Tlaxcala merece y necesita más que discursos triunfalistas, porque mientras miles de familias viven con incertidumbre sobre su seguridad, su empleo, la atención médica, solo recibe desaliento.
Los tlaxcaltecas merecemos más que gobiernos que administran problemas en lugar de resolverlos, merecemos una visión que parta de una convicción elemental que es la de defender Tlaxcala.
Por eso, desde Acción Nacional impulsamos la campaña “Defender Tlaxcala, Vivir Seguros”, una iniciativa que no se limita al combate de la delincuencia.
Porque defender Tlaxcala significa proteger todo aquello que nos da identidad, orgullo y esperanza como estado.
Yo tengo claro que defender Tlaxcala es defender nuestra historia. Somos la tierra que participó en la construcción de México desde sus orígenes. Somos herederos de una cultura milenaria, de tradiciones que sobreviven al paso del tiempo, de comunidades que conservan con orgullo sus costumbres, su lengua, su gastronomía y sus expresiones artísticas.
Defender Tlaxcala es proteger nuestro patrimonio cultural, nuestras zonas arqueológicas, nuestras haciendas, nuestros carnavales, nuestras ferias y nuestras festividades religiosas. Significa entender que la identidad también es un activo económico que puede generar turismo, inversión y desarrollo para miles de familias. Pero también debemos defender a las personas.
Hoy la seguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la ciudadanía. Los delitos patrimoniales, la violencia contra las mujeres, los robos en carreteras, la extorsión y la creciente presencia de grupos criminales exigen respuestas serias y profesionales.
Vivir seguros no puede ser un privilegio; debe ser un derecho garantizado por las instituciones.
Defender Tlaxcala implica fortalecer a las policías municipales, invertir en inteligencia, coordinación regional, tecnología y prevención del delito. Significa respaldar a quienes cumplen con la ley y castigar a quienes la violan.
Pero la seguridad también se construye con oportunidades. Por ello, defender Tlaxcala es defender el empleo. Es generar condiciones para que las empresas inviertan, para que los emprendedores puedan crecer y para que nuestros jóvenes encuentren oportunidades aquí, sin verse obligados a migrar por falta de opciones.
Defender Tlaxcala es defender la salud. No podemos normalizar el desabasto de medicamentos, las largas filas en hospitales o la insuficiencia de especialistas. Cada familia merece servicios médicos dignos y oportunos.
Defender Tlaxcala también significa exigir infraestructura de calidad. Carreteras seguras, caminos rurales transitables, sistemas eficientes de agua potable, transporte moderno y obras públicas que respondan a las verdaderas necesidades de la población, no a intereses políticos o electorales.
Y aquí debemos decir algo con claridad.
Resulta contradictorio hablar de amor por Tlaxcala mientras se desplaza sistemáticamente a los perfiles locales para importar funcionarios provenientes de otras entidades federativas. No se trata de un asunto de origen geográfico; se trata de resultados.
Tlaxcala cuenta con profesionistas, académicos, especialistas, técnicos y servidores públicos con capacidad suficiente para asumir responsabilidades de primer nivel. Sin embargo, en distintas áreas estratégicas del gobierno estatal se ha privilegiado la llegada de funcionarios foráneos que, después de varios años de gestión, no han logrado resolver problemas fundamentales en materia de seguridad, salud, movilidad, desarrollo económico o transparencia.
Los resultados deben ser el criterio para evaluar cualquier gobierno. Y cuando éstos no llegan, la ciudadanía tiene derecho a cuestionar.
Defender Tlaxcala significa confiar en los tlaxcaltecas. Significa reconocer el talento local y ponerlo al servicio de las soluciones que el estado necesita, porque quienes nacimos aquí, quienes vivimos aquí y quienes construimos nuestro futuro aquí sabemos algo que ningún funcionario de paso podrá entender plenamente: Tlaxcala no es un escalón político ni una oficina temporal, porque Tlaxcala es nuestra casa.
Y nuestra casa se defiende para vivir seguros, para vivir mejor y para construir un futuro digno para las próximas generaciones.
Esa es la causa que hoy nos convoca y por la que vale la pena encabezar un movimiento que es defender Tlaxcala, es vivir seguros.

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