Después de 22 años operando crisis políticas y eventos para gobernadores, uno pensaría que ya lo ha visto todo en el teatro de lo absurdo. Pero no. La oposición en México ha decidido que su mejor estrategia para «regresar» es pegarse un tiro en cada pie. A nivel nacional, el PAN cree que traer a una aristócrata española de ultraderecha a darnos clases de moral es la solución. ¡Brillante! Nada como el tufo colonialista para conectar con un pueblo que lo que menos quiere es que le hablen en «castellano antiguo».

​Y si en México andan perdidos, en Tlaxcala el PAN ha decidido que el nepotismo es la nueva moda, copiando los discursos de quien hoy gobierna. Tenemos a la diputada Miriam Martínez —quien, por pura coincidencia cósmica, es esposa del presidente del partido— soñando con la gubernatura. Como mercadólogo les digo: los números no mienten y sus sueños de grandeza son, hoy por hoy, un delirio de grandeza. Diputada, un consejo de profesional: tiene usted más tiempo que vida. No se queme en una pira de vanidad; a veces hay que escoger batallas y querer ir por la grande, simplemente no les alcanza. Querer heredar el poder vía acta de matrimonio es tan «Morena» que hasta da pena ajena.

​Pero mientras los «azules» juegan a las casitas y los «guindas» se mienten con encuestas, la realidad en Tlaxcala sangra. En esta semana fueron cinco ejecutados en Atlangatepec; ayer por la noche, un asesinado con 10 balazos, robos en bancos, esto ya es tiro por viaje, cada semana la violencia va en aumento, hoy tenemos según datos del Gobierno, los mismos números que Sinaloa en homicidios dolosos. ¿Detenidos? NI UNO SOLO. Tenemos un gobierno corrupto, incapaz e ineficiente que se deshace en boletines de «paz» mientras a nosotros nos toca esquivar balas.

​Perdonen si soy inoportuno, pero entre la ambición familiar de unos y la incapacidad de otros, a Tlaxcala se la está llevando la chingada. Menos visitas españolas y menos herencias de alcoba, y más seguridad, que aquí la gente ya no se preocupa por las encuestas de MORENA, sino por el miedo de no llegar a casa.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar el vacío que deja la ausencia de nuestra compañera conductora desaparecida; desde este espacio, nos unimos a la esperanza de su familia exigiendo que regrese con bien a casa. Es indignante que mientras el gobierno se pierde en discursos, quienes salimos a trabajar en plataformas sigamos con el alma en un hilo y una silla vacía esperando justicia. Tlaxcala no puede seguir normalizando que una mujer más nos falte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *