesivamente lenta.
México, era un país que se enorgullecía de haber erradicado el gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax) en la década de los 90’s, y lastimosamente enfrentamos hoy una de las peores pesadillas sanitarias, provocada en parte, por los recortes presupuestales en el sexenio pasado y la nula aplicación de políticas sectorizadas de control.
El gusano barrenador no es una simple molestia, es un parásito devorador de carne viva que provoca «miasis» en animales de sangre caliente, incluyendo el ganado bovino, ovino, porcino, animales domésticos e incluso seres humanos, como ya ocurre en varios estados del país.
La respuesta oficial ha sido contradictoria y, a menudo, tardía. Porque el gobierno federal ha intentado contener la plaga con protocolos de emergencia, que no le parecen adecuados a expertos de la Asociación Mexicana de Productores de Carne (AMEG), que son quienes han denunciado que estas medidas son, en muchos casos, «sobrerregulaciones» que genera cuellos de botella logísticos sin atacar la raíz del problema.
La autoridad minimiza la plaga. Ya que al día de hoy, de acuerdo a datos del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), se reportan 1,345 casos activos en animales. Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Puebla e Hidalgo sobresalen entre los 21 estados que enfrentan la plaga.
Mientras que la enfermedad en seres humanos, conocida clínicamente como «miasis», ha dejado de ser un evento aislado. Se han alcanzado 204 registros de contagios en humanos desde el inicio del brote y terriblemente se han confirmado defunciones por complicaciones asociadas a la severidad de las heridas infectadas por la larva, incluyendo un caso reciente de un adulto mayor en Oaxaca. Pero Quintana Roo, Veracruz y Chiapas también concentran la mayor contabilidad de casos en humanos.
Al gobierno parece no importarle ésta crisis que además de estar cobrando vidas humanas, ya reporta una pérdida para cadenas productivas que ronda los mil millones de dólares para la ganadería mexicana debido a la drástica caída en los envíos de becerros al vecino país del norte, que simplemente cerró sus puertas al ganado mexicano. Hagamos de cuenta que le quitaron la visa a nuestras redes y no se ve que la situación cambie pronto… ¡Lamentablemente!
*Periodista/Tlaxcala